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Full text of "Aires d'a miña terra. O Divino Sainete"

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OBRAS COMPLETAS DE CURROS ENRIftUEZ 



Obras compleías de Curros Enríqnez. 



jSirgg ò'a mina terra, 

O Divino Sainetc. 



TERCERA EDICION 






/ 






MADRID 

LIBRERÍA DE LOS SUCESORES DE HERNANDO 

Calle dei Arenal, núm. 11. 
1917 



ES PROPIEDAD 



Mádbid. — Irnp. de loa bucesores de Hernando, Quintana, 33. 



II I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I II I I I I I I H 11 I I I I II 



AL QUE LEYERE 



Fué mi pensamiento ai iniciar los trabajos 
para esta publieación, que mi nombre ni mi mo- 
desta firma apareciesen ai frente dei tomo que 
hoy ve la luz pública. Pêro por decreto y minis- 
tério de mis desventuras, véome obligado, bien 
a pesar mio, a distraer la atención de los lectores 
con algunas observaciones que juzgo indispen- 
sables, y de no pequena importância, para cono- 
cimrento de todos y descargo de mi conciencia. 

Puse de mi parte cuanto me fué posible para 
que aparecieran todos estos trabajos con un 
prólogo o juicio explicativo de una personalidad 
tan intimamente unida a mi llorado padre por 
lazos de inquebrantable amistad y compaileris- 
mo, como de saliente relieve en la república de 
las letras. Contingências imprevistas, dificultades 
sin cuento y labores apremiantes han impedido 



AL QUE LEYBRE 



a quien en más de una ocasión rendi mi volun- 
tad y mi pensamiento, que vaj^a enlazado su 
nombre con el dei difunto autor de mis dias, en 
este libro, como lo fueron unidos muchas veces 
en el áspero sendero de la vida. 

Pierde el lector, con la carência dei prólogo 
projectado, el conocer las atinadas observacio- 
nes que a tan alto y poderoso génio literário le 
hubieran sugerido los trabajos objeto de esta 
publicación, que avaloraríanse, sin dada, con 
las galas de su primoroso estilo y los profundos 
conceptos de su luminosa inteligência. Mi bue- 
na intención y mis vehementísimos deseos hanse 
estrellado ante obstáculos que no pude vencer. 
Sirvanme estas líneas de disculpa. 

Imposible tarea es para mi la de substituir 
a tan preclaro ingenio, cuyo nombre omito por 
respeto. Malparada saldría mi reconocida pobre- 
za de talento y la escasez de mi fantasia, frente 
a la pura, abundante, jugosa y exquisita con que 
la Naturaleza doto a mi padre. 

Y pues nadie presenta ai público este primer 
volumen de las obras de mi progenitor glorioso, 
y causas ajenas a la voluntad dei que iba a ser 
padrino impídenie el placer de llevarlo a la pila 
bautismal, bajo el amparo de ti, lector, lo pongo, 
y más especialmene bajo la protección de Gali- 
cia y América, que fueron las regiones que más 
honraron y enaltecieron las obras de mi padre, 
en vida, y más sacrifícios hicieron en la hora de 
la muerte dei primer bardo galiciano. 



AL, QUE LEYERE 



Esto en cuanto a la primera observación. 

Intimamente ligada y relacionada con esta es 
la segunda que tengo que hacer. 

Como la pobreza ni deshonra ni envilece, a 
no entrar en su génesis como factores la desidia 
o la holganza, declaro con toda sinceridad que 
para lo concerniente a la parte material, eco- 
nómica o mercantil de esta empresa, vime pre- 
cisado a recurrir a los respetables editores de 
Madrid Sres. Perlado, Páez y C.''^ (Sucesores de 
Hernando), quienes, con un entusiasmo que les 
honra y yo hago público por ser de justicia el 
proclamarlo, sacan a luz esta primera publica- 
ción de las obras de mi padre. 

He de hacer constar que ni a mi ni a mi famí- 
lia nos ha movido interés alguno de beneficio 
material en esta labor; los editores corren con 
el riesgo y ventura de la parte meramente eco- 
nómica. 

Si de la liquidación que en su dia ha de ha- 
cerse nos cupiera a los herederos dei inmor- 
tal poeta alguna utilidad, demasiado sabemos lo 
que con tales benefícios ha de hacerse, si bene- 
fícios resultaran. En su dia, pues, demostrare- 
mos cuanto ahora solamente apunto. 

No me ha impulsado, por tanto, más idea, ni 
he tenido otro deseo ai recopilar y organizar los 
materiales de este libro, que el que vean la luz, 
reunidas y completas, todas las obras dei autor 
de il Virxe d' o Cristal, así las que se publicaron 
en libros, revistas' y periódicos, como aquellas 



AL QUE LEYBRE 



que todavia no son conocidas dei público. Re- 
nuncio a publicar la obra periodística de mi pa- 
dre, que es tan admirable, o más, si cabe, que su 
obra literária, por la imposibilidad material de 
verificarlo, dada la innúmera labor que en el pe- 
riódico realizo el nunca bastante llorado autor de 
Aires cVa ynina terra. 

Sus < Comentários > de El País bastaran a in- 
mortalizar como periodista ai poeta que entro 
por derecho propio en Ia inmortalidad con sus 
versos prodigiosos, cincelados y pulidos a lo 
Arfe. Algunas de sus hermosas crónicas, que vie- 
ron la luz en El Imparcial en los azarosos dias 
de la guerra civil, publicará en volumen pró- 
ximo; y creo sinceramente que ai hacerlo pres- 
to un valioso servicio a los admiradores de mi 
padre, que forman legión, y a la literatura es- 
panola. 

A coleccionar y reunir estos y aquellos traba- 
jos me han impulsado también leales amigos e 
incondicionales admiradores dei fenecido poeta, 
y ai complacerlos satisfago, adernas, dictados de 
mi propia conciencia. Otros pudieran haber lle- 
vado a cabo esta obra con más acierto, inteligên- 
cia o fortuna; pêro nunca creí que nadie tuviera 
más fe, más carino ni más entusiasmo que yo 
para salvar todas las diíicultades, todos los obs- 
táculos y las fatigas y desvelos que acarrea esta 
labor, más obscura y difícil 'que gloriosa y de 
provecho. 

Estuvo en mi ânimo que en este primer tomo 



AL QUE LEYERB 



de las obras de mi padre figuraran un sinnúme- 
ro de composiciones escritas por él en el dul- 
ce y armonioso dialecto que fcdan os ánxeles ôs 
nenos, en la divina lengua que lloró Rosália Cas- 
tro las tribulaciones de su espíritu. Pêro como 
abrigo el propósito de publicar en su dia un libro 
que cierre con llave de oro la obra literária de 
mi progenitor, gestada y laborada en Cuba du- 
rante los últimos anos de su existência, entonces 
uniré a las composiciones inéditas todas aquellas 
que ahora no se publican en este tomo. 

Repito, pues, que por todas las razones expues- 
tas en anteriores líneas, y siempre bajo el am- 
paro de la Ley y dei Derecho, he llevado a cabo 
esta publicación, con el pensamiento puesto en 
la gloria literária de mi padre, resultado que no 
podia confiar a manos extranas, que sin ese inte- 
rés — el de la gloria literária — que en mi apelli- 
do se refleja, como se hubiera reflejado también 
por ley de herencia la desventura o la desgra- 
cia, no hubieran podido realizaria por pereza, 
cansancio o falta de provecho. 

Mi falta de práctica y lo pobre de mi inteli- 
gência habrán ocasionado, indudablemente, erro- 
res u omisiones, que nadie más que yo ha de 
lamentar. Todo lo deficiente dei trabajo, a mi 
solo debe ser imputable. 

Luzca y brille, pura y sin mancha, la gloria de 
mi padre en el esplendido y luminoso cielo de la 
literatura, para que su nombre alcance la única 
inmortalidad que obtiene el génio ai vivir en el 



10 AL QUE LEYERB 



pensamiento y acción de las generaciones futu- 
ras, influyendo en su progreso y mejora, y habrá 
merecido el único premio que quiere y desea 
alcanzar 



Abelardo Curros Vázquez. 



Madrid, noviembro de 1908. 



fl parraco Gil Acana 

en sinal d' a cariiiosa y -antiga amistaae que lie ten 

O Autor. 



AIRES D'A AI NA TERRA 



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PBliLOIíOlE LHS PBilHEBBS EDIGIONES 



He aqui un amigo dos veces sin ventura. 

jPoeta en estos tiempos, y poeta bueno, para 
mayor mal! Primera desdicha. 

jY el hijo legitimo de las Musas llega a mi y 
me pide un prólogo!... ^No son estas dos desgra- 
cias más grandes que todos los infortúnios vis- 
tos por Dante en las espirales dei Infierno, i.age- 
lando a la «perversa prole de Adán»? 

Fero meditemos con sosiego. 

^Qué va a ser de mi amigo si no corta esa len- 
gua divina que nos habla desde el cielo, circuns- 
tancia bastante para que nadie se pare a escu- 
charla? Vender la dignidad y prostituir la augus- 
ta grandeza dei talento, quizás lo recomendaran 
Horácio o Lamartine; dejar volar el alma libre a 
las alturas, mientras el eslabón carnal sufre en 
la tierra, es lo justo y lo grande... para algunos. 



16 PRÓLOGO DE LAS PRI MERAS BDICIONBS 

Pero este glorioso camino hace pensar en Cer- 
vantes, en Quintana, en Byron, Alfredo de Mus- 
set, Gerardo de Nerval y Vesteiro; es decir, en 
el martirio de la vida, compuesto de disgusto, 
sufrimiento, ingratitud, envidia, dolor, hambre, 
miséria y suicídio... 

jBello contraste! Todos aquellos que poseen 
los tesoros intransferibles en la banca de las 
ideas luminosas, jamás tienen que separarse, si 
por acaso la suerte los junta, como lo liicieron 
Abraham y Lot, en tiempos muy remotos, por 
causa de su grande opulência. 

Anón y Moreau, el poeta, fueron bastante afor- 
tunados, porque ai iin alcanzaron, como premio 
de sus versos, un pedazo de la capa de Martin, 
piadosamente ofrecida en un hospital. 

El primer triunfo dei semidiós de la literatura 
de este siglo hizo pensar a su mujer, lo primero, 
en la cuenta de la panadera. ;Ah! Ya poços creen 
en las visiones de Bethel, y, sin embargo, Dios 
sigue apareciéndose ai poeta. Este levanta el 
altar; pero como nadie açude a él, siéntese, por 
último, desalentado; las culebras de la duda co- 
mienzan a roerle las entranas, y en sus alucina- 
ciones suena con ruínas y ve pasar la muerte 
como el Evangelista desde el penón de Pathmos. 

Después de estas consideraciones que yo me 
hago a mi mismo, ^.podría desear que la Vénus 
de Milo permaneciese debajo de los escombros? 
jAy! Yo también tengo algo de loco, y escarbaría 
la tierra con las unas para devolver a la luz el 



PRÓLOGO DB LAS PRIMERAS EDICIONES 17 

precioso mármol. Por lo tanto, no diré a Curros 
que nos prive de sus versos. 

Pêro gcómo salir de este aprieto? jQue yo lia- 
ble dei Arte, cuando de arte no entiendo una 
palabra! jQue yo me pare a contemplar bellezas, 
siquiera sean tan valiosas como las que contiene 
este volumen, cuando deseara perforar el mundo 
hasta sus entraíãas en busca de la Muerte, y con 
ella luchar como Jacob luchó con el ángel, hasta 
derribaria a mis plantas!... (1). 

jUn prólogo! 

Esto quiere decir, para unos, un estúdio crítico 
de la obra a que va dedicado, y supone, en con- 
secuencia, conocimientos superiores, en quien 
lo escribe, de los médios por los que se llega a 
la realización de la idea que motiva dicha obra, 
además dei sentimiento estético necesario para 
juzgar con acierto, y sabia inteligência para po- 
der justipreciarla. Y estos están en lo cierto. 

Pêro, en general, un prólogo es el discurso 
obligado que el introductor de embajadas pro- 
nuncia ante las barbas — siempre venerables — 
dei mismo sujeto a quien va dirigido, y claro 
está que es un discurso diplomático. 

Para el caso presente, lo acabado seria hacer 
algunas citas de eminências (cuantas más, mejor) 



(1) El autor de este trabajo acababa de perder a su madre 
cuando tuvo necesidad de escribirlo para complacer ai autor de- 
la obra, el cual hoy lamenta también igual desgracia. 

(Nota dei editor. ) 
TcMO I. 2 



18 PRÓLOGO DK LAS PRIMERAS BDICIONES 

nacionales y extranjeras (las alemanas y las rusas 
son las de mayor efecto, y si el ingenio es gran- 
de, las prehistóricas y antediluvianas, soberbias); 
traer, aunque fuera por los cabezones, a los filó- 
sofos más modernos o más a la moda, y por últi- 
mo, pegar fuerte en el saltério, en los laudes y los 
sistros para hacer tonalidad con el himno que 
va a cantar el prologuista en loor dei génio pro- 
logado, si bien cuidando mucho de advertir por 
pudor, o tal vez por falsa modéstia, que no es 
oro todo lo que reluce. 

jPues claro! ?,Qué diria si no el padre Home- 
ro desde el viejo trono que ocupa en su tumba 
secular? 

Con todo esto es frecuente, lo más frecuente 
de todas las cosas diárias, ver a más de cuatro 
poetas mínimos montados en las irreprochables 
narices dei buen griego por sus concienzudos 
prologuistas, que no han reparado en tener el 
estribo para cometer tamana irreverência y des- 
usado escárnio. 

iBah! ^Qué valen las polvorientas rimas de Tir- 
teo y de Píndaro, de Virgílio, de Estacio y de 
Lucano? Otro es el ideal de los novísimos tiem- 
pos. Dentro de breves dias, la lámpara de Edi- 
son, iluminando hasta lo más abstruso y recôn- 
dito de Ias conciencias y los siglos, nos hará a 
todos sábios profundísimos, sin necesidad de 
levantar los velos — cosa ai fin pesada — que ocul- 
tan la verdad a los ojos dei hombre. 

No obstante, hay que hacer constar que la ma- 



PRÓLOGO DE LAS PRIMERAS EDICIONES 19 

yor parte de esos abundantes ingenios que alcan- 
zan la fortuna de ser puestos en los cuernos de 
la luna por las potentes fuerzas de sus prologuis- 
tas — espécie de Sansones de las letras — , creyen- 
do buenamente (lo que es eso, si) escribir con la 
misma pluma con que se compuso el Qiiijote o el 
Alcaide de Zalamea, lo que hacen es escribir en 
griego o en latín. 

A Dios gracias, esto no le acontece a mi ami- 
go, pues sabe perfectamente diferenciar de len- 
guas. 

El que con reprensible rudeza describió, por 
dentro y por fuera, a la Senorita de aldeã, tan 
graficamente levantada sobre el pedestal de la 
verdad, como sin miramientos galantes escultu- 
rada, habla como Tirso, como Herrera, el divino, 
o como Luis de León, el fraile. 

De esta vez quiso contamos cosas hermosisi- 
mas en la dulcísima habla que oyó ai nacer; y 
el acento de su propia madre no le aventajará 
en ternura, ni nuestros trovadores más afamados 
en gallardia, gracia y elegância. 

Líbreme Dios de caer en la tentación de copiar 
aqui tal o cual verso — como es uso y costumbre 
entre gentes prologuistas y prologadas — para 
probar lo que acabo de decir, y de paso poner 
miei en los lábios dei curioso, con objeto de que 
coja el panai entero y se lo chupe. Figúraseme a 
mi que el lector está demasiado acostumbrado a 
este sistema de los prólo(jos para parar atención 
en ellos, como no sean de persona ilustre, hijos 



20 PRÓLOGO DB LAS PRIMERAS BDICIONES 

bien nacidos y bautizados. Pensando de esta 
manera, renuncio logicamente a la inveterada 
usanza, puesto que el que subscribe, ai lado de 
Curros Enríquez, es una sombra que desvanece 
la luz, apenas perceptible en los vaivenes de la 
llama, y presumo con acierto que nadie se de- 
tendrá a mirar los espinos que l)rotan con tra- 
bajo en el erial, cuando la frescura de las crista- 
linas aguas convida ai goce de las dulces som 
bras de la floresta. 

No pienso cometer la extravagância de moles- 
tar ai anciano cantor de Ilión, tomando su nariz 
griega por escabel de mi amigo, quien se vendría 
a tierra sin remédio. Pêro con perfecta convic- 
ción aseguro que si tal vez Gcethe le mirara con 
desdén, porque este ingenio, humano por exce- 
lência, estaba lleno de soberbia, lo mismo que el 
demónio que alucino a Fausto, desde Sófocles a 
Racine, desde Shakespeare a Lope y Calderón, 
le oirán con ))enevolencia su hermoso drama El 
Padre Feijóo. 

Las obras que contiene este libro son de otro 
género. 

Pêro jcómo se dilata el pecho ai aspirar ese 
aroma vivificante que despiden las rosas de Gali- 
cia, cogidas por la mano dei poeta Curros en los 
campos de su pátria! 

Hay un ave de blanca pluma que solamente 
vive contenta posada en la superfície de los lagos 
transparentes, donde se copian las crestas de las 
montarias con su vegetación exuberante; surca la 



.PRÓLOGO DE LAS PRIMERAS EDICIONES 21 

orilla con las alas levantadas, semejante ai bajel 
de Jasón cuando cruaaba los mares luminosos 
de la Grécia para ir a coger el Vellocino, y en- 
tre las múltiples íiorecillas que brotan ai borde 
de las aguas, ve una, se detiene, la coge en su 
armonioso pico y canta luego su hallazgo, dando 
así maravilloso precio a lo que nadie había ape 
nas sospechado. 

— Y gdónde vive esa ave? — me preguntaréis. 

— Dentro de una mísera cárcel... 

— ^,Quién la tiene? 

— Curros, dentro de su forma humana. 

— ^Y la flor? 

— Es La Virgen dei Cristal. 

José Ojea. 

Cortegada, marzo 10 do 1880. 



.11 I I I I I I I I I I I II 11 I I M.l ll.l I I t_ll I I I I IH I I I I I III I I I II I t 



INTRODUeiÓN 



Escribir nada mais pra unha província 
Ou, com'os povos árcades íixeron; 
Escribir sobre a casca d'o3 curtizos, 
Cáxeque todo ven á ser o mesmo. 

A nosa vos, n-a soledá perdida, 
Morrerá sin deixar xiquera ise eco 
Que a brisa malencónica de outono 
Deixa n-a copa azul d'os ameneiros. 

Non pode ser tampouco d'outra sorte: 
Pasaron xa, pra non volver, os tempos 
En que ò lenguaxe era unha cifra máxica 
Faceie solo ô sacerdote hebreo. 

As xentes tristes que n-o verbo humano 
Percuran os ideales qu'entreveron, 
Cando ô vate interrogan, novo Oráculo, 
Queren revelaciós, que non mistérios. 



24 M. CUliUOS ENRÍQUEZ 

Y-escribir n-unha lengua conecida 
D'aqueles solo que onda nós naceron, 
^.Qu'é sinón responder esas perguntas 
En revesgados xeroulifòs pérsicos? 

Todo tende â unida, ley, d'entre todas, 
A mais ineusorabre d'o Progreso; 
Y-él que de cen naciós un povo fixo, 
Un idioma fará de cen dialeutos. 

Como paran n-o mar todol-os rios, 
Com'os rayos d'o sol paran n-un centro, 
Todal-as lenguas han de parar n-unha, 
Qu'hemos de falar todos, tarde ou cedo. 

gPor que botar ô púbrico este libro 
Si a división dialéutica condeno? 
Diredes, con razón, os que leades, 
Si as ledes, estas páxinas. — Diréivolo: 

Cando todal-as lenguas ò fln topen 
Que marca á todo ò providente dedo, 
E c'os rellos idiomas extinguidos 
Sola unha fala universal formemos, 

Esa fala pulida, idioma úneco. 
Mais qu'hoxe enriquecido, e mais perfeuto. 
Resume d'as palabras mais sonoras 
Que aquelas n-os deixaran como en herdo; 

Ese idioma, compendio d'os idiomas, 
Com'unha serenata pracenteiro, 
Com'unha noite de luar docísimo, 
Será — èqué outro sinón? — será ò gallego. 

Fala de mina nai, fala armonosa, 
En que ò rogo d'os tristes rube ò ceo 
Y-en que decende a prácida esperanza 
Os afogados e doridos peitos; 



AiKES d'a mina terra 25 

Fala dos meus abós, fala en que os parias, 
De trévoa e polvo e de sudor cubertos, 
Piden â terra ò grau d'a côr d'o sangue 
Qu'ha de eebar a besta d'o laudemio... 

Lengua enxebre, en que as ánemas d'os mortos 
N-as negras noites de silencio e medo, 
Encomendan ôs vivos as obrigas 
Que, j-mal pocados!, sin cumprir morreron. 

Idioma en que garulan os paxaros, 
En que falan os ánxeles ôs nenos, 
En que as fontes solouzan e marmullan 
Entre os foUosos árbores os ventos; 

Non, ti non morrerás, céltica musa 
Nada d'a Suevia n-os chouzales pechos, 
Ultemo amor d'o páledo Macias, 
Atravesado ò corazón c'un ferro; 

Fecundo nume d'o úneco rey sábio 
Que n-o sólio d'Espaiia tivo asento. 
Arpa inmortal d'a doce Rosália, 
D'o infortunado Anón himno postreiro: 

Ti non podes morrer... jEso quixeran 
Os desleigados que te escarneceron! 
Mais ti non morrerás, Cristo d'as lenguas; 
jNon, ti non morrerás, ouh Nazareno! 

Apóstol teu, anque ò mais ruin de todos, 
Pr'onde quer levarei teu Evanxelio, 
O fatelo vistindo de inominia 
Que pra mofa n-as costas che puxeron. 

N-o teu nome, por terras e por mares 
Õfercerei paz e salú ôs enfermos, 
Falareilles d'a pátria ôs desterrados. 
De libertade e redención ôs servos. 



26 M. CURKOS enríquez 

Anunciarei ò dia d'o teu trunfo 
Por cibdades e vilas e desertos, 
E si por te anunciar me apedrearen, 
jlnda ô morrer te mentarán meus beizos! 



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A VIRXE D'0 CRISTAL 



LENDA 



Rapazas de Vilanova, 
Ben vos podedes gabar; 
Que non hay Virxe n-o mundo 
Como a VIRXE D'0 CRISTAL. 

(Cantar ã'o povo.) 



Almas ardentes pra chorar nacidas 
Unha cencia que Dios non quixo darvos; 
Volvoretas xentís, esparexidas 
Arredor de unha lus que ha de queimarvos; 
Almas cheas de duda, de fe espidas; 
De unha eterna inorancia eternos parvos; 
Vermes envoltos n-o montón aceso 
De ôsos de mortos, que chamas progreso. 

Parade un pouquichino ò fatigoso 
Paso, en que vades á rodar sin tino, 
E non ô vento dédes enganoso, 
A balbucente vos de un pelegrino, 
Sombra de un sol que nace esprendoroso, 



28 M. CURROS BNEÍQITBZ 

Pola esgallada de xigante pino, 
Recordo vivo de unha idá pasada 
Entre ò polvo d'os tempos enterrada. 

A vos amiga que hastra vos se astreve 
E de xente de paz. Eu sonvos ave 
De pio morosiúo e áas de neve, 
Que só aninar n-os campanários sabe. 
Dende eles colle lus, dende eles bebe 
O incenso en ondas que rubíu d'a nave, 
E cando cai esborrallada a torre 
Mirra as alifias, e piando morre. 

Cando tenades esta vos ouído. 
Cal eco de fantástica viola, 
Xa esta sombra terá desparecido. 
Cinza solo quizáis será esta pola: 
Entonces, que tral-último queixido, 
Solo será un cadavre esta ave tola, 
jAlmas, volvede o voso afán, voade, 
Buscand'o íin d'a cega humanidade! 

;Eu non podo seguirvos! Si amo tanto 
O progreso y-a lus, ^])0v que n-a frente 
Grabado hei de levar ò desencanto 
D'esta doce ilusión que ò peito sente? 
■jPor qué, cando profétecos levanto 
O porvir os meus ollos, tristemente, 
Fíreme a sen recordamento xordo, 
E d'os pasados tempos me recordo? 

Medrona queixa espállase n-o vento 
Por cibdades e vilas â redonda. 
Que inda zoa con tanto sentimento 
Como n-a praya cando toupa a onda. 
Ese triste queixido, ese lamento, 
D'alguén vos sai que sofre pena fonda... 
íE ô pasado que morre! A lira daime, 
E. si canto ese morto... perdonaime. 



AIRES d'A mina TBRRA 2'.* 

Sí, eu cánlovol-a vida n-o pasado; 
Que ouh'Os canten a vida n-o futuro: 
Eu de un tesouro sei que está olvidado, 
E pra sacal-o á lus a terra furo. 
Se ò tempo é sempre o mesmo, y-agarrado 
Vai ò presente ô que pasóu, seguro, 
Podia ser, ben n-a vila, ben n-aldea. 
Que útil pra moitos ò meu canto sea. 



Preto d'a cibdá de Ourense, 
Camino de Celanova, 
Ond'é mais tépedo ò vento 
Que a terra gallega azouta, 
D'un círcolo de montanas 
N-a faldra, sempre verdosa, 
Exténdese un vai florido, 
Cuberto d'herbas cheirosas, 
Pineirales e arboredos 
Ricos de frutas e sombra. 
Ali, pol-a primaveira, 
Dispois de sair da escola, 
Van os rapaces buscar 
Freixos pra comer y-apóutigas; 
Y-as nenas, mais delicadas, 
E non como eles golosas, 
Topan ali os caraveles 
Con que os cabelos adornan, 
E fan, con espriego e neveda, 
Raminos que logo esfoUan. 

D'este vai n-o médio e médio, 
Entr'edras e musgo envoltas, 
Ergue as torres un castelo, 
Feito alá n-eras remotas 
De pedra de sillería. 



30 M. (URROS ENRÍQUEZ 

Cáxeque c"o tempo roxa. 
Como este antiguo edifício 
Outro non hai, según contas; 
Pois diz que foi levantado 
Por unha princesa moura, 
Dendes da posta d'o sol 
Hastr'a saída d'aurora; 
E ind hai vellos que aseguran, 
E podia que certo fora, 
Que debaixo d'os cementos 
Que os altos muros soportan, 
Deixou a moura princesa, 
Pra que quen se astreva morra^ 
Sobre unha trabe en quilibrio 
Duas cântaras que asombran: 
Unha de alquitrán hinchida 
Y- outra de moedas e xoyas. 
De sorte, que quen quixere 
Coller a que ouro atesoura, 
Creba unha cântara e morre 
Feito carbón baixo a outra, 
Quedándose ô mesmo tempo 
Sin ò santo y-a limosna. 

A caron d'este castelo 
Agarimadifias todas. 
Ou pol-a veiga ceibadas 
Como bandadas de pombas, 
As retelladas troneiras 
Abertas ô sol que as doura, 
Alcóntrase as brancas casas 
D'a vila de Vilanova. 

Vilanova d'os Infantes 
E vila de grandes sona: 
N-hai zapateiro n-o mundo 
. Que bata milor a sola; 
Non se cocen en ningures 



AIRES d'A mina terra 31 

Petadas qu'aqTií non cozan, 
E de aqui san pra os teares 
As millores mazarocas. 
Aqui está a gracia d'os homes 
Y-a fror y-a nata d'as mozas; 
En fln, solo aqui naceron, 
Solo aqui, Martino e Rosa. 



n 



Alá pol-o ano de gracia 
De mil seiscentos e trinta, 
Era dono d'o castelo 
Qu'en Vilanova se ve inda, 
Don Xácome Mazcarenas, 
Senor de catorce vilas. 
Home de fárragos vellos, 
N-a corte d'o rey vivia, 
Pois gallego como hay moitos 
Dábale noxo Galicia. 
Solo d'ela se acordaba, 
Se algunha ves o faguia, 
Pra cobrar rendas e foros 
Sin aviso e por xusticia. 

Por estas falcatruadas 
Todos olleira lie tinan, 
E cando cara á Madril, 
Alá pol-o vran, saian 
En carros acugulados 
Dineiro, graus e farinas. 
Os probes d'os levadores 
Que n-aqueles carros vian 
Irse as mizquinas ganâncias 
Con que seus íillos iifiantinan, 
De traballar eslombados, 
Mentres os carretos se iban. 



32 M. CURROS bnríqubz 

Quedaban pra si dicindo : 
«jQue de solimán che sirvan!» 

Entre a baixa servidume 
Que dou Xácome mantina 
Pra que lie coide d'os eidos, 
D'os bes e d'as regalias, 
Estaban Martino e Rosa: 
El pra faguer as vendimias, 
Pr'as sachas e pr'as decotas 
D'os xardis, ortas e quintas, 
Y-ela pra gardar ò gando 
Nas carballeiras vecinas. 

D'os dous solasmentes Rosa 
Dentr'o castelo vivia. 
Martiiío tina vinte anos 
E Rosa dezaséis tiila; 
El era un mozo arrogante, 
Y-ela un feitizo de linda; 
Nunca tiveran amores, 
Y-anque por ela bebia 
Os ventos Xan de Ventraces, 
Rosiila tomábao á risa. 

Orfos antrambos á dous, 
Sin amparo n-esta vida, 
Servindo os dous ô mesmo amo 
Topáronse certo dia. 
D'estonces, Martino e Rosa 
Sentiron ò alma ferida, 
E quizáis que se morreran 
De mal de malenconía. 
Se unha maná non quedaran 
Noivos ô sair d'a misa. 



AIKES D*A MIXA TERRA 33 



III 

Moito deben de quererse 
Os criados de MazcareQas, 
Moito deben de quererse 
Guando tanto parrafean. 
Todal-as noites sentados 
N-un grande poyo de pedra 
Están parolando solos 
O pe d'o castelo él y-ela. 

Mentira ou verdade, il corre 
Dendes d'a vila hastr'a aldeã, 
Que pra n'outono casárense 
Tenen a roupa xa feita; 
Pêro hai quen xura e perxura 
(Nunca faltan inalas lenguas) 
Que d'eica que os namorados 
Sallan xuntados da igrexa, 
Han de pasar moitas cousas 
Y han de nacer moitas herbas.. 

Mala cousa é n-este mundo 
A condenada d'a envexa, 
Mais non van descaminados 
Os que ò casamento negan; 
Pois unha noite de lúa, 
Noite caladina e fresca 
D'o mes de Santiago, cando 
Todas son frores as veigas, 
Todo é aromas ò campo 
E doce música a terra, 
N-a praza de Vilanova, 
Do castelo onde a cancela, 
Martiúo e Rosa falaban 
De semellante maneira: 

Tomo I. 



34 M. CURROS BNRÍQUEZ 

— Martifio, èq"© diano 
Tes hoxe? p.Non falas? 
^Pra estar com'o moucho 
Vineche d'a sacha? 

Si cando te fuches 
Noxado n-estabas, 
^,Qué frema trouxeche 
D'o monte pr'a casa?... 
^Picóute unha cobra? 
^Guindóute unha galla? 
gSáironche os lobos? 
;Botáronche a fada?... - 
Responde, Martino, 
gQué tes, que te calas? 

— Non sei cónio te oyo, 
Garduna eslavada; 

Non sei como te oyo 
jY-estóume con calma! 
jQué teno! ^Qué tefio, 
Pergúntasrae, maula?... 
iQué teno! Direicho... 
Pois... jtéiíoche lástema! 
jTreidora! 

— iDios mio! 

— Fiai de rapazas 

Que din que vos queren... 
jFiai de palabras!... 

— jMartino! 

, — ;0 Martino, 
N-impórtale á nadia!... 

— ^Pero home, toleas? 
•jAsús, qué disgracia! 
jVecinos!... 

— |Non berres! 
jNon berres... e cala! 

— Pei'0 home, si cousas 
Me dis que m'espantan... 
jSi mesmo das medo! 



AIRES d'a mina terra 35 

;Si os ollos che saltan! 
Martiiio, ven, séntate, 
Sosega, descansa; 
En nada che íixen 
Pr'o mal que me tratas. 
Solina n-o mundo 
De nadia mirada, 
[Faltábame agora 
Que ti me deixaras! 
Pois eu ben te quero... 
jPor eso non marra!... 

— Ti quéresme moito... 
Rosina... rosada... 

Ti quéresme moito... 
Ti dícelo... e basta. 
O mesmo dixeches 
A Pedro Balada, 
Y-á Xan de Ventraces 
Y-ô amo d'a casa, 
Cando hai ano e médio 
Veu ver a labranza... 
iQue nunca él vinera! 
jQue nunca él chegara! 

— jSantísimo Cristo 
DOurense me valia!... 

— Pra que hoxe te axude 
Xa é tarde, rapaza, 
Y-eu, tolo, queria, 
Y-eu, tolo, pensaba 
Casarme contigo... 
jMinina d'a casta!... 

— Martino, anque probe, 
Faltar non me faltas. 
;Pois coida o que pensas! 
jPois coida o que falas! 
Pra buíra, xa abondan 
Seis meses de paira... 
gQué Xan nin qué Pedro? 



36 M. CURROS ENRiljUEZ 

^,Ti seique tes gana?... 
No, pois... Esmiólame 
Co rabo (l'a sacha, 
jMais déixame a honra 
Qu'é cousa sagrada! 
;Ay! Ti andas, Martino, 
Con malas compafias; 
Ti xúntaste agora 
Con xente malvada, 
E crés esas lenguas 
Peores que a rabia. 
Fas ben, xa que podes. 
Dend'hoxe n-hai nada 
De canto pr'a boda 
Decirche esperaba... 
Tocante á limpeza, 
^E pois qué pensaba^^V 
j Cristal nunca viche 
Que á mina egitalaral 
— jRosina!... 

— jA Rosiíía 
N-impórtalFa nadia!... 
Y-adiós! Se outra queres... 
Porveito che faga. — 

D'esta sorte marmurando 
Rosa, d'esconsolo chea, 
Facendo como que ria 
Entrou n-o castelo apresa; 
Pêro anque fai que fagamo-; 
Pra que se lie non coneza, 
Ela vai limpandos ollos 
Mentres que rube a escalei ra. 

N-a porta, como unha est.iuta, 
Martino mórdese a léngoa, 
Y-anque tose y-asubía 
Como quen non sente penas, 



AllíES D A MIXA TERUA 

Uiilia d'a boca lie sai 
Y-outra n-o corpo lie queda... 

Cando por íin, acordando, 
Pensou n-o que lie arrodeá, 
Dixo, falando consigo: 
«Ou mente Xan, ou mente ela. 
E logo, tirando ô cliau 
Desesperado a monteira, 
Afiidíu: «Non, pois... si Rosa 
Ten d'o cristal a pureza, 
;Xuro á Dios, Xan de Ventraces, 
Que ch'ei d'arrincal-a léngoa!' 



IV 



Namentres, jcoitadina!, a nena namorada, 
De pena esmorecida, chorando á fio está; 
Mais vive d'o castelo n-a câmara aleixada, 
E nadia d'os seus males se compadecerá. 

jMiraina! Pol-o lombo caíndolle ò cabelo; 
Os ollos arrasados, partido ò corazón, 
Metéuse n-o seu carto, pechóu c'o taravelo 
Y-está, imifia cousiíia!, xemendo n-un rincón. 

D'alcoba en qu'ela dorme pol-alta iumieira. 
De albahacas tapizada, mapolas y-alelís, 
Esbara ò branco rayo da lúa pracenteira 
Y-o recendente aroma d'a campesina bris. 

De ali, Rosina escoita ò burbullar d'o rio 
Que d'o castelo preto dende us penedos cai, 
D'os páxaros d'a noite ò resonante pio 
Y-a música que ò vento n-as alboredas fai. 



38 M. CURROS ENRÍQUEZ 



Mais ten tan consumido ò corazón de pena, 
Qu'en nada topar pode consolo nin pracer, 
E chora que te chora, como unha Madalena, 
Da lástema, abofellas, da lástema de a ver. 

Primeiro desengano d'o noso amor primeiro 
,Qu9 trás contigo ò frio d'unha maná sin sol, 
jTú roesnos com'os vermes a fror d'o laranxeiro, 
Y-o corazón nos trocas en seco pirifol! 

Por onde pasas deixas a baba corrumpida 
D'a lesme venenosa, amarga como a fel, 
jConvirtes n-un inferno a mais fermosa vida, 
Detrás de ti non queda sinon fastio cruel! 

N-o peito remordida por ese desengano, 
Rosina desbautízase, murchada de pesar; 
Enxíígase as baguUas co a punta d'o seu pano 
Y-excrama moitas veces, volvéndoas derramar : 

cjEu, que así Dios me salve s'entendo o que me 

[dixo! 
D'algunha malquerencia calunia debe ser. 
Por queu xurar xurara, ô pe dun crucifixo. 
Que á nadia mais qu'él quixen, nin penso mais 

[querer. 

»Se probas m'él pidira e darllas eu pudese; 
Se arquina d'as virtudes poidéralie amostrar. 
Veria que gardada, anqu'él non He interese, 
Aquela virtú teno qu'é meu deber gardar.> 

De solouzar ô cabo e pelexar cansada 
Con tanto pensamento que n-a cabeza ten, 
A coitadiíía Rosa deitóuse apesarada, 
N-o cabezal chantando a fatigada sen. 

Pouquino á pouco os oUos fóronselle pechando 
Doinas acendidas n-a lus d'un puro amor, 



AIRES d'a mixa terra 39 

Yâ Yirxen entre dentes unha oración rezando, 
Quedóuse adormecida n-un sono encantador. 

Estonces, unha seúora 
Toda de lus rodeada, 
D'estrelirias coroada 
Que como diamantes son, 
Cun mantelo n-a cabeza 
De pano negro, muy lindo, 
Caladamente, surrindo, 
Entrou pol-a habitación. 

Nunca se viu n-este mundo 
Mais feiticeira criatura, 
Nin pra tan grande hermosura 
Comparación pode haber; 
Por ollos ten dous luceiros; 
Por dentes, pelras d'os mares; « 

Por grenas, rayos solares; 
Por risa..., un amaúecer. 

D'as orellas pendurados 
Leva us aretes de lume, 
E por gallega costume. 
Dengue de pano sedán; 
Zoquiííos de pau de almendro 
N-os pes de feitura enana, 
Y-ô cinto unha muradana 
Con plegues que xenio dan. 

Pasino á paso, chegóuse 
A cama en que dorme Ros;i, 
E botándolle graciosa 
Unha mirada de amor, 
Díxolle c'un tono brando 
Que música parecia: 
«Rosina, a Virxe Maria 
Traiche consolo e favor. 



40 M. CITRRO.S RNRiíjCKZ 



«Eu beii sei que a túa y-alnia 
Está cuberta de loito; 
Eu ben sei que sofres moito, 
Porque liai quen duda de ti; 
Pêro eu, que dendes ò ceo 
Coido de aquel que me chama, 
Eu farei, si, que a túa fama 
Quede cal foi hastra aqui. 

*Non chores, mina pequena, 
Non chores mais, pastorifia; 
Eu velo por ti, minifia, 
Ti d'a mina conta estás. 
Martino estará pesante 
Maná quizáis d'o que figo; 
Pasado serei contigo 
N'o monte, si ô monte vas.» 

Calóuse Nosa-Senora 
Y-envolta en dourada nube, 
Rube... que rube... que rube... 
Perdéuse n-a inmensidá. 
Rosa quedóuse dormindo 
A seu pracer e regalo. 
Pronto espertará: xa ò galo 
Cantou, ventando a maná. 



— Moito madrugas uxe — 
Dixo Xan de Ventraces a Martino, 
Topándo-o c'unha cara de forruxe 
Pol-a maná moi cedo n un camino. 

— Nunca fun perguieeiro — 
Repuxo] le Martino de mal modo, 
Porque Martino é pouco paroleiro. 

— Pois filio, así e todo, 



AIRES D'A mina terra 41 



Outrol-0 seu negocio fan primeiro... 

— Anfeso... jqué lie queres!... 

Si foran como ti todol-os homes... 

— 011a, á mal non m'o tomes, 

Mais... tés pouco partido entre as mulleres 

— Xan, levo moita presa. 
Porque teno que faga n-a devesa. 
Vou pra Porto d'Outeiro, 

Que sinón, ten presente o que che digo: 
Sobr'esas y-outras cousas que me calo 
Moito teria que falar contigo, 
Moito que agora vale mais calal-o... 

— jOuga! gXa t'enrabuxasV 

Ay, Martino, calquera que fescoite 

E ben non te coneza, 

Dirá que non tés miolo na cabeza, 

A forza de pensar dende onte â noite. 

O meu conto volvendo, 

Como antes che decia, 

Non hai unha muller que non se ria 

D'o parviíio qu'és ti... 

— Eu non fentendo. 
Fala craro, si sabes; 
Pois ò demo me leve 

Si dende que me dis cousas tan graves 
Me non tes tiritando, como a neve. 
^Conque... dis que as rapazas d'o concello 
Falan por ahí de min? jMirai ò diafio! 
jPois estóuche servido!... 
Pêro teíío entendido 
Que inda me quês cal quer ò lobo ò afio. 
iQué ll'hemos de facer! Y-eu que creia 
Que nadia que falar de min teria... 

— jMa... cante! Pêro vives enganado. 
Porque onte â noite aína, 
Díxom'en certo son certa vecina, 
Falando de qu'estaba namarado. 
Que mais sorte que ti tiíía-a calquera 



42 M, CURROS enríquez 

Esguízaro mirrado, 

De pernas tortas e de cara fera. 

«Y-esto ben se adivina 

— Dicíame a rapaza d'o relato — 
Porque despois de que a levou ô gato, 
E cando él vai en busca d'a sardina...» 

— Cálate, Xan, e vaite; que inda é cedo 
Pra que contigo un escarmento faga; 
Non afondes a chaga... 

Non me fales xa mais d'ise segredo 

Que pesa sobre min como unha praga... 

N-o meu pelexo ponte: 

^^Non che abondóu canto dixeches onte?... 

Líscate, Xan, líscate axlfia, pronto; 

Que sin que nadia o note nin sospeite, 

Cando me fagas falia, buscaréite... 

Porque che teuo que contar un conto... 

jLadras ben..., rabearás! 

Mais si cal tés maldá tiveras forza, 

As probas d'o que dis xa me amostraras 

Sin agardar que a gorxa che retorza. 

— Martiíío, ^logo picaste? 
Folgárame de ver qu'eras valente, 

Porque ind'hai quen chen di— jcousas d'a xente!- 
Que cando c'un te atopas.., esf urricaste... 

— O que che diga tal, dille que mente... 
Eu nunca de gabarme fun amigo, 

Nin loitas deprendín, nin ò pau xogo; 

Pêro o que me fixo unha — jolla o que digo! — 

Quer quixera, quer non, pagóuma logo. 

Si ti crêrme non queres, 

O mal será pra ti; pois che prometo 

Que si de hoxe n-un mes conta non deres 

D'a honra de Rosa, â que furtache ò creto, 

jHeiche crabal-a lengua n-un espeto 

Para escarmento de homes e mulleres! 

— gE verdade o que dis? 

— Non ch'o repito. 



AIRES D'A mina terra -13 



— Pois entón... ibastr'agosto! 

— iO dito... dito! 

D'esta sorte falando 
Xan de Ventraces y-o infelís Martino, 
Fóronse separando, 
E sin decir mais nada 
Oolleron cada cal por seu camino : 
Martino triste, Xan asubiando. 

O dia crarexaba; 
D'o sol, que a relumbrar encomenzaba, 
Unha franxa mareia 
Pol-os altos petoutos s'extendía; 
A brisa n-as silveiras rebuldaba, 
Y-alá n-o ceyo — pendurada estrela — 
Chilraba aletexando a cutuvia. 

D'o lado de Levante 
De sombra e lume pabellón ílotante, 
Vai correndo mainiúa mainamente, 
Tapand'os hourizontes, negra nube, 
E d'ela por didiante 
Trévoa de fogo ardente 
Esparxe húmedo cheiro â terra quente. 

Martino caminaba 
Mais triste cada ves, a toda presa. 
jCantas bágoas clioraba 
Por aquel caminino d'a devesa! 

«Querer unha rapaza hermosa e pura; 
Pedil-a por muller con cortesia; 
Ir forrando pr'a boda e mais pr'o cura; 
Gardarlle ley un dia y-outro dia; 
Respetal-a, adoral-a con locura; 
Pegar por ela choutos de alegria, 
E cando un está levedo, ceguino 
Pol-a amorosa febre, 



44 M. CriílíOS KNHiciUKZ 



Escoitar unha noite n-un camiiío: 

Non te cases, Martino, 

SI non queres levar gato por lebre... 

»Traballar toda a vida; 
Andar bregando sempre c'o esta aixada 
Pra conservar sin lixo, ennobrecida, 
A limpia fama de meus pais herdada, 
E de pronto escoitar de boca allea 
Unha maná, n-o médio d'un camino: 
Mira o que fas, Martino, 
Que che se rin de ti por 100.' aldeã... 

»iAy!, co'estes comparados, 
jNada os tormentos son d'os condenados! 
^Será verdá, Xan de Ventraces?... jDim-o! 
;Ten piedade de min, d'estas bagullas, 
D'este inferno en que ximo, 
Devorado por dentes como agullas! 
Eu non sei si te crea, 
Fero... jVirxe Maria! 
Si dixexes verdade eu morreria... 
gSerál-o demo? [Arrenegado él sea! > 

Así decindo ò mísero hibrego, 
Sin calma nin sosego, 
Metéuse n-a devesa de contado, 
E d'o seu sacho armado 
Comenzóu sin refolgo ò seu trafego. 

Levaba xa Martino. 
Rapaz de moito agnante, 
Sete horas de traballo seguidifio, 
Cando n-esto, de vento un remuiíio 
Ergueu a terra pol-a veiga adiante. 
A densa polvadeira 
Escureceu ò sol por un istante, 
Y-estremecendo vai e carballeira, 



AIllES d'A JIINA TERRA 



Rachou a negra nube de Levanie 
O rouco son d'un trono frameante. 

As gárgolas d'o ceo 
Esgazáronse entón'e d'o seu seo 
Tanta chuvia mandaron, 
Que as hortas se arrasaron, 
O rio esbordóu, cheo, 
Y-os árbores y-as prantas desfollaron. 
N-a tempestade aquela 
Caía como un rayo cada gota 
Y-en ningures se viu outra como ela. 

Martino, harripiado, 
N-o ventre se meteu d' unha canota. 
^,Qué lie imporfô coitado, 
Si está da auga d'o ceo agarimado? 
|Ay!, jnon-o está d'a que d'os ollos bota!... 
«;,Poidera ser — decia — , 
Poidera ser que Rosa m'enganara? 
/Rosa, por quen daria 
Canto Noso-Senor n-o mundo cria, 
Hastra un reino, s'en sorte me tocaraV 
Non pode ser; non pode ser, de fixo. 
Pura como un cristal, dixo onte â noite. 
jPura como un cristal!... Cando m'o dixo, 
Non hai razón pra que co'a duda loite.» 



Brillóu entón, de súpeto, 
N-os ceos un relampo, 
Qu'esparexendo a brétema 
N-un rayo reventóu. 
Ardeu en fogo a atmosfera, 
Alumióuse ò campo 
Y-esnaquizóuse ò árbore 
En que Martino entrou. 



46 M. CURROS ENRÍQUBZ 

D'a labazada eléutrica 
Que IFespidíu ò rayo, 
Martino cego, atóneto, 
Caiu tumbado ô chau. 
Mas logo, reponéndose 
D'o natural esmayo, 
Xusgándose cadávere 
Levóuse ô peito a mau. 

Pouquino á pouco os párpados 
Abrindo, persinóuse, 
Y-ô ver pasada cáxeque 
Tan forte tempestá, 
Sanino e salvo véndose, 
D'a terra levantóuse 
E d'a canota concava, 
Saiu tranquilo xa. 

Mais inda ben, ;meu ánxele!, 
Non dera una zancada, 
Cando trasposto en xúbilo 
N-o chau se acrequenóu. 
' (Nunca eu nacera!...», dixose, 
E recabando a aixada, 
Unha non vista endrómena 
D'a terra levantou. 



Era unha pedrina pedra, 
Era unha pedra pedriíla. 
Como un ovo de galifia, 
Tallado en fino cristal; 
Unha pedra primorosa, 
Eliptica, limpa, pura. 
De artificio e soldadura 
Sin xiquera unha sinal. 



AIRES d"a mina terra 47 



Mirada dendes de lonxe 
Reloce como un diamante, 
Parece de algún xigante 
011o sin párpado, atros; 
Pêro mirada de preto, 
Sospende, ademira, espanta, 
Vendo n-ela a imaxe santa 
D'a bendita Nai de Dios. 

Non é un croyiuo formado 
Pol-os gotexos d'a terra, 
Nin en canteira nin serra 
Puido topal-o ninguén. 
Non é unha pedra de neve 
Que a calor derreteria, 
Nin salación, que teria 
Outra forma d'a que ten. 

Non é un aeorolito ardente, 
Anaco de pedra extrano, 
Cuyo orixe soberano 
Ina se non alcontróu. 
Non é volcáríica lava. 
Que fora de côr mais louro, 
Estalacta, nin metouro... 
Nin ò diano que o inventou. 

Esta é unha pedrina pedra, 
Esta é una pedra pedriila, 
Tan rara, tan pulidina. 
Como outra n-orbe non hai. 
[Mesmo parece unha bágoa 
D'os ollos de Dios caída, 
Pra se quedar convertida 
En cárcere de sua Nai! 

jQué hermosa está dentro d'ela, 
Qué linda Nosa-Senora! 



48 il. CUKROS BNlíiíiUEZ 



;Con qué gracia sedutora 
Deixa seu sembrante ver! 
jPor oUos ten dous luceiros; 
Por dentes, pelras d'os mares; 
Per grenas, rayos solares; 
Por risa..., un amanecer! 



Vendo tanta maravilla 
Metida en tan curto espacio, 
En tan pequeno palácio 
Tanta grandeza de Dios, 
Martino, pasmado todo, 
Tomando ò cristal á peso, 
Escramóu: «;Ande por eso!... 
jAnde por eso..., oUai vos! 

Quíxose pôr de arrudillas, 
Quixo quitarse a monteira 
E gardar n-a faltriqueira 
O milagroso cristal; 
Pêro d'os seus pensamentos 
Segunda ves asaltado, 
Decindo: «jEstóu rematado! , 
Tiróuno d'un saque ô vai. 

Non — continóu— , Dios non quere 
Que logre a mina demanda; 
Xa Dios á sua Nai non manda 
Pra os namorados valer. 
Eses foron outros tempos... 
Y-ese cristalino gayo 
Foi... a chispa de aquel rayo 
Que me debera fender. > 

N-esto veuse vindo a noite 
Y-arrematada a faena. 



AIRES d'a mina terra 49 

Martino, sempre con pena, 
Foise indo cara ô lugar; 
E cando entrou pol-a vila 
Dixo de remordos cheo: 
«p.Será un aviso d'o Ceo?... 
jNon che quixera apostar!» 



VI 



Se a tradición que sigo n-algo non mente, 
D'as escenas pasadas ô dia siguiente 

Pol-a maná, 
D'un salguerifio â sombra, sentada, fiando, 
N-o vai de Vilanova gardando ò gando 

Rosiiia está. 

Inorante de canto lie acontecia 
O probe de Martino, por quen sofria 

Soedades mil, 
Rosa, n-a cinturina cravada a roca, 
Mazaroca fiando trás mazaroca, 

Pensaba n-il. 

E mentres qu'en suspiros lanzaba ôs ventos 
Os ays que lie arrincaban seus pensamentos 

Tristes, crués, 
Pol-o campo os cabirtos corretexaban 
Y-as vacas y-as ovellas depinicaban 
Toxo e cardes. 

Coitada pastorifia sin paz nin calma, 
jCántas feles n-o fondo d'a tua y-alma 

Deixa ò amor! 
jCántas sombras n-o ceo d'os teus encantos! 
jCántas bágoas n-os oUos! — jvállante os santos!- 
jCánto delor! 

Tomo I. 4 



50 M. CURROS BNRÍQUEZ 



Orfa desque naciche, triste, esfameada, 
Anque probe hasta agora, tua vida honrada 

Por ti falou. 
ãQué che importou d'as touzas dormir â sombra? 
èQué che importou d'espinos pisar alfombra? 

^Qué che importou? 

Todo o pasache rindo... Todo se pasa 
Mentres que quede a honra dentro d'a casa; 

Pêro, ;ay de ti!, 
Despreciaclies un home por pretendente,. 
E destonces tua fama, de xente en xente 

Vai por ahi... 

gQué fixeches, Rosiiia desventurada, 
Qué fixeches?... ^Estabas empecatada 

Pra tal faguer? 
Despreciar por Martino, Xan de Ventraces... 
Non sabes d'o que os homes che son capaces. 

jProbe muUer! 

«Traballar toda a vida desosegada 
Pra conserval-a honra d'abós herdada, 

Santa virtú, 
E cando unha c'o noivo ten parrafeo. 
Escoltar que nos dice: iXa en ti non creo. 

Rabearás túl 

»Ir comprando pr'a boda tod'os trebexos, 
Tod'o dia toparse d'o noivo lexos 

Morta de afán, 
E cando a noite chega pra os namorados. 
Escoltar que nos dicen lábios amados: 
; Yaite con Xan! 

»iNon hai pena como esta tan horrorosa! 
Non hai pena como estai», marmura Rosa 
N-o salgueiral, 



AIRES D A MINA TERRA 



E de pronto a coitada pra ò chau mirando 
Recolléu d'entre as herbas, toda tembrando, 
Aquel cristal. 



«jAsús, que galanural — repuso—. ^Estarei cega? 
Vestida de gallega a Reina d'a liermosura, 

^N-a mina mau, afé? 
jNon pode ser! jToleo!... Riráse ô que ll'o conte; 
Pêro eu sonei nantronte que viria dende ò ceo 

D 'a mina cama ô pe. 

:>gS8rá verdade, Rosa? Metida n-un ovino 
Tan piquirriquichino, tan linda, tan hermosa, 

Como a mirei entón? 
;A mesma muradana que lie caía tanto! 
;0 mesmo dengue!... jO manto de terciopelo ou 

Non estou tola..., non. [pana! 

»S'en torno non pacera, mirándome, meu gan- 
Que estou inda sonando dixérase ealquera... [do 

jAsús! jVaya que ser! 
jQué ollinos, que mirada, que beizos, qué cabelo, 
Qué orellas, qué mantelo, qué frente nacarada! 
jQué diano de muller! 

« 
>E mira... e rebuldexa... e rise a santa imaxe... 
jCómo me amostra ò traxe! jCómo me parpadexa! 

iAlgo me vai pasar! 
^Qué dis?... jFalarme quere! ^Escoitaréina? iCala! 
jPois é verdá que fala!... ^Seiiora?... jO que qui- 
Xa estouvos á ascoitar. [xere! 

»gQue acod'a cita? gE logo?... gQue ven por Dios 

[mandada 
Pra que me vexa honrada ò qu'en celoso fogo 
Xusgóume criminal?... 



52 M. cuuuos enríqubz 

jSenora! Una pastora, baldón de toda a xente, 
Non era mereceute de tèr tal defensora... 
Pêro... falai, si tal. 

>5Qué quer, que lie levanten n-o vai unha ca- 

[pilla? 
gQué quer, que de arrudillas lie recen e lie canten? 

Pois ben, querida, ben. 
Pêro... calóuse..., jaxina! ;Xa non, xa non a escolto! 
iQuizáis non fale moito, como é tan piquinina!... 
Pêro iqué gracia ten! 

>Pois ela algo me dixo de qu'eunon me recordo... 
Non teno ouído xordo, mais eu non sei de fixo 

Qué palabrifias son... 
;Me ama!... «Pr'os que non amen serei sempre 

[invisibre 

— Decía — y-é imposibre que falte ôs que me cha- 

De todo corazóu... [men 

>^Qué farei eu, croyino, que agora mais che 

[agrade? 
gLevarte onde ò abade? gLevarte onde a Martino? 

^Qué diaíios eu farei?... 
Teique, ovellinas, teique... To aqui, chivina, tren- 

[ca!... 

fCardosa! jAqui, xuvenca!... ^.Quéreste bulrar sei- 

jEi, pr'o cortello, ei!» [que?... 



vn 



Unha noite azul de agosto 
Como de vran regalada, 
Vilanova d'os Infantes 
Toda é bulia e algazara. 



AIRES d'a mina terra 53 



Nunca misteriosa lúa 
Verteu por lus tanta prata, 
Nin n-as silveiras a brisa 
Esparramou mais fragancia. 

Pol-a praza e pol-as ruas 
As mozas cantando pasan, 
Y-os mozos van detrás d'elas 
Dando atruxos e palmadas. 

Imporvisando un turreiro 
A porta de cada casa, 
Por todas partes s'escoita 
Son de pandeiros e gaitas. 

De légua e media â redonda, 
Os mocinos d'a montana 
Saúdan aquela festa 
Co'a lus d'os fachos de palia. 

As vellas de toda a vila 
Sân d'os balcós âs barandas, 
Y-os nenos emporranchinos, 
Co'a cabecina rapada, 
Brincando e choutando enrédanse 
Entre as pernas d'os que bailan. 

Esta noite os zapateiros 
Non queren collel-a chaira, 
Nin as rapacinas fían, 
Nin os forneiros amasan. 

Esta noite en Vilanova 
E noite de fuliada; 
Que así o dispuxo ò Concello 
Y-o senor abade o manda. 



54 M. CURUOS BNRÍQUEZ 

O abade de Vilanova, 
Que dou Xan de Barros chaman, 
Pra congregar ôs frigueses 
Mandou tocal-as campanas. 

Encasquetado ò bonete, 
Vestido de estola e alba, 
Subiuse ò púlpcto o dixo 
Os que debaixo escoitaban: 

«Hirmaucinos: Xa sabedes 
Como fai catro semanas 
Se dinóu Nosa-Sefiora, 
Por médio d'unha rapaza, 
Vir visitar esta vila 
Pra facer n-ela morada. 
De tanta mercê asombrado 
Como Dios nos dispensaba, 
O senor bispo de Ourense 
Quixo vel-a imaxe santa; 
Pêro correu tantas terras 
N-este tempo a sua fama, 
Que cando ò bispo faguerlle 
Unlia capilla pensaba, 
O rey dou Felipe Carto, 
Que lioxe en paz goberna Espana, 
Coidando non fose certa 
Maravilla tan sonada, 
Mandóuna pedir de presa 
Pra vela y-ademirala. 
Eu mandéilla moi envolta 
Entre outras relíquias vúreas: 
O rey miróuna, tocóuna, 
Volveu á vela e tocaia, 
E c'os oUos relâmpados 
Y-a lengua de media vara, 
Dudaba de canto via, 



AIRES D A MIXA TERRA 55 



Como Didimo dudara. 
gY-entón que fixo? Temendo 
Que ò cristal en qu'encerrada 
Está a Virxe fose cousa 
En que pudese haber trampa, 
Chamou os mais afamados 
Artífices á sua câmara, 
Díxolles que xaminaran 
O cristal con toda calma, 
E declarasen en autos 
Canto de raro notaran. 
Así se fixo: prateiros 
E péretos d'a Real Casa, 
Homes de letras e cencias 
Xuntáronse n-unha sala 
D'o seu Pazo, u-a presencia 
De mil xentes cortesanas, 
E despois de grande estúdio 
Y-adimiraciós sin tasa, 
Dixeron todos a unha 
Que o que de ver acababan 
Non tina n-o mundo enxempro; 
Y-así, que ò cristal y-a santa 
Eran de orixe divino. 
Pois outro non He atopaban. 

>Despois d'este xuramento 
Todos caíron âs prantas 
D'a nosa Virxe, y-estonces 
Rey, cabaleiros e damas 
Fixéronlle ofrendas ricas 
De xoyas de ouro e de prata, 
Pra que se ll'erga unha ermida 
N-o eido en que foi topada. 
Todos estes pormenores 
Dam-os ò rey n-unha carta 
Que unha posta de Madril 
Mesmo de entregarme acaba. 



56 M. CURROS ENRÍQUEZ 

A Virxe xa volve estare 
En Vilanova: ;adoraina! 
E namentes que os pedreiros 
Non He levantai! a casa, 
Vinde rezarlle á esta igrexa 
Virxe d'o Cristal chamándoa. 

»Y-agora ídevos con Dios; 
E d'este dia en lembranza, 
Hoxe e maná, si Dios quere, 
Ninguén n-a vila traballa. 
O mesmo quer ò Concello, 
Cedendo as minas istancias; 
De darvos a mesma orde 
O pregoeiro se encarga.» 



* 
* * 



Cando da igrexa saíron 
Cantos dentro d'ela estaban, 
Martiiio foise rondare 
De Rosa baixo a ventana. 

Rosa estaba n-o castelo 
De xentes arrodeada, 
Porque como era bonita 
E vive en fama de santa, 

Dendes que gardando ò gando 
N-o vai â Virxe topara, 
A todos lies gusta, e todos 
Van, pra que peque, á tentala. 

Ya fixo un mes que Martino 
Tivo con Rosa palabras, 
E inda as paces non íixeron, 
Porque á tesón nadia os gana; 



AIRES d'a mina terra 57 

Pêro Martino está seco 
De celos como unas palias, 
E non pode aturar mais 
Un mal de qu'él mesmo é causa. 

Por eso, como arastora, 
Veu moitas veces de husmada; 
Pêro Rosa, ou non-o via, 
Ou por non velo esviaba. 

Levaba agora d'espera 
Bo anaco baixo a ventana. 
Pêro Rosa non saia; 
Como outro que di... nin ganas. 

Martino tose que tose... 
Martino canta que canta... 
Pasea que te pasea... 
Pêro o qu'é Rosina... ;nada! 

Alá arriba ò coitadino 
Ouía gromas e cantigas, 
E cecáis Rosa se ria 
Mentras él s'enrabexaba. 

Por fin, cando xa Martino 
Se iba meter n-a sua casa, 
Rosa somóuse, y-estonces 
Trabaron estas palabras: 

— Gradas áDios, mina Rosa... 
gDasme un ramino de albahaca? 
— Cando o que podo mepiden. 
Nunca neguei nada á nadia. 

— Dios che faga tanto ben 
Como lie das á min'alma; 
Que dende que non te vexo 
Parece que algo me falta. 



58 M. CURR0Í5 ENRÍQUEZ 



— Non te me venas co'esas, 
Martino, que... todo acaba... 
gNon to acordas xa d'a noite 
Que freidora me chamabas? 

— jAy! Bo castigo me deches 
Y-outro mais grande esperaba. 
Dudei de. ti..., un mal amigo 
Díxome... ^,Quén non dudara? 

Pêro ese crime... custóume, 
Si viras... ;ay!, tantas bágoas... 

— gY-arrepentíchete? 

— Escoita: 
Esa noite mal fadada 

Dixécheme: «Estou tan limpa 
Como un cristal.» jBen falabas! 
Porque â maná d'o outro dia, 
Sin que ti me as amostraras, 

Dios mesmo me daba as probas 
D'a pureza d'a tua y-alma. 
O cristal que ti alcontraches 
Antes de que ti o alcontraras, 

Eu ch'o topei, eu ch'o tiven 
N-esta mau callosa y-áspora, 
Eu fun quen o vin caíre 
Y-eu quen o tirei con rabia, 

Sin conecer..., |malos demos!, 
Canta grandeza encerraba. 
jTi si que sorte tiveclies!... 
Diol-o quixo, y-é moi sabia 

Sua divina voluntade. 

— jQuén sabe si me chamaba 



AIRES d'a mina terra 59 

Dios pra si de esa maneira, 
Martiiio! 

— gQué (iis?gQué falas?... 

— Non xures, por Dios, Martiiio. 
— ^Pensas morrerte, rapaza? 
—Non; pêro a conta eche a mesma: 
Penso casarme... 

— jAcabarasI 

Pois o qu'é por min..., agora 
Mesmo, si queres. 

— Fai falia 
Têr dote: ò sefior abade 
De aprontarma deu palabra. 

— ^Dote? Ti non-a precisas. 

— Pois xa che vendín as sayas 
Y-o pano de frores..., todo, 
Pra que haxa n-a festa gaita. 

— ^Logo vas casarte emporra? 
Si en ves de vender compraras... 

— E que... pro meu casamento. 
Abóndame unha mortaxa. 

— jOuga! ^Casarse é morrere? 

— Cando con Crisfun se casa. 
Morre pra ò mundo... 

— iRosiíía! 
gMonxa ti?... 

— íMartvno, cala! 

jCala... e vaite! Si eu non puden, 
íQue outra felice che faga! 

— ^Y-así... me deixas..., Rosina?... 

— jMartino..., a Yirxe m'o manda! 



60 M. CURROS BNRÍQUEZ 



vin 



Nesto Rosa arretiróuse 
Da ventana d'o edifício, 
Deixando teso n-a rúa 
O desdichado Martino. 

Páledo, sombrio, atóneto, 
Como un mármore de frio, 
Sin pestanexar xiquera, 
Cravado está n-aquel sitio. 

Estonces unha risada 
Bulrona chegóulle ô ouído... 
Risada de lobo farto... 
Risada de cucudrilo... 

— jRaxo de Dios! — dixo ô punto, 
Todo en cólera acendido — ; 
^Quén se ri? 

— Xan de Ven traces. 
— gTi, ladrón de honras? 

— Omismo. 

— jFólgome! Asi como así, 
Teíio unha deuda contigo 

E vouna cumprir agora. 

— Cantas queiras. Veno listo. 

— Pois abonda de parola. 
— Abonda, o mesmo che digo. 

— Cara Soutoverde, Xan.' 

— Cara onde queiras, Martino. 



AIRES d'A mina TEEEA 61 



IX 

Pol-a maííá d'o outro dia, 
N-o monte de Souto verde, 
Por cima de Vilanova, 
Non se cabia de xente. 

Ali, todos asorabrados. 
Rapaces, tiomes, mulleres, 
Miraban co'a boca aberta 
Unha cousa qu'estremece. 

Sobre ò marco de unha herdade 
Cravada unha estaca vese, 
E d'ela n-o cuturino 
Está unha lengua pendente. 

Us din: «Pol-o qu'é de longa, 
A d'unha besta parece.» 
Y-outros: ^Parece a de un bácoro, 
Según a sangue que verte." 

Estando n-estas e n-outras, 
Sin saber como, corréuse 
Qu'era de Xan de Ventraces 
Aquel cativo presente. 

Pois pol-a maná moi cedo, 
Xan, derrengado, morréndose, 
Chegou â vila mostrando 
Non têr a lengua entre os dentes. 

Cando esta nova se soubo, 
Moitos lástema lie tenen. 
Pêro moitos mais excraman: 
*iBen feito, pra qu'escarmentes!» 



G2 M. CURROS ENRÍQUEZ 



A Xusticia andivo tola 
Precurando o delincoente, 
Mais como Xan non falaba, 
Non pudo darse co'ele. 

Martino fíxose ò zorro, 
E cando a que tanto quere 
Foise á Allariz meter monxa, 
El, anamorado sempre, 
Foise detrás pra vivire 
D'o seu conventino enfrente. 

jProbe rapaz! Unha noite 
D'o frio e triste decembre, 
D'a profesión de Rosifia 
Pasados xa cuatro meses, 

Martino, ô pe d'o convento. 
Ardendo en morosa febre, 
Estaba mirando a reixa 
D'a celda en que moitas veces 
Se lie figurou de Rosa 
Ver ò sembrante celeste. 

Pensaba que tral-as pedras 
De aquel recinto solene 
Habería quen sentise 
D'a mesma sorte qu'él sente, 

Sin conecer que as mininas 
Que a vida á Cristo lie ofercen, 
Deixan â porta os amores 
Cando n-o claustro se meten. 

Nevaba. Maininas, mainas, 
Quedina, quediílamente, 
Iban caindo..., caindo... 
As folepinas d'a neve. 



AIRES d'a mina terra 63 



Moito os oUos arregala 
E moito a cabeza ergue, 
Pêro n-a reixa d'a celda 
Nada Martino destengue. 

Sempre fitando, fitando, 
Nin á refolgar se astreve, 
E por pensar n-a sua Rosa 
Hastra d'o frio s'esquece. 

Trás unha hora, outra hora 
Vai pasando lentamente, 
Y-él, nin se move d'o sitio, 
Mn se coida d'a entemperie. 

De ves en cando ò coitado 
Sin darse conta estremécese, 
Harripiáselle ò corpo 
E bate dente con dente. 

Vales, outeiros e montes 
Bórranse e desapareceu, 
Y-un branco sudário, triste. 
Por todas partes se extende. 

Acolá enriba, n-a reixa, 
Todo escuridá entramentres; 
Nada se sinte, nin nadia 
Detrás d'os ferros parece. 

Martino, n-aquel istante 
Ver á Rosa parecéndolle, 
Quixo falarlle... e non pudo... 
Asospiróu... e morreuse. 

A neve que n-él cairá 
Foi facendo d'él á rentes 
Unha foxa que o tragába 
Dendesdos pes hastr.a a frente. 



6á M. CURROS ENRÍQUEZ 

Sobre ò seu corpino morto, 
Quedifia, quedinamente, 
Iban caindo..., caindo... 
As folepinas d'a neve. 



X 



Leutores, se olvidando d'o mundo os traballinos 
Vos fórades de paseo de Vilanova ô vai, 
Entrade respetosos, entrade caladinos, 
N-a primorosa ermida d'a Virxe d'o Cristal. 

Si escasos de fortuna bicades a sua pranta; 
Si á visitala vades faltifios de salú, 
Secorrerávos logo a milagrosa santa; 
N-o mundo non liai outra que tefia mais virtú. 

De tristes agarinio, de probes esperanza, 
D'os namorados guia, sostén d'o labrador, 
Canto de Dios quixere, tanto de Dios alcanza; 
Non hai quen lie non deba consolos e favor. 

Cando eu era pequeno, por miíía nai levado, 
D'a aparición pedinlle a lenda celestial; 
Si cala deixo escrita non fòr d'o voso agrado, 
A culpa non botedes â Virxe d'o Cristal. 



il I ITH IH I riin I i I I I I I I I ■ . I ■ ■ . ■ ■ . . . . . T7 



UNHA BODA EN EINIBÓ 



— ^Cómo te chamas, rapaza? 

— Chámome Adega Silván. 

— jAy, Adega!... Entr'esas silvas 
Quixéram'eu enredar... — 

Tal dixo á certa minina 
Certo diano de rapaz, 
E dend'estonces antrambos 
Quérense á non poder mais. 
Todal-as noites de inverno 
N-as íiadas d'o lugar 
Están de groma e palique 
Dend'entón Adega e Brás; 
E non hai festa n-aldea, 
Nin precisión n-a cibdá, 
Onde xuntos non se atopen 
Un galán y-outro galán. 

Tomo I. 



66 M. CURROS ENRÍQUHZ 



Cando hai danza n-o turreiro, 
E Brás ô turreiro sai, 
E sempre Adega a primeira 
Que co'él ponse á bailar. 
Si ela vai â romaria, 
El â romaria vai; 
Si ela da un ichavo on cego, 
El outro ichavo ha de dar; 
Y-espello de namorados, 
D'o seu carifio en sinal, 
Si ela un caravel n-a boca 
Leva por causelidá, 
El outro caravelino 
Ha de, por forza, levar. 

Envexa de tod'as mozas, 
Cando xuntos vên ou van. 
Moitas â son d'o pandeiro 
Cantábanireste cantar: 

«Non te chegues moito â lume, 
Volvoretina real; 
Non te chegues moito â lume, 
Mira que te vas queimar.» 

Mais fan tanto caso d'esto, 
Tanto d'esto se lies da, 
Como si rousara un carro, 
Como si ladrara un can. 

Un ano pasóu y-outro ano 
Pra os namorados en paz; 
Si dinantes se querían, 
Quérense hoxe moito mais. 
A ley que os dous se tiveron, 
Temendo ô cabo faltar, - 
Porque toda corda creba... 
Por onde exprica ò refrán, 
Unha miaxa d'estado 



AIRES d'a mina terra 67 

Tratand'o fin de tomar, 
Adega h Brás d'esponsalIas 
Fixeron xuro formal, 
E pra casarse pediron 
Lisencia e vénia á seus pais. 



II 



Y-alí van de cara â igrexa, 
Ali van ambos á dous, 
Pol-os dous sogros gardados, 
Seguidos de seus abós: 
Ela de alegria foncha, 
El morréndose de amor, 
Parecían dous paxaros, 
Conforme un de outro á carón 
Mirábanse as furtadelas 
Cal si tiveran rebor. 

Adega estaba tan cuca. 
Que daba adimiración; 
De aqueles seus ollos negros 
Aumentábanlle ò negror 
A cofia y-a palramenta 
Y-a saya, que negras son. 
As mapolas d'os seus beizos 
Collían roxo inda mor 
D'o colar de coralinos 
Que ò noivo He regalou. 
«;Qué hermosa va^! — marmuraban 
Detrás d'ela aigús cliismós — . 
;Diol-o queira que che dure 
Moito tempo esa color!..." 

Pêro si ela en componerse 
Puxo todo ò seu tesón, 
Brás non vai menos composto, 



68 M. CURROS enríqubz 



Que atrás non se He quedou; 
Pois anqu'cra por agosto 
E queima que pasma ò sol, 
Leva unha capa tan longa, 
Que liou hai outra niillor. 
Qué calados n-a camisa! 
Que zapatos de mallós! 
Qué cutín ò d'a cliaqueta! 
Qué rizo ò d'o pantalón! 
Qué ben He di a escarapela 
Que cusida c'un línol 
Leva á un lado d'o chapeyo 
Desde d'as quintas librou! 
jTraballos que pra esculirse 
Pasara ii-aquel entón!... 
jMecineiros que o roubaron! 
jDineiro que He costóu! 

Mais aquelas agonias 
Pasadas, gracias á Dios, 
Todo pra Brás hoxe é groria, 
Felicidade y-amor. 

A par de Adega, moi teso, 
N-a igrexa ò rapaz entrou; 
Deulle â noiva auga bendita, 
Ouíunos ò confesor, 
E logo ò sefior abade 
Botóulles as bendiciós. 

Dende a vispera avisado, 
Por ser de uso en Einibó, 
Está esperando os cortexos 
O gueiteiro que chegou. 
E cando, por fiii, d'o tempro 
Saíron ambos á dous, 
D'a gaita u Uriliro, 
D'a caixa ô tromporrontrón. 



AIRES d'a mixa terra 69 

Caindo as doce d'o dia 
D'a espadaina n-o relox, 
Descontra á casa d'o noivo 
A patuleya marchou. 

m 

Mais xa de Brás n-a cocina 
Roxe o rixon n-a sartén, 
Ferven á cachón os potes 
E cheira á aurego e prixel. 

Perparada n-o sobrado 
Unha mesa d'oito pes, 
Con catro mantés cuberta, 
Porque non chega un manté, 
Fumegan enriba d'ela 
Três barcales, todos três 
De chourizos cugulados, 
Lacón e vaca, á escoller. 
Píinochas por onde queira 
De pan albeiro se ven, 
Bicas de centeo e millo 
Pra gusto de quen quixer; 
E n-un curruncho, con netos 
Alá por corenta e seis, 
Toupa de chea unha cantara 
De purrela como a mel. 

Chegados á casa os noivos 
Y- os convidados tamén, 
Fixeron a crus n-os pratos 
E puxéronse á comer. 
\0 que aquelas probes vellas 
N-os seus fillos se revén! 
iCas envidian os casados 
Os qu'están pra merecer! 



70 M. CURROS BNRÍQUEZ 



iQué olladas lie botan á ela, 
Qué oUadas He botan á él, 
Solteirifias e solteiros, 
Cando non-os ve ninguén! 

Mentras us falaban y-outros 
Non paraban de comer, 
Os pais d'os noivos deeían 
Quedino, con certo aquel: 

— O meu... leva unha xugada 
Y-un carro... ^,Y-a de vosté? 

— jUnha uchina chea... de honra! 

— Pois mire, abóndalle ben; 
Porque onde hai honra e saúde 
Estánlle' os millores bens. — 

Perdidos un pol-o outro, 
Trás de unha vez outra vez, 
Os noivos chúscanse ò ollo, 
Como ò que a cousa non quer. 
Alá, debaixo d'a mesa 
Rebulía non sei qué. 
Que Adega púxose roxa, 
Roxa como un caravel... 

<Marcha, can — decía unha vella- 
jHora ò demo onde te ves! 
Vaite roer pra outro lado, 
gOu seique tes gana de...?» 

N-esto, ò vino comenzaba 
N-as cholas á remexer, 
E bêbedos eles y-elas, 
Todos puxéronse en pe; 
Y-as xerras levando â boca 
Y-escurrichando ò pichei, 
O son pecador d'a gaita. 
Que toca tocatas cen, 



AIRES D'A mina terra 71 



Os convidados brindaron 
D'esta maneira cortes : 

«|Viva a noiva! jViva ò noivo! 
jVivan homiiio e muUer! 
jPor moitos anos se gocen, 
Por moitos anos, amén!» 

IV 

A francachela acabóuse, 
Que á fe que non foi ruin; 
Xa é de noite; a branca lúa 
Alá d'o ceo n-os confís, 
Entra un enxame d'estrelas 
Como almendras de Allariz, 
Inda luce que parece 
Un pandeiro de marfín. 

De frescos cheiros cargada 
Pasaba soprando a bris, 
Y-os paxarinos n-as polas 
E n-as chousas a perdiz. 
N-os seus buracos os grilos 
Y-as ovellas n-o cubil, 
Us c'os seus roncos cantares 
Y-autros con trinos xentís, 
Compuiian unha armunía 
iQu'era o que habia que ouir! 
Parece qu'a Naturaleza, 
Nai querendosa e felís, 
Daba ò parabén ôs noivos, 
Qu'eran esposos por íin. 

jMirainos! O son d'a gaita, 
D'o bombo e d'o tamburil, 
Están bailando a muiiieira 
El y-ela ô pe d'o patín. 



72 M. CURROS BNRÍQUEZ 

jCómo él torce aquelas pernas! 
jCómo ela estroza ò mandil! 
jCómo recolle él a faixa! 
jCómo ela move os cadrís! 

Arredor d'eles, en roda, 
Mozos e mozas ali 
Bailan tambén, entramentres 
Que pegando atruxos mil, 
Esmoen ò pan da boda 
Un fato de pelingrís. 

Tanta alegria mirando, 
Os vellos sin dentes rin, 
E senten non tel-as pernas 
Pra choutar e rebulir. 

Erguen cen nubes de polvo 
Co'as chancas os bailaris, 
E tanto castailetexan, 
Que naide s'entende ali. 

Gueiteiro que mais ben toque 
Nunca en Einibó se viu, 
Que anque toca á secas, toca 
Que non hai mais que pedir. 

Vendo como repinica 
N-aquel punteiro sutil, 
Todos quédanse asombrados 
Un istante sin sentir. 

E cando ò cabo, repostos 
D'o asombro, volven en si, 
Perguntan todos: «^Y-os noivos?» 

jVai bôa! |Nin c'un candil! 



I I I I 1 1 I I I I I 1 1 I I I 1 1 I I 1 1 I I I I I I I I I I II II 



o GUEITEIRO 



Sempre pol-a vila entraba 
Con aquel de senorío. 

Rosália de Castro. 



Dendesd'o Lerez lixeiro 
As veigas que ò Miíio esmalta, 
Noii houbo n-o mundo enteiro 
Mais arrogante gueiteiro 
Que ò gueiteiro de Penalta. 

Sempre retorcendo ò bozó, 
Erguida sempre a cabeza, 
Daba de mirai- o gozo: 
Era un mocifio..., jqué mozo! 
Era una peza..., jqué peza! 

Despois do tempo pasado, 
Pasado pra non volver, 
Como un profeta ispirado, 
Inda m'o parecer ver 
N-a festa d'o San Trocado. 



74 M. CURROS ENEÍQXJEZ 



Calzón curto, alta monteira, 
Verde faixa, albo ehaleque 
Y-o pano n-a faltriqueira, 
Sempre n-a gaita parleira 
Levaba dourado fleque. 

Non houbo home mais cumprido 
No mundo, de banda á banda; 
Nin rapaz mais espilido, 
Con mais riqueza vestido, 
Nin de condición mais branda. 

Pr'as festas e romarias 
Chamado todol-os dias, 
Topábase dondequeira, 
Anque p«r certas porfias 
Solo tocaba a muiueira. 

Pois, como poucos teimado, 
Cando unha venta lie pega, 
Xura que pra ò seu agrado, 
Non se ten inda enventado 
Múseca como a gallega. 

Neno era eu cando él vivia,. 
Mais non-o podo esquecer. 
;0 qu'él n-a gaita sabia! 
jO qu'él e'os dedos podia 
N-aquel punteiro faguer! 

Cando n-as festas maores 
Era esperado ò gueiteiro, 
Botábanlle as nenas frores, 
Ledas copras os cantores, 
Foguetes ò fogueteiro. 

Trás d'él, en longa riola, 
D'a gaita ò compás levando 
Con infernal batayola, 



AIRES d'a mina tbrua 75 



Iban correndo e choutando 
Os rapacinos d'a escola. 

Nunca se puido avriguar, 
Véndolla repinicar, 
Por qué, ô son d'a gaita ouíndo, 
Cantos bailaban sorrindo, 
Acababan por chorar. 

Pro cando él n-o turreiro, 
Cal n-a trébede a Sibila, 
Pegaba ò pio primeiro, 
Daban ô vento ò sombreiro 
Todol-os mozos d'a vila. 

Comenzado ò baile entón, 
Cousa era pra ademirar 
Aquel semblante bulrón, 
Aquel aire picarón 
Y-aquel modo de mirar. 

Y-era de ver con qué trazas, 
Sin faguer pausas nin guinos 
Nin caso d'as amefiazas, 
Furtaba un bico âs rapazas, 
D'os noivos diante os fucinos. 

Ninguén soubo frolear 
D'o xeito qu'él froleaba: 
Verlle a muiileira botar, 
Era unha nube mirar 
De anxeliiíos que pasaba. 

Xentil, aposto, arrogante, 
En cada nota ò gueiteiro 
Ceibaba un limpo diamante 
Que logo n-o redobrante 
Pulía ò tamburileiro. 



76 M. CURROS ENRÍQUEZ 

gQué Orfeo se lie igrualaba, 
Si mesmo, dentro d'o foi 
Que e'o cóbado apertaba, 
Parecia que cantaba 
Escondido un rousiuol? 

Múseco á un tempo e poeta, 
Algunha fada secreta 
Tina con que con movia, 
Pois nunca de unha palíeta 
Saiu tan doce armonia. 

Tocaba..., e cando tocaba, 
O vento que d'o roncón 
Pol-o canuto fungaba, 
Dixeran que se queixaba 
D'a gallega emigración. 

Dixeran que esmorecida 
De door a pátria nosa, 
Azoutada, escarnecida, 
Chamaba, outra Nai chorosa, 
Os íillinos da sua vida... 

Y-era verdá. ;Mal pocada! 
Contra un penedo amarrada, 
Cravado un puííal n-o seo, 
N-aquela gaita lembrada 
Galicia era un Prometeo. 

Un Prometeo cantando 
Eternas melanconías; 
Sempre un consolo agardando 
E sempre as bágoas chorando 
D'o desdichado Macias. 

Por eso, cando á tocar 
Se puna ò gueiteiro lindo. 



AIRES d'a mina terra 77 



Cantos vinan pra bailar, 
S'escomenzaban sorrindo, 
Acababan por chorar. 

Por eso en vilas y aldeãs, 
Por xentes propias y-alleas 
Era aquel home estimado, 
E por todos saudado 
En caminos e vereas. 

Por eso, dond'él chegaba 
Dábanlle citas de amores 
As mozas po»qu'él toleaba, 
E sempre â mesa xantaba 
D'os abades e priores. 

Que dende ò Lerez lixeiro 
As veigas que ò Mino esmalta, 
Non houbo n-o mundo enteiro 
Mais arrogante gueiteiro 
Que ò gueiteiro de Penalta. 



I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I iTTTTi I I I I I i I I I I I 11 I I I 



A PRIMAVEIRA 



Ahí ven ò tempo de mazal-o lino, 
Ahi ven ò tempo d'o Uno mazar, 
Ahí ven ò tem {30, rapazas d'o Mino, 
Ahí vea ò tempo de se espreguízar. 



(Cantar ff o povo.) 



Como a minina tola 
Que sai por ves primeira 
Con dengue e muradana 
Pr'a festa d'o lugar, 
Así xentil y-aposta 
Vai vindo a Primaveira, 
Grinaldas de craveles 
Vertendo ô seu pasar. 

Xa encima d'os penedos 
Non berra ò graxo rouco, 
Que alá n-as negras noites 
As névoas espallóu, 
Nin funga n-as troneiras 
O son d'o vento louco, 
Que cantigas de bruxas 
E trasgos remedou. 



AIRES D'A MliJA TERRA 79 



Xa se ouce ò pio alegre 
D'o paxarino tenro, 
Perdidol-os seus ollos 
N-a estrela d-a manán, 
Y-as nubes sacudíndose 
D'as brétemas d'o inverno, 
Vestidas de ouro e nacre 
Pol-o hourizonte van. 

Os árbores espidos 
De fruto e de ramaxe, 
Cubertos xa de folia 
Comenzan á dar fror; 
Y-â sombra agachapado 
D'o prácido follaxe, 
Mentres que ò gando garda, 
Fai chifros ò pastor. 

Xa de amarelo e branco 
Se pintan os outeiros; 
Xa nacen n-as silveiras 
As frores de San Xoan; 
Xa crecen n-os valados 
As hedras y-os loureiros; 
Xa ten carroucha ò millo, 
X'as vides gromos dan. 

Ahi ven pr'os probes vellos 
Sin sangue xa e sin vida, 
A fogueirada ardente 
Qu'esparxe a lus d'o sol; 
Ahi venen pra os poetas 
D'ispiración garrida, 
As cheirosinas auras 
Y-a vos d'o rousiúol. 

Ahi venen pra os cortexos 
As noites feiticeiras 



80 M, CURROS ENRÍQUBZ 

D'os fúlxidos luceiros 
O maino relumbrar; 
Ahí venen pra os rapaces 
As moras d'as silveiras, 
Y-o tempo dos gandulos 
Que ninos van buscar. 

;Ay, estación frorida, 
Gallarda Primaveira, 
Quén pra botarche copras 
Tivera o que non ten!... 
Co corazón ferido, 
Sin lira garruleira, 
gQuén te cantou, hermosa?... 
^Quén te cantóuV... jNinguén! 



I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I II t I II I I II I I I I I I I I I I I I I ;i I' 



O MAYO 



Aqui ven ò mayo 
De f ror es ciiherto... 
Puxéronse â porta 
Cantándome os nenos; 
Y-os puclios furados 
Pra min extendendo, 
Pedironme croças 
D'os meus castineiros. 



Pasai, rapacinos, 
Calados e quedos; 
Que o qu'é pol-o de lioxe 
Que darvos iion teno. 
Eu son vol-o probe 
D'o povo gallego: 
jPra min non liai mayo, 
Pra min sempre é inverno!. 



TCMO I. 



82 M. CURROS BNRÍQUBZ 



Caiido eu me atopare 
De donos liberto 
Y-o pan non me quiten 
Trabucos e prestamos, 
E com'os d'o abade 
Frorezan meus eidos, 
Ciiegado habrá estonces 
O ma3''0 qu'eu quero. 



^,Queredes castaiías 
D'os meus castifieiros?... 
Cantádeme un mayo 
Sin bruxas nin demos; 
Un mayo sin segas, 
Usuras nin preitos, 
Sin quintas nin portas, 
Nin foros, nin cregos. 



<..| I .1 I. I |. rlUM.il. |i:|..|i.|.li;|,.|Jli;l'.|l.|.llllill'.lllll!llílllll JLIilllil.il ■l;ir'l'i|'J I..J.||,i|,il: Jl;l , ,, 



BEN CHEGADO 



jQué doce e deleitoso 
E d'un pai ò desvelo cando â veira 

D'o seu leito d'esposo, 

Vai oír pracenteira 
D'o seu primeiro filio a vos primeira! 

, jQué argullosa ufania, 
Que mundo dllusiós e de contento 

Acode â fantesía, 

Y-en tan felís momento 
Encolle ò corazón y-o pensamento! 

Heme aqui retirado 
D'o meu lar n-o curruncho escurecido, 

Contando, o son pausado 

D'a péndola, ò batido 
D'o corazón de amor estremecido. 

Chega hastra min, profunda 
Como a tétrica queixa lastimada 
De cerva morimunda, 



84; M. CURROS ENRÍQUBZ 

Solouzante e cansada, 
A vos dorida d'a muUer amada. 

Mais d'os seus beizos roxos 
Envolto n-os sospiros de amargura, 

Trégola ôs meus enoxos, 

Un ánxel d'liermosura 
Bríndam'eterna, celestial ventura. 

jAh! Deixa que treidores 
Ceiben en ti, muller, sua sana impía 

Os maternas doores; 

Que canto múis sombria, 
Mais trás d'a noite nos feitiza ò dia. 

Sofre en calados ayes 
O mais grande tormento conecido. 

jSofre!... jiVlanán, quizayes, 

Darás por ben sofrido 
Ese, que a ninguén outro é parecido! 

gQuén sabe, ô fin, se a estrela 
Que vai lucir n-o noso triste ceo, 

Purísima e sinxela, 
Astro chegará á ser que de lus cheo 
Os nosos dias enfeitice arreo? 

gQuén sabe si, puxantie, 
Esa pranta que brota hoxe d'a terra, 

Erguéndose trunfante 
Sobre canto de pobre e ruin encerra, 
Arbol será de paz trás tanta guerra? 

Ven, filio d'a min'alma; 
Chega, chega, e non tardes, meu querido: 
A humanidá sin calma, 



AIRES DA MINA TERRA 



O mundo en servidumbre sumerxido, 
Nado inda non, saúdante ben vido. 

E ben chegado seas, 
O meu colo tamén, ;mina delicia!, 
íQue inda mesmo sin vida me recreas, 

Falangueira e propicia 
A min'amante e paternal caricia! 

Namentres, noite, pasa, 
Pasa, eses teus luceiros apagando: 
Linda é a lúa; mais sua lus escasa 

Agoiro fora infando 
O berce d'o meu neno alumeando. 

Pasa noite d'as fadas, 
En que Dios dorme e se acobarda a xente; 

Que as párpedas pechadas 

D'o meu rolo inocente 
Quérense ô rayo abrir d'o sol fulxente. 

;Ouh, sol! Ti, qne atesouras 
A lus que esparxe a bréteraa sombria; 

Ti, que os outeiros douras 

E inundas de armonía 
O ceo, a terra, a mar, a tarde, ò dia; 

Pol-a xigante lomba 
Érguete á ver ò meu minino, quedo, 

Cal namorada pomba 

Que pol-a maná cedo 
Leva ôs fiUos calor n-o bico ledo. 

D'o mundo n-os lumiales, 
;Ouh, sol!, jsol inmortal!, meu neno espera 

Teus rayos celestiales... 

;Si cara á ti nacera, 
Non cara â noite, cara á ti correra! 



86 -M. CUKKOS enríqui:/- 



iQue cando eu á esta vida 
Abrín os ollos, triste noite escura 

Cubríume enloitecida, 

E d"esa noite impura 
Inda os crespos arrastro y-a tristura! 



iiiiii'iíi..ri"ij:i i:| I in'iiiii'iiiiiii"iii|:i|iiJiii'i|.:ii'i!i;;i:i i .j iiii'i i'i i i': riiii|i mrm.Mr j— 



íAY!... 



(1) 



gCómo foi?... — Eu topábame fora 
Cando as negras vixigas He deron; 
Pol-o aramio sua nai avisóume 
Y-eu vinme correndo. 

jCoitadino! Sintindo os meus pasos 
Revolveu car'á min os seus ollos. 
Non me viu... e chorou..., {ay!; xa os tina 
Ceguinos de todo. 

Non me acordo que tempo m'estiven 
Sobre ò berce de dôr debruzado; 
Solo sei que m'erguín c'o meu neno 
Sin vida n-os brazos... — 

Volvoreta de alinas douradas 
Que te pousas n-o berce valeiro, 
Pois por él me preguntas, xa sabes 
Qué foi d'o meu neno. 



(1) Véase nota dei recopilador, que figura en el índice de notas. 



> I I I I I I I I t I I ' ■ m I II I I I I I I I I II II I II I I I I I I I I I I I I I I I I 



NA MORTE DE MINA NAI 



Doce malenconía, mina Musa, 
D'o meu esprito noiva feiticeira, 
iDéixame que lioxe n-o teu colo dorma 
Sono de pedra! 

Nunca, reiciiía, nunca como agora 
Falia íixéronme os teus bicos mornos: 
Choveu por min ciiuvia de sangue, e trayo 
Frio n-os òsos. 

Quéntame ti, que tiritando veno. 
Ti, que d'o peito cural-as feridas, 
jAmiga xenerosa d'os que sofreu, 
Malenconía! 

Tope min'alma, â sombra d'os ciprestes 
Que os tristes ermos d'as tuas illas cobren, 
O esquecemento qu'en ningures hacho 
Pr'os meus doores. 

Fai que ô rumor d'os teus regueiros, brando 
Se adormezan meus tristes pensamentos. 



AIRES d'a mina terra 89 

jSon un orfo!... Agarímame ô teu colo... 
Xa outro non teno. 

jXa outro non teno en que pousal-a frente, 
Pol-as arrugas-d'o pesar sulcada; 
Xa outro non teno que amargura enxugue 
D'as minas bágoas! 

Nai, jadorada nai!, mártir escura, 

Branca pombina, arruladora e tenra, 

jAy! Si souperas como me deixabas... 

Non te morreras. 

Dende que te perdín, a terra, ò ceo, 
Todo é pra min d'a mesma côr d'a morte. 
O sol non me alumea, nin os campos 
Pra min tên frores. 

Cal sobre os condenados a paulina, 
Caiu sobre min'alma eterno loito; 
Todo me amarga, liastra ò aire que respiro; 
Dáname todo. 

D'o corazón fuxiume esa alegria 
Qu'é n-as frores aroma e vos n-os paxaros, 
Y-andan por dentro d'o meu peito os corvos 
Arrevoando. 

jCómo recordo aquelas noites craras 
En que ô falgor d'a prateada lúa 
Me arrulaba o sono d'os teus cantos 
Co'a doce múseca! 

jCómo recordo aquelas tardes tristes 
En que os tronos sintindo nos rezábamos 
Por que Dios leve os probes mariiieiros 
A porto salvo; 



90 M. CURROS ENRÍQUEZ 

Fol-Ob uecesitados camifiantes, 
Pol-os vellos si 11 pan e sin abrigo, 
Pol-os neiios sin pai..., abandonados..., 
Como os teus fillos! 

;Ay! Eu tamén rezar quixera agora 
Por ti, de tanto amor en xusto pago; 
Mais dende que te fuches, mina ruía, 
jTeíio un cansando!... 

Malenconía, Musa d'os doentes, 
D'o meu esprito noiva feiticeira, 
jDéixame que hoxe n-o teu colo dorma 
Sono de pedra! 



' 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 II I II II I' 



os MOZOS 



jQué triste está a aldeã, 

Qué triste e qué sola! 
[A terra sin frutos, a feira sin xente, 

Sin brazos ò campo, 

Sin neiios a escola, 
Sin sol ò hòurizonte, sin fror a semente! 



A pedra y-as nubes 
A sembra arrasando, 

Agoiran un ano de fame sombria; 
Sin pan os labregos, 
Nin herba pra ô gando, 

gQué vai á ser d'"elps n-a crua invernia? 



Manadas famentas 
De lobos monteses 
Baixaron d'as chouzas na noite calada, 



92 M. CURROS ENRÍQUEZ 



E postos en ringla, 
Cos ollos acesos 
Aeenan d'os probes pr'a porta pechada. 



Mocinos honrados 

De sangue bravia, 
Si ô mal d'os petrucios non fordes alleos, 

Librádeos d'a morte, 

jFacei montaria 
N-os lobos da terra, n-os lobos d'os ceos! 



II 11 1 1 1 1 1 III III 1 1 1 1 1 1 1 1 11 1 1 1 1 11 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 II I 



CANTIGA (^) 



~= J^a-sarétB-ftflbã-ftoíte- sentada 
O refrexo d'o branco luar, _ ' 

Unha nena choraba sin^trégoias Q'^^ 
Os desdés d'un ingrato galán. 
Y-a coitada entre queixas decía: 
«Xa n-o mundo non teno ninguén; 
Vou merrer e non ven os meus ollos 
Os olliiios d'o meu doce ben.> 

Os seus ecos de malenconía 
Caminaban n-as alas d'o vento, 

Y-o lamento 

Repetia: 
«jVou morrer e non ven ò meu ben!» 

Lonxe d'ela, de pe sobre a popa 
D'un aleve negreiro vapor, 
Emigrado, camino de América 
Vai ò probe, infelís amador. 



/ 



(1) Véase un curioso apêndice puesto a la nota dei autor, que 
existe en el índice de notas.— ("iV. dei E.) 



94 AI. CURUOS ENRÍQUEZ 



Y-o mirar as xeutís andurifias 
Car'á terra que deixa cruzar: 
«jQuén pudera dar volta — pensaba— 
Quén pudera con vosco voar!...» 

Mais as aves y-o buque fuxían 
Sin ouir seus amargos lamentos; 

Solo os ventos 

Repetían: 
^jQuén pudera con vosco voar!» 

iNoites craras, d'aromas e lúa, 
Desde entón jqué tristeza en vos hai 
Prós que viron chorar unha nena, 
Pr'os que viron un barco marchar!... 

D'un amor celestial, verdadeiro, 
Quedou solo de bágoas a proba, 

Unha coba 

N-un outeiro 
Y-on cadavre n-o fondo d'o mar. 



I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I II I I I I I, I I I II I I I I I LI I I I I I I I I I I 



A IGREXA FRÍA 



Por cima d'os agros, 

D'o monte no médio, 

Levántase ainda, 

Hidrópico e negro, 
Cal xigante hipopótamo mortj). 

De vermes cuberto. 
Rodeado de tréboas e gramas, 
O lombo deforme d'o vello mosteiro. 



Das torres as rexas 

Agullas de ferro, 

Queixarse parecen 

D'a marcha d'os tempos; 
E de cote paradas e inmobres, 

Semellan os dedos 
D'iinha mau de Titán que anda en busca 
D'o rayo que tarda, d'as iras d'o ceo. 



Dend'alta campana 
Cai inda en anelos 



96 M. CURROS ENRiQUEZ 



A forte cadea 

Con triste bambeo. 
Cando â posta d'o sol, d'as montanas 

Azóutana os ventos, 
Unha serpe arremeda encantada 
Que gard'as rúinas fungando e tecendo. 



Os pelos de punta 

N'a mau c'un coitelo, 

Co sangue lixado 

D'os probes viaxeiros, 
Tempos houbo en qu'aquí buscar vina 

Seguro y-achego 
O ladrón d'os caminos, que os frades 
Que á Praga queimaban, en ^alvo puxeron. 



De monxe vestido 

Como eles ò reo, 

De réprobo á santo 

Pasóu n-un dia mesmo; 
E, d'a gorxa que ser debería 

Tallada n-un cepo, 
A paulina saiu qu'excomulga 
O insine Colombo y-o gran Galileo. 



As virxes, forzadas; 

Os probes, valeiros, 

Pedían namentres 

Socorro e remédio; 
Y-a Xusticia, escudeiro mal pago 

D'o crime sanguento, 
D'o sagrado n-a porta quedaba 
De rabia e de colara os dentes batendo. 



AIRES d'a mixa terra 97 



N-os íneus solitários 
Nouturnos paseos, 
Sucédeme âs veces 
Chegar ô mosteiro; 
E caretas facéndQm'estonces 

D'a lúa ô refrexo, 
Unha negra visión, d'entre as ruinas, 
*;Qué tempos!*, me dice; y eu digo: «jQué 

[tempos!* 



Tomo I. 



iVi|iii;|ii|j^riljv|.,riirTiit-ri-|.:|iit.iiririi,|iin|pjiiiiiiiíiii,,iiiinrjii.„.ij,i;i.,,.T,.., ,,, ,,,.,. ^ 



SAÚDO 



jOuh!, meiga, cibdá (i'a Cruila, 
Cibdá d'a torre herculina, 
De xeneraciós recordo 
Mais fortes que as de hoxe en dia; 
Cibdá que por sobre os mares 
Erguel-a cabeza altiva, 
Cal onte n-as tuas murallas- 
O brazo de María Pita: 
^.Qué tês n-ese teu recinto, 
Qué tês pr'os que te visitan, 
Que conecerte non poden 
Sin que deixarte non sintan? 

Tempos houbo en que revolto 
N-a loca redemuiíia 
Que pol-a terra me leva 
En direución nunca fixa, 
Dia e noite alumeado 
Por unha estrela maldita, 
Deixando d'os pátrios lares 
As gasalieiras delicias, 



AIRES d'a mina terra 99 



Pisei teu chau, de camino 
Pra mais aleixados crimas. 

Páxaro novo soiíara, 
Cando iiin pruma inda tina, 
Voar de un ceyo en procura 
Mais grande que ò de Galicia; 
Pêro non ben d'as tuas prazas 
Pasei sobre as pedras limpas, 
Non ben d'eses teus verxeles 
Os frescos cheiros sentira, 
D'os teus aires namorado 
Que embebedan e feitizan. 
Renunciei terras extranas 
Y-amor pedinche e caricias, 

Nai carinosa, ti décheme 
Canto darme entón podias: 
Consolo pr'as minas bágoas, 
Pr'os meus males medicina; 
E inda esquecerme non pnden 
D'as tuas saladas brisas, 
Que me ourexaban a frente 
Por fogo de febre ardida. 

Era eu neno, si, moi neno, 
E por esas prayas iba 
Collend'o nacre das cunchas 
Que n-as tuas orelas brihin. 
Rison'o sembrante murciío 
— Que xa murcho entón o tiiía- 
N-un bote me bambeaba 
D'o Orzán sobre as ondas rizas. 
jAy! N-ese mar tormentoso, 
Que non de Tirteo n-a lira, 
A estrofa enérxica e fera 
D'a liberta deprendía. 



100 M. CCTRROS ENRÍQUEZ 



Dotáronme d'alma ardente 
As auras que che dan vida, 
De firmeza n-o infortúnio 
Os podrouchos d'as tuas illas. 
Ti fuches quen me falaciíes 
D'extrana maneira místeca, 
D'este santo amor d'a pátria 
Que se sente e iion se exprica. 

Era eu neno, si, moi neno, 
Cando por teu chau corria, 
Hóspede que inda sin nome 
Regalabas compasiva... 
jCrufia, Cruúa! Cal fuxiron 
Aqueles prácidos dias. • 
Hoxe non me coneceras 
— Tan outro son — si me viras. 

Alma vella en corpo novo, 
O que un recordo ch'envía, 
Dinantes que dependure 
D'un negro cipreste a lira, 
Cantarciíe quixera cantigas 
De tantos feitizos dinas; 
Mais min'arpa non ten cordas 
De amores nin de alegrias, 
E solo tristes salayos 
As poucas que quedan guindan; 
RecoUeos, cibdá sagrada; 
N-eles os carinos vibran 
De min'alma que te adora, 
De meus beizos que te bican. 



I I I I I I I 3 1 I I I I I I S ' I e ' t I ' l:il I M « I' 1 I IH I I I I i I I 1 I' HHIH. I |i 



NOUTURNIO 



D'a aldeã lexana fumegan as tellas; 
Detrás d'os petoutos vai póndose ò sol; 
Retornan pra os eidos co'a noite as ovellas 
Tiscando n-as veiras ò céspede mol. 

Un vello, arrimado n-un pau de sanguino^ 
O monte atravesa de cara ò pinar. 
Vai canso; unha pedra topou n-o camino 
E n-ela sentóuse pra folgos tomar. 

— jAy!— dixo— , jqué triste, 
Q.aé triste eu estou! — 
Y-o sa]30, que oía, 
Repuxo: — ;Cro, cro! 



jAs ánemas tocan!... Tal noite como esta 
Queimóusome a casa, raorréume a muller; 
Ardéume a xugada n-a corte y-a besta, 
N-a terra a semente botóuse á perder. 



102 M. CURROS ENRÍQUFZ 

Vendia pra os trabucos vacelos e hortas 
E vou pol-o mundo d'entón á pedir; 
Mais cando non topo pechadal-as portas, 
Os cans sáyenin'elas e fanme fuxir. 

— Canta, sapo, canta: 
Ti 3''-eu jsonios dous!... — 
Y-o sapo, clioroso, 
Cantaba: —iCro, cro! 



Solinos estamos entrambos n-a terra, 
Mais n-ela un buraco ti alcontras y-eu non; 
A ti non te mordeu os ventos d'a serra, 
Y-a min as entranas y-as ôsos me rôn. 

Ti nado n-os montes, nos montes esperas, 
De cote cantando, teu térmeno ver; 
Eu nado entre os homes, dormendo entre as fe- 
E morte non liaclio, si quero morrer. [ras, 

— Xa tocan... Recemos, 
jQue dicen que hai Dios!... — 
El reza, y-o sapo 
Cautaba: — iCro, cro! 



A noite cerraba, y-o rayo d'a lúa 
N-as lívidas cumes comenza á brilar; 
Curisco que tolle n os árbores brúa 
Y-escóitase ô lexos ô lobo ouvear. 

O probe d'o vello c'os anos cargado, 
Erguéuse d'a pedra y-o pau recado u;- 
Virou pra os ceos ò puno pechado, 
E cara ôs touzales rosmando marchou.. 



AIRES d'a mina terra 103 



Cos ollos seguindo-0 
N-a escura extensión, 
O sapo quedóuse 
Cantando: —jCro, crq! 



"Ill III llll tSt I I I I I I I II II II I I I I I 



MIRANDO GHAU 

(IMITACIÓN DE BÉRANGER) 



Dios, non atopando 
Cousa en qu'eiitreterse, 
Farto d'estar solo 
Cavilando sempre 
En forxar cadeas, 
Traballos e pestes, 
A razón buscando 
Y-a causa en que pende 
Que tan poucas almas 
Pol-as portas ll'entren, 
D'o seu paradiso 
Deixand'os verxeles, 
Saléu de apaseo 
Certa maná quente 
D'o reuma e d'a gota 
Por esparexerse. 
Como é Xa vellino 
Y-o coitado vese 
Tocante á saúde 
Moi pouco valente, 
Cansóuse ôs dous pasos 



AIRES d'A mina terra lOÕ 

Mais como ali arrentes 
Topase un asento, 
Sentóuse, y-alegre, 
Por cima d'as nubes 
Asomando a frente 
Y-a terra buscando 
Cos ollos celestes, 
— / Caráspeta ! — dixo 
Falando entre dentes—; 
Si dou c'o ese mundo, 
Que ò demo me leve. 

Debéu d'a atopalo, 
Se ò conto non mente, 
Porqu'él dali á pouco 
Quedou como a neve, 
Cos ollos cravados 
Que espantan e feren. 
N-un bulte que iííoro 
S'é d'home ou de verme. 
]\Iiróuno dispacio 
E viu qu'era un ventre 
Côas sedas vestido 
Mais ricas de Oriente. 
N-un sólio sentado 
Qu'envidian os reises, 
Y-en capa revolto 
De tépedas peles, 
Ceibando saudabres 
Arrotos d'henchente, 
D'a terra, sua escrava, 
Recolle os presentes; 
E si hai algún louco 
Que, probe ou rebelde, 
Dineiro non teiia 
Y-a darllo se negue, 
O ventre que, mudo. 
Falar sabe âs veces, 



lOf) M. CURROS ENRÍQL-EZ 



Con sólo que diga: 

<iPaulina ii-o herexe!», 

O herexe é borrado 

D'a lista d'a xente, 

Mirand'este monstro, 

Dios dixo entre dentes: 

— ;Bah, hahl... Si 'tu es Petrits- 

Que ò demo me leve. 

Volvend'autro lado 
Sua testa solene, 
Mirou levantarse, 
Rodeado de plebe 
Qu'espera ô verdugo, 
D'él ríndose mentres 
O ixm — , a cucana 
D'a festa d'os xueces. 

A vítima chega; 
jQuizáis é un imbecil; 
Quizáis nacéu tolo, 
Quizáis é inocente!... 
Millor que matalo 
(Qua morte é un berce 
Dondliome, gran neno 
Descansa pra sempre), 
Millor que matalo 
Tal vez convinese 
Metelo n-o fondo 
De catro paredes. 
Ou, preso unli'argola 
Que â terra o suxete, 
Mandalo abrir montes 
E furar tuneles, 
Dicíndolle: «Sofre, 
Traballa e mantente, 
Y-a liberta chora 
Que ti non quixeches.» 



AIRES d'A MINA TERRA 107 



Mais non: é preciso 
Que morra ò que peque, 
Y-o criminal morre... 
Y-o crime repétese. 
Parvo á tal escândalo, 
Dios dixo entre dentes: 
— Si cif esto é XHsticia, 
Que ò demo me leve. 

Suspenso y atóneto, 
Non lexos moverse 
Mirou de labregos 
Un fato misérrime. 
De malas patacas 
Mantidos, con leite, 
Mais ben que non homes 
Fantasmas parecen, 
De cote fozando 
N-a codia terrestre. 
Toupeiras tiumanas 
Que furan as seves, 
O sangue d'as venas 
Perdendo á torrentes, 
Traballan sin folgos 
Un chau que n'é d'eles. 
Traballan... y-o fruto 
Que trás doce meses 
De loita recollen 
D'os eidos que atenden, 
Meta pr'o dominio, 
Meta pr'os lebreles 
D'o fisco e d'a cúria, 
Todinol-o perden, 
Quedándose ô cabo 
De tantos riveses 
Sin pan pra os seus fillos 
Nin grau pr'a semente. 
Y en tanto n-aldea 



108 M. ClMiUOS KXItiQUBZ 



Tod'esto acontece, 

•Leis liai — din os ricos — 

Que ôs probes protexen...^ 

— íQuó leis nin qué rayos! 

— Dios dixo entre dentes - 
Si vcden ires pitos, 

Que ò demo me leve. 

Non para inda n-esto 
O que ò chau IFofrece; 
Que á través mirando 
D'as suas gafas verdes, 
Viu deitarse méndegos 
Que s'erguen marqueses; 
Tal cias d'escrituras 
Firmar indixentes, 
Que ô cabo dun ano 
Non tenen albergue; 
Soldados cobardes 
Chegar á ser xefes, 
E morrer sin groria 
Os mais grandes héroes; 
Pasar por honrados 
Os que honra non teuen, 
Por santos os pillos, 
Por xustos os debles; 
Subir ôs altares 
Os que â forca deben, 
Y-arrastrar carroza 
Quen debe un grillete; 
Chegar á podrosos 
Venteiros d'aceite, 
E comprar ò ceo 
Prestando á intereses. 
Vendo esto, Dios dixo 
Contra ò seu chaleque: 

— Si che outra vin nunca. 
Que ò demo me leve. 



AIRES d'a mina terra 109 

Con noxo deixando 
Tantas cativeces, 
Inda n-outras cousas 
Parou Diol-as mentes. 
Viu maios gobernos 
Que falsos y-aleves 
Co xugo d'os povos 
Engordan e crecen; 
Gregos que, feroces 
Como cans doentes, • 
Cun fusil ô lombo 
Predican ôs fieles; 
Ricos que, roubando, 
As gavetas henchen; 
Médecos das quintas 
Que dan por encrenques 
(Mediante catr'onzas, 
Cando non son sete) 
Mocinos que ô cabo 
Tocan ò pedengue, • 

A seus pais perdendo 
Co aforro que perden; 
Homes esfameados, 
Emporras muUeres, 
Espigados nenos 
Que no saben lêre, 
Y-en íin, cantas cousas 
Que non deben verse. 
Que Dios, harripiado, 
Y-as cruces facéndose, 
Conecid'a causa 
De que ò inferno medre, 
Metéuse n-a groria 
Decindo entre dentes: 
— S'eti fíxen tal mundo, 
Que ò demo me leve. 



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AS CARTAS 



— Pende, iiena, esa foupa, e bota iena 

Pra que arda ben ò lar: 
Teu pai ven esta noite, e cando vena 
Vaise querer quentar. 

— jDiol-o saque con ben d'esta xornadaf 

— jAmén, filifia, amén! 

Xunta, xunta esa cinza esparramada 

Pra que se quente ben. 

— gCántas bestas levou? — Todal-as suas 

Y-os potros de Pardal. 

— Pois d'esta somos ricos... Sete e duas, 

jNove cargas de sal! 

— ^Ricos?... ;Ay, ogallál; nadia ch'é rica 

Co'esta contribución. 

— Nove cargas de sal á três e pico, 

gCántos pesos compón?... 



AIRES d'A mina terra 111 



II 



Así, ô calor d'amortecida lume 
Falaban filia e nai, 
Mentras, c'o vento reloitando, ò fume 
Pol-a troneira sai. 

E d'un candil, com'o candil d'a morte, 
O fusco resprandor, 
Buscou a nai n-unha baraxa a sorte 
De seu ausente amor. 



III 



Alegre, por caminos, n-a cie copas 
Pensando... — Esta son eu. 
Por entrliomes d'espaãas... — ^Serán tropas? 
Con fortuna rotnpéti... 

^Rompeu?... Pois asosega, non fespantes, 
Nin tremas, corazón. 
Xo..., ben mirado, as cartas pr'os amantes 
;Qué gasalleiras son! 

Peligros con vitoria, cavilando 
En prendas de valer... 
^Logo salvárons'él y-o contrabando?... 
jQuén cii'o verá correr! 

jPero, cala! Trás d'él, con picardia, 
Catr'homes d' armas van: 
Disgracia n-unha vreda.— jAve Maria! 
iQué cousas m'lioxe sân! 



112 M. CURROS BNRÍQUBZ 



jBah! Por forza anda mal esta baraxa. 
jMalia quen'a en ventou! 
Sempre prenosticándome a mortaxa, 
E sempre m'engafióu. 

^Nono digo?... Petando están â porta. 
Vai abrir, nena, vai, 
Entramentres que atizo a lume morta 
Pra se quentar teu pai. 



IV 



jNon mintían as cartas, non mintían! 
Cando a minifia abriu, 
Dar crêto, á fe, seus ollos non podían 
O que ali estonces viu. 

Pol-os gardas fronteiros atrapado. 
Vindo de Portogal, 
Entrou, sobr'unha besta esmiólado, 
O traficante en sal. 



llilllllllllllllllll!ilMlNIIJIIIiílllllillll.illillllJlllllllllllllllll!l|i|illl|:|lllll'lMlllllllllll'llllllln|i||;lllllllllllllllllim^^^^^^ 



PELEGRINOS, Â ROMA 



A ira de Dios, en labarada ardente, 
Cinguíu d'o Vaticano a cima escura 
Y-endómeta, estralante, xorda, dura, 
Prendeu d'o falso Cristo n-aspra frente. 

Queimad'o altar, sin sólio en que s'asente. 
Rodou por terra ò ídolo d'altura, 
Y-a boca abrindo desdentada e impura, 
«jValeime aqui!», berróulle â turba crente. 

;Romeiros, acudi!... Sinistro e fosco, 
O incêndio crece que a razón atiza; 
jCai ò Papado, a Fe cheir'á chamosco! 

jAcudí, pelegrinos!..., que n-a liza 
Que contr*a Libertado abriu con vosco, 
A besta apocaliutica... aguniza. 



Tomo I. 



I II I I I 11 I I I I I I I I i I I il I I I í i I I H I 11 I I t I I 



SOLA 



iSola!... Tan sola, cando todos antes 
Trás d'ela vinan coii lascivo ollar, 
D'os seus beizos purísimos y-amantes 
A virxinal surrisa por buscar. 

Tan sola..., cando todo parecia 
Un concerto in mortal d'ela arredor, 
Unha celeste'e branda sinfunía 
De garruleiros páxaros d'amor! 

jMorrer n-o fogo d'a ilusión primeira, 
N-esa manán azul da mocedá!... 
Ver nacer unha fror n-a primaveira, 
E vela morta pol-o outono xa!... 

jAy! gSerá a morte nada mais que un sono? 
Trás d'o outono d'a vida, ^.qué hai pra nos? 
Colombo topa un mundo n-un outono... 
jQuén tan dichoso que topase á Dios! 



imm I I m III I iin II i i i i i n i ii n i i i i i i mu i ri i i i 



TEMPRO DESERTO 



Como acendida lámpara en estreito 
Fechado camarín, 
Así n-o santuário d'o meu peito 
Arde unha lus sin íin. 

Cando a sua llama gunizando lenta 
Boquea e vai morrer, 
Sopro de fe seu pábilo alimenta 
E vólvese acender. 

Mais d'o meu peito n-a sinistra calma 
Non hai altares... ;Ah! 
A lámpara d'o tempro d'a min'alma, 
gA quén alumará?... 

Si algún topas viaxeiros d'esta vida, 
En que creades vos, 
(Poneino ante esta lámpara acendida, 
Que está esperand'un Dios! 



tlMiinill|i||il|illií|i||ii||i1ii|'[|:!|ii||i|ii|HI|i|.irilll'i|iilii|ii|UlnliiiiiiiiiiMilltilliilii|.iliili«iilirlliiMi«iiir»i^ 



ALBORADA 



jEscoitade! De fondas queixas cheo 
Brota d'a terra un misterioso canto; 
Rayos de branca lus tinxen ò ceo; 
Rompe a maná d'o celestial encanto. 

D'a caixa de Pandora 

Sobr'a pátria deitada, 
Que peste e monstros gomitóu cad'h.ora, 
Vai a Espranza surxir consoladora 
Que quedaba n-o fondo acurrunebada... 

jOuli, Liberta sagrada, 
Alba de groria pr'o oprimido mundo, 

D'os povos deseada. 
Que escravos viven en delor jirofundo! 

Esparexe, querida, 
D'escura noite as trévoas cenicentas, 
De verdugos e déspotas garida, 

E fuxan medonentas, 
Seguidas d'o seu lívido aparello, 
{Diante de ti as visiós d'o mundo vello! 

Águia dáureo piteiro, 
D'ese mundo d'liorror sobr'os escombros, 



AIRES d'A mina terça 117 

Bate xa as alas ò Porvir lixeiro... 

jXunta esas forzas, mocedá, d'aceiro, 

Si queres que se pouse n-os teus hombros! 

Disponei, disponeivos pr'a seitura, 
Cansados labradores; 
E si frutos queredes de dozura, 
Dond'agora herba ruin e grama dura 
Ceibai novas ideas : darán frores. 



II I I I II í I I I I I II I II I I I II 1111 I I I I I I I I I I I I I I I I n 



CARTAS PERDIDAS 



De Grigoria de Leborin 
A Marcos d'a Portela. 



De te non ver tempos hai 
Díxome que morro ò crego, 
E pol-a posta que sai 
Esta che mando, que vai 
Esquirta en verso gallego. 

Que pra falar moito e ben 
Sin que s'enteire ninguén 
D'o que n-o peito s'encerra, 
Naide as endrómenas ten 
D'a lengua da nosa terra. 

Pois nen ch'hai can que ch'a roa 
Nin gorxa á que ven se axeite, 
Si non a herdou de sua aboa, 
Ou con anacos de broa 
Non comeu cuncas de leite. 



AIRES D'A mina terra 119 



Dend'o derradeiro outón 
Non sei que é de ti, y-afellas 
Qu'o sinto n-o corazón. 
^,Qué che pasóu dende entón, 
Vello d'as brancas guedellas? 

Por estes povos d'aquí 
Quérenche tanto, meu vello, 
Que dende que faltas ti 
Naide baila nin se ri, 
Nin Jiai gaita n-o Concello. 

Por aqui correu a nova 
De que por amor d'a proba 
De certa cias de mazá, 
Pillache unh'eufermedá 
Que thoubo levar â coba. 

jMalia quen foi causonante 
De disgracia semellante, 
E quen ala te levou! 
;N-a mina compaiia amante 
Nunca outra tal che pasóu! 

Non sei si será verdade; 
Pêro si o fòr, meu amigo, 
Ten conta... que n-a tua idade 
Poden acabar contigo 
As pasiós d'a mocedade. 

Tamén por aqui se dixo 
Que á Vigo, por vel-o mar, 
A sorte levarte quixo, 
E tanto mirar cho fixo 
Que fhoubeches d'afogar. 

Tales contos son quizáis 
Brafullas que ò povo frauga, 



120 M. CURROS ENRÍQUEZ 

Y-a últema moito mais, 
Pois ti eres d'aquela ciais 
Que non safogan en auga... 

Con estas y- outras sonadas 
Colléume tal sentimento, 
Que ont'anoite, as nove dadas, 
Créndome nas boqueadas, 
Mandei faguer testamento. 

Marcos, si me queres ver 
Con vida, e matar non queres 
Esta coitada muUer 
Que tanto, tanto te quer, 
E que ti tan pouco queres, 

Déixate ver, meu amor; 
Mándam'ese papelifio 
Qu'é ò meu médeco millor, 
Y-adiós; e faime ò favor 
Dunha pucha pr'o miniíío... 

II 

De sofrir n-o leito farta, 
Topábame ô sol n-a horta, 
Cando lin, de pena morta, 
A tua aguda e longa carta. 
jCentella cli'a nunca parta. 
Que saya che me recurta! 
Mais anque ò crêto me farta 
Y estou cal sardifla firta, 
Alcóntroa tan ben esquirta, 
Qulnda me parece curta. 

Por mais que cal n-un sarillo 
Me estou devanando a cholla. 



AIRES D'A mina terra 121 

S'acerto iqu'inda me tolla! 
Por que me negal-o filio. 
Non diche en mal estrebillo, 
Vello d'a cara d'esguello. 
O diafio che da consello 
Pra te fuxir pol-o atallo, 
Mais s'entra ò xuez n-o alio 
Non ch'á valer ser can vello... 

Dis que non queres que a res 
Che boten fiUos ningús... 
jPois anque che pese a crus, 
Has de cargar c'o que tês! 
En vano negal-o quês; 
Que n-o corpo e n-as fauciós 
Tan teu filio o fixo Dios 
Y- herdou tanto ò teu caris, 
Qu'hastra ten, cal ti, o pitís, 
Un luar entr'os riiãós. 

^Máis probas? Teno un millón. 
gMáis testigos? Teho cen, 
Pra que digan, si á mau ven, 
Como foi e como non. 
Atopeite indo ô feirón 
Por entr'unha carballeira, 
Atentáschesme...; eu, lixeira, 
N-un carballo m'escondín; 
E... jcómo ha ser!... jEra, ô fin, 
O tempo da sementeira!... 

Pra arrenegar ò pecado 
Tanto botei á rezar. 
Que viileron á guichar 
Três horaes trás de un valado. 
Sintindo ò demo n-o estrado, 
Sin saber qué xeito tome, 
Volvendo pol-o meu nome 



122 M. CURROS RNRÍQUKZ 

Din en berrear: «jMeus amigos, 
Vostedes me sean testigos 
De como me tenta esthome!» 



Pra c'oa teima me sair 
Que tefio aldabas xa ves; 
011a donde pol-os pes, 
Que te podes escurrir. 
Cantas probas me pedir 
Tantas ò xuez terá; 
Mais si por cuaselidá 
Fôr en contra mina ò fallo, 
jQue n-o pau d'aquel carballo 
Te leven â eternidá! 

Si son pormesas ô vento 
As que m'estonces fixeches, 
^.Pra que, argalleiro, me deches 
Palabra de casamento? 
p.Qué foi d'o teu xuramento 
Si â cabo non-o has levarV 
Si non has de apadrinar 
O rapaz, que é meu orgullo, 
^Pra que mercache un burullo 
Con que ô neno emburuUar? 

E non de coraxe cego 
Repoíias o qu'aquí digo, 
Que antes de têr un contigo 
Tiv^en un filio d'achego; 
D'un crego foi; non-o nego. 
Mais s'ouiras os sermos 
D'o abade de Zarracós, 
Pasárasm'estas loucuras. 
Pois «solo as amas d'os curas 
Están en gracia de Dios». 



AIRES D'A MtNA TERRA 123 



Marcos, pon a mau n-o peito 
E salva esta probe nai; 
Pra te negar á ser pai 
D'o rolo non tês direito. 
Non me fagas porclie preito 
Porque vas têr que faguer; 
Que tanto hei de remexer 
E tanto hei de traballar, 
Que ou contigo m'hei casar, 
Ou n-unha forca fhei ver. 



ti'1'l|.|l^ll'í|H||l|lill!|ll|ll|l|l[JIII|l|llli|l|lll[l|[|lllllll<llllllllllllllllliíllll,ll,ll.lll||||.||.||||,I|i,NI,ll,ll ,|IJn^^^^ 



MELODIA GALLEGA^^> 



Ten a serena ò canto, 

Y-a serpe ò alento; 
O lago ten a onda, 

Dios ten ò inferno. 

Ti tês d'abondo 
Co que tês escondido 

N-eses teus oUos. 

O trono d'os monarcas, 

D'o sábio os trunfos, 
A groria d' o poeta, 

O ouro d'o mundo: 

Dera eso todo 
Por solo unha mirada 

D'eses teus ollos. 

Buscan os pitorreises 

Pra faguer nino, 
A herba santa que nace 



(1) Véase nota dei recopilador, que figura en el índice de notas» 



AIRES d'a mina terra 125 



Veira (i'os rios. 
Eu busco solo 
Unha mirada meiga 
D'eses teus ollos. 

Cando se pon a lúa 

Trás dos penedos, 
Choran as estreliiias 

Todas d'o ceo. 

Tamén eu choro 
Cando non m'alumean 

Eses teus ollos. 



i I I I IT MIMIIIIUIIIIIlllHllimil|lllll|nl.lllTlnlllll.'lil|ln|||»|„|i,|ii|;i|n| li:llllllliil,illi|i|||||llllllimillll«IDM 



iCREBAB AS LIRAS! 



Por sobr'a barafunda 
D'escarnios e paulifias 
Que as cantigas d'os servos 
Por onde quer suseitan, 
Espaventada, atóneta, 
A virxe Poesia 
Clamou desalentada: 
«jVates, crebade as liras!> 

jCrebar as liras, cando 
Se fai temer ainda 
A maza de Xan Dente 
Por vara de Xusticia! 
jCando n-os nosos Códigos 
Non vai d'un home a vida 
*0s sete vis escudos 
Eu que a tasóu MoUna! 

jCalar!... ;Que non se escoite 
O patuxar d'as vítimas 
N-o mar d'inxofre e sangue 
D'a escravitú caídas! 
jCalar!... jY-as maus cravadas, 



AIRES d'a miSa terra 127 

Y-a túnica cinguida, 
Y-a intolerância abaixo 
Y- a intolerância arriba! 

Non. Feita está a pormesa 
Y-é menester cumprila, 
A pátria morre. jMalia 
O filio que a non mira! 
jE malia quen lie negue, 
Por tédio ou cobardia, 
O hiinnos que a amortaxen, 
O sangue que a redima! 

jCrebar as liras diante 
D'a liberta qu'expira 
Baix'a gadoupa férrea 
D'o dogma que a asesina!... 
jlnda goberna Cláudio! 
jlnda Seyano priva! 
jlnda os proscritos choran 
E trunfa Mesalina! 

;Non-a crebés poetas! 
Templaina en ódeo, en ira, 
Hastra que' d'ela sayan 
As explosiós d'as minas; 
Hastra que cada nota 
Com'unha espada fira, 
Com'un andacio barra 
As vellas teogonías. 

Gustoso esnaquizara 
E resinado a mina. 
Si n-eso de meu povo 
A sorte consistira; 
Mais, mentres orfo e triste 
Os meus consolos pida, 
Crebala... jn-a tua testa 
Tan solo tirania! 



I I 1^1 I III I I iiiiiiii I III I I II I II III I I í III I 1 1 I I t I I I I I i I I I t I I r 



DIANTE UNHA IMAIE DE ÍNIGO DE LOYOLA 



A místeca alegria no sembrante, 
N-o peito a ira, ò sono n-a mirada, 
Beii te conezo, Euménide sagrada, 
Trenca virtú, católico bergante. 

Treidora d'o Evanxelio a ley amante, 
A Esposa d'os Cantares, desleigada, 
Tivo tratos c'o demo e d'esta bailada 
Naciches ti, [parasito trunfante! 

Mais gqué fas n-ese altar roubando preces, 
Xenio d'a intolerância soberano, 
Ti, que tan solo maldiciós mereces? 

^Ti, que trocache á Cristo n'un tirano, 
Os sayós y-os verdugos en xueces, 
Y-en fouce á Dios do pensamento humano? 



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A EMIGRAGIÓN 



Cando n-as noites de luar caladas 
Yía unha estrela pol-o ceo correr, 
Decía mina nai, c'as maus direitas : 
«jDios te guie con ben!» 

Dende entón, cando vexo qu'un gallego 
A terra deixa onde infelís nacéu, 
Y-achego busca n-outras prayas, digo : 
«iGuiete Dios!», tamén. 

Non-o culpo, jcoitado!, non-o axo, 
Non pido pragas nin castigos pra él, 
Nin de que é dono de coller m'esquezo 
Pr'onde lie conviner. 

Que aquel que deixa seu natal curruncho 
E fora d'os seus eidos pon os pes, 
Cando troca o seguro pol-o incerto, 
iMotivos ha de têr! 

Preguntaille, e dirávos que sin rego 
O milleiral, a lume sin cardes, 

Tomo I. 9 



130 M. CURROS ENRÍQUEZ 

Sin herba ò gando e sin traballo ò home, 
Non se poden manter. 

Dirávos, si, que é pouco canto gana 
Pr'as arcas do sefior e pr'as d'o rey; 
jFai un mes que non comen cousa quente 
Os fi,llos y-a muUer! 

E dirávos que porque d'us destrales 
Mercou n-unha ocasión us poucos bes, 
jXuróuiro crego non lie dar sagrado 
Si chegar á morrer! 

Y-havos decir que lonxe, alá moi lonxe, 
Alend'o mar qu'o vai tragar tal ves, 
Si liberta, si pan non logra, santa 
Tumba terá xiquer... 

^Quén sodes vos, chorosos niquitates,. 
Ruis louvadores d'un Poder cruel. 
Que as alas d'ouro d'un esprito libre 
Agrilloar queres? 

^Por virtú de cál próvida promesa, 
En nome de qué Dios nin de qué ley 
Queres que aquel que á morte condenastes- 
Non fuxa, si puder? 

gQué lie ofrecedes n-a nativa terra 
Ese que á cruzar vai mares de fel? 
^Resinación? — Con ela non se come... 
gFe? — iNon lie basta a fe!... 

iCorrede ò velo que a Xusticia encubre! 
Daille traballo, liberta, saber... 
;Non é dina d'os ôsos de seus fillos 
Pátria que os no mantén! 



AIRES d'A mina terra 131 

Dicen que como ò Mifio, ò noso povo 
N-a terra donde nace quer morrer; 
Pêro ò sono d'o rio é sosegado 
Y-o d'éste non-o é. 

O rio ten un leito mulidino, 
Perfumado de rosas e craves; 
Tamén tiíía outro ò povo; mais... vendéronllo, 
Y-agora non-o ten. 

jDeixaino qu'o adiquira donde poida! 
Deixad'ô gafo Xob c'o foi a res 
Buscar ò muladar onde s'espiolle, 
gSanará?... Pode ser. 

A civilización y-as andurinas 
D'unhas terras pr'as outras van é vên; 
Querer que non eraigren. e matalas 
O mesmo ven á têr. 



m I I IH I I I IH I I n i i i i t i i i i i i n i i i i i i i i i i i i i ii i i i i i i 



N-A CHEGADA A OURENSE 0'A PBIMEIIIA LOCOMOTOfiA 



Vel-ahi ven, vel-ahí ven avantande 
Comaros e corgas, e vales, e cerros. 
jVinde vel-a, moucifios e mozas! 
jSaludaina, rapaces e vellos! 

Por onde ela pasa 
Fecunda os térreos, 
Espértanse os homes, 
Frolecen os eidos. 

Vel-ahí ven, vel-ahí ven tan houpada, 
Tan milagrosina, con paso tan meigo. 
Que parece unha Nosa-Senora, 
Unha Nosa-Senora de ferro. 

Trás d'ela non venen 
Abades nin cregos; 
Mais ven a fartura 
jY-a luz y-o progreso! 



AIRES d'a mina terra 133 



II 



Catedral, demagogo de pedra, 
D'un povo fanático erguida n-o médio, 
Repinica esas chocas campanas 
En sinal d'alegría e contento. 

Asocia esas vocês 
O son d'os pandeiros, 
;As santas surrisas 
De terras e ceos! 

E ti, rio d'os grandes destinos, 
Qu'os himnos ensayas d'os trunfos ibéricos, 
Requeimadal-as fauces de sede 
Ven ò monstro á beber n-o teu seo. 

Bon samaritano, 
Daille auga ô sedento; 
Que a máquena é ò Cristo 
D'os tempos modernos. 



"" ' I n I I I I n I ' I I n m I mil mm II II 



O VENTO 



Dis que por boca d'o Espírito Santo, 
Que debe têr unha boca ben negra, 
Púxom'o crego n'a misa d'o povo 
(iNai que me déu!...) como naide se vexa. 

Algo ha d'haber de verdade n-o conto, 
Qu'hoxe, ô pasar ond'a min sua manceba, 
Fíxome a figa e rosmóu pol-o baixo 
Mentres torcia pr'un lado a cabeza : 

«;Qu'inda te mirres cal coiro n-o lume! 
iQulnda reventes com'unha boleca! 
jVólvase sénica ò pau n-a tua boca! 
iTóUate Dios, condanado poeta! 

»;Maldizoado n-a carne e n-os ôsos! 
jMaldizoado n-os pes e n-a testa! 
iEntr'as virillas d'entrambas illargas! 
iEntr'as xunturas d'as sete costelas! 

»iGafo te vexas de males extranos! 
jPor onde vayas aeougo non tenas! 



AIRES d'a mina terra 135 



jVivo, non des con camiiío seguro! 
iMorto, non topes descanso n-a terra!' 



Bótairô pote unha léngoa de porco, 
Mina muller, xa que andamos en léngoas; 
Bótairô pote unha léngoa de porco : 
Fará engordar non ch'hai cousa como ela. 



II I I I I I I I I I I I I I I III n I n I I I ■ ■ I ■ I ■ I I I I H I I I I JT 



ENCOMENDA 



Teno unha corda muda 
N a mina lira torva, 
Com'un coitelo fera, 
Com'un tronido rouca. 
Cando n-os meus ensayos 
Sona â compás d'as outras, 
Por sobre min parece 
Qu'os ceos se desproman.. 
De cada nota d'ela 
Un anátema chouta, 
Cal-d'a satúrnea sangue 
As fúrias espantosas. 
Ninguén ouíu ainda 
As cantigas que entoa: 
Detrás de min, quizayes, 
O dia que m'as oyan. 
Como detrás de Cristo 
Virán as xentes todas, 
jHosanna, cantando de xúbilo cheas, 
Hosanna ô poeta, que traia, boa novaL 



AiEBS d'a mina terka 137 



II 



Castigos pr'os verdugos, 

Pr'os márteres coroas, 

Consolo pr'os escravos 

Latexa n-esa corda. 

Fustiga pr'os tiranos, 

Pr'os déspotas argola, 

N-ela dormenta ò himno 

Grorioso d'os ilotas. 

Si pr'a tocar cal quero 

A têr non chego forzas; 

Si cand'â loita vaya 

Tropezo n-unha foxa, 

Os que, cal eu, subidas 

A traballosa costa, 

Cando chegues â cima 

Sagrada e vitoriosa, 

jArpas que saudedes 

D'a nosa pátrea a aurora, 
D'a y-arpa acordaivos que fúnebre queda« 
N-a noite d'olvido xemindo sin groria! 



''""'"'"■'■■" ■ ' ■ ■ r- 



TANGÁRAMOS 



A D. ENIILIO CASXKLAR 



San Benito de Coba de Lobo 
Ten n-o cume iin penedo furado, 
De tan rara virtude ortopédeca, 
Que é ò asombro d'o mundo Cristiano. 

Cando nace un miniuo toUeito, 
Seus parentes oférceno ô santo, 
E mitido n-un queipo de vimio 
Alá o levan, â festa en chegando. 

Y-a os dos lados d'a boca d'a pena, 
Que lie colle d'un lado á outro lado, 
Din a nai y-a madrina d'o renco 
Pol-a gorxa de pedra pasándo-o : 

«Ten conta, santino, 
D'o meu tangarano": 
Doente ch'o deixo, 
Devólvemo sano.» 



AiKES d'a mixa terra 139 

Y-esto dito três veces arreo, 
Sin refolgo tomar nin descanso, 
O coitado d'o entangaranido 
Queda xa desentangaranado. 



San Benito de Coba de Lobo, 
San Benito quirido, meu santo, 
Tamén eu, probe vella achacosa. 
Que xa tiven de fillos un fato, 

Xorobados d'o corpo ou d'a y-alma, 
D'a concencia ou d'os membros baldados, 
Tamén eu vin buscar medecina 
Pr'os meus nenos n-o voso santuário. 

E depois de deixarvos n-as aras 
Seis perniles de porco cebado, 
Eu tamén, eu tamén, de fe chea, 
Repitín aquel místico ensalmo : 

«Senor San Benito, 
Meus fillos vos trayo : 
Doentel-os deixo, 
Volvédemos sanos.» 

Por três veces chorosa roguéivolo; 
Todas três sin me dar resultado, 
Y-os meus nenos, entangaraiiidos. 
Morreu todos entangarafiados. 



II 



Verbo ardente d'a gran Democracia, 
Novo Cristo d'os povos escravos. 



140 M. CURROS BNRÍQUEZ 

N estes tempos, nacido pra azoute 
De verdugos, de reis e tiranos, 

Ti, que â mina profunda miséria 
Vês traguer ò consolo agardado, 
Sin cubiza de laude, seguro 
De ben probe e mizquino agasallo, 

Quer con Dios tenas pauto, ou c'o demo, 
Ti serás dende agora ò meu santo, 
A quen diga, ponendo os meus filíos 
Baixo ò teu proteutor patronado : 

«Tribuno d'os servos, 
Meus nenos che trayo : 
Doentes ch'os deixo. 
Devolvemos sano3.> 

Pos cecáis que tan pronto lies chegue 
O calor mecinal d'o teu bafo, 
Os meus nenos, entangaraiíidos, 
Quedarán desentangaranados. 



,,Todos eles naceron saninos 
Cal repolos en horto pechado; 
Mais despois, non sei como, torcéronse,, 
E tortinos están, jmal pocados! 

Este é crego d'entrambol-os remos, 
Aquel outro cacique d'o rano. 
Este ten un Marat n-as costelas, 
Doise aquél d'un Sylock n-o espiíiazo. 

jTroca en homes de ben estos monstros. 
Que nin mesmo que os viran meigallos; 



AIRES d'A mina terra 141 



N-unha gran xuventude d'estrelas 
Esta gran xuventude de sapos! 

iQue logre un xiquera 
D'os meus tangaranos! 
Doentes ch'os deixo, 
Devolvemos sanos. 

Eu ben sei que por esta vellina, 
Como queiras farás ò milagro; 
Y-os gallegos entangaranidos 
Vivirán desentangaranados. 



<IH I I I H5t I 11 I I I I I I I II I I I I I I I I I IMI IHIIII 1 1 I rilllllllWlllllltl; 



AS DUAS PRAGAS 



Baixo d'un ceo promizo e bretemoso 
Unha negra montana; 

Baixo a montana negra unha curtiria 
D'árbores decotada; 

Pacendo n-a curtiíía, media ducia 
D'ovellas esfameadas; 

E calosas gardando esas ovellas, 

Murchas, tristes, d"aldea as catro casas. 



Dentro de cada casa, unha cocina 

Escura y afumada; 
Dentro cada cocina, unha fogueira 

Que ò vento frio apaga; 
Xunto cada fogueira, cavilosa, 

Unha testa incrinada; 
Dentro de cada testa, un pensamento 
De próuxima fuxida, ou de venganza.. 



AIRES d'a mina terra 143 

gQué acontece n-aldea? Antes de agora 
Vina y-alegre estaba; 
N-ela todo eran festas e trouleos, 

E bailes e fiadas; 
N-os campos escoitábanse as degrúas 

D'os sachos y-as eixadas; 
N-os fogares as frescas armonías 
D'as risas e d'os bicos qu'estralaban. ' 



gQué demos acontece n-esta aldeã?... 

gCál foi d'as sete pragas 
A que eiqui descargóu, matando a sua 

Xovialidade sana?... 
Cravado por três cravos baixo a copa 

D'o cipreste d'a entrada, 
CaJquera pode leer este letreiro : 
«Hai escribano e capellán en Cangas.» 



lllllll!illHHI[||illJíllll|i||ilii||||'J ili.l:iliililliil!llllllllllllil:i|i'|:íinrili;i!iliii !lii|ii||.| .|iilrliilini;rni||'i ,,, i 



M'0 CONVENTO 



Anque m'apopupen, anque 
A porta se me atranque, 

Teno d'entrar n-irexa d'o convento. 

jQue estou excomulgado! Millor, ea; 
Quen hoxe non-o estea 

Non merece d'a pátrea acatamento. 

E'xa verdá notória, 
Reconecida abondo pol-a hestoria, 
Qu'o que nunca pecou Diol-o condena. 
Testigos n-o presente, ò meu abade 

— Dimas d'antigiiedade — 
Y-a sua candonga — vella Madalena. 

Pra trepar pol-a escada 
Que viu Xacob n-un sono d'israelita, 
Ser ánxel n-estes tempos non vai nada. 

O que se necesita 

E ser monxa prenada 

Ou crego sodomita. 



AIRES d'a mina terra 145 



Abrídeme esas portas, 
Concencias farisaicas, almas mortas, 
Que faguedes de Dios un ruin caseiro, 
Cal si fora capaz ô que s'atrasa 
De pol-o á puntapés fora d'a casa, 
Deixándo-o raso por non têr dineiro. 

{Abrídeme esas portas! Eu aspiro, 

D'a irexa n-o retiro, 
A perfeución católica romana; 
Fincareime ante os santos reverente, 

E logo, suavemente, 
Levaireime ò copón baixo a sotana. 

D'a asesinos, ladros e cabecillas 
Cheas están as máxicas capillas 

D'as vosas catedrales. 
^Por que IFhades quitar á un home honrado 

A honra de estar ô lado 
De Loyola, d'Arbués e de outros tales?... 

Xa entrei, por fln, xa entrei. A luz febea, 
A través d'as vidreiras de colores, 
Os sembrantes d'os xustos alomea, 

Xustos de pau sin vea 
En que fixo ò machado mil pirmores. 

N-un sillón recamado 
Estilo Luis XIV, eiquí sentado 
O Padre Eterno miro, fusco, austero; 
Está serio comigo porqu'un dia 
Chameille vello n-unha poesia... 
Pêro ò rapaz ben sabe que lie quero. 

San Pedro, alá, co'a sua 
Fenomenal ganzúa, 
Faime acenos de rabia, acenos tolos. 

Tomo I. 10 



146 M. CURROS ENRÍQUBZ 



jEste non m'abrirá d'a groria as portas! 
Xogando d'o convento pol-as hortas 
Cun seixo abrinlFeu antes os miolos. 

Mais lonxe, San Inácio 

Inquirime dispacio, 
Como quen recordar quer unha inxuria, 

E marmulla entre dentes 

Us ditos insolentes, 
Non sei si d'odio ou de feroz luxuria., 

Eiquí bótame olladas 
Pezohentas, hidrópicas, vidradas, 
Un Cristo a quen neguei lie creza ò pelo; 
Alá vólveme a espalda, ameazadora, 

Unha Virxen que chora... 
Cal toda virxen ô dexar de sel-o. 

Contra min roga pragas 
San Farruco, ò d'as chagas. 
Porque quixen curarllas con nitrato; 
E pónseme á rosmar Santa Lucía, 
Porque quixen á un cego darlle un dia 
Xiquera un oUo d'os que ten n-o prato. 

Fra tratárenme así tantas e tantas 
Celebridades santas, 
Moito debín pecar...; pêro non tremo. 
Alá n-o fondo d'a deserta nave, 
Oyo á chamarme, lânguida e suave, 
Unha vos dolorida, a vos d'o demo. 

jSalve, meu vello amigo, 
Rival d'o Eterno, loitador antigo, 
Protesta viva contra a forza bruta! 
Baixo ò pe de Miguel, que che da guerra,. 
Cal baixo d'o cacique a mina terra. 
Ti trunfas sempre n-a inmortal desputa. 



AIRES d'a mina terra 147 

Eu ténoche carino. 
Non te topei xamáis n-o meu camião 
Sin quitarche ò chapéu pra darch'os dias, 
Mentres outros católicos ben fartos 
De toparte como eu, quitanche os cartps 
Pra con eles mercar capellanías. 

Xa de neno te amaba. 
Ti soprábasme a luz cando estudaba 
O latín d'o Pio Quinto estrafalario; 
E facíasme rir de mina aboa 
Que co'as contas n-a mau, de doa á doa, 
Empedraba de sonos ò rosário. 

Si, ti érasme querido; 
Que eu pra querer nacín todo caído, 
Pra dar a mau á todo disgraciado; 
E ti fúclielo tanto hastr'o d'agora, 
Qae si quen mais domina é quen mais chora, 
Débeche estar â porta ò teu reinado. 

;Ay, cantas aldraxadas!, 
[Ay, cantas xudiadas 
Mereciches de papas e cardeales. 
Ti, que tantas irexas costruíches • 
E que nunca un mal toxo adiquiriches 
Que cheirase á mostrencos ou destrales! 

Contra Dios rebelado 
D'o Paradiso aló no-o abril primeiro, 
Fuches salvaxemente castigado. 
^Por qué aquel golpe pra faguer d'Estado 
O três non agardaches de xaneiro? 

jMáis conta che teria!... 
E por mal que che fose, estou pensando 
Que tanto non seria, 



148 M. CURROS ENRÍQUEZ 

Que as risas mereceses de Pavia, 
Capitán xeneral con vida e mando. 

Non foi él ò primeiro 
Que de ti se bulrara chocarreiro. 
Lutero certa vez viuche as orellas 
E zorregouciíe a cara c'un tinteiro; 
Volveute ver n-o médio d'un lameiro, 
E persentouche as nádegas vermellas. 

Fora Platón, aquel republicano 
Qu'era caritativo anque pagano, 
gQuén te non maltratou?... Santa Teresa, 

Despois de ser tua amiga 
— jlngratitude atros! — , piixoche a figa, 
Como m'a puxo a min certa condesa. 

Sai d'ese altar. Demoro, 
ídolo qu'eu adoro; 
Sai d'ese altar axina e ven lixeiro 
N-a idá nosa á vivir, que te respeta, 
E n-ela con Voltaire serás poeta 
Ou con monsieur Lesseps inxenieiro. 

Fasnos falta. Os monárquicos partidos 
Teílen a pátrea â albitre de bandidos 
Y-a estrozalos contigo liemos de pôrnos. 
Non loitarás con armas desiguales : 

Os xefes principales 
Levan as que ti levas : voto e cornos. 

Pra vivir bástache eso; 
Mais se non che bastar, sigue ò proceso 
De Moret; e s'inda eso non che basta, 
Faille â nova Rexeneia a cortesia, 
E dende unha Embaixada á unha Alcaldía, 
Conta c'o que quixeres de Sagasta. 



AIRES d'a mina terra 149 

Non andarás folgado, 
Pro si algún dineirino tes roubado, 
Anque for d'un depóseto carlista, 
Y-a Roma vas y-ô Papa \Vo oferceres, 

Cando d'alá vineres 
Virás duque e virás lexitiraista. 

A cencia, â industria ô arte 
Podes tamén, si queres, dedicarte : 

Vivir d'o merodeo 

D'o pensamento alleo 
N-õ cadro, n-a novela, n-a poesia; 
Faguerlle en vida as nosas grorias guerra, 
E solo cando está baixo d'a terra 
Acordarte d'a probe Rosália... 

Todo eso da dineiro 
Y-algunha quoutra folia de loureiro, 
Que sempre loce ben n-a idá que corre; 
E mais prosperarás — jDios nos asista! — 
Si faíilias n-a escola realista 
E pôs ventosas á Rodin, que morre. 



Pois que te vês conmigo, 
Demo, meu bon amigo, 
Sayamos xa d'a irexa d'o convento. 
gEstóu excomulgado?... Millor, ea; 
Quen hoxe non-o estea 
Non merece d'a pátrea acatamento. 



I I I 111^ I I I I I I t I H I I I 1 I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I 



SOBRE UNHA FOXA 



^Conque morreu? Diol-o descanse... Desque 
Os dioses se fan homes 
Non se pode ser Dios, niii ser monarca 
Desque os monarcas morren. 

Eu, anque nunca fun seu cortesano, 
O que é sentil-o, sinto-o, 
Y-a chorar non me pono, porque d'eso 
Xa ten encargo ò Grilo. 

jOu morrer ou cair! Sempre un cadavre 
Tiila que ser ò fruto 
D'o xermen que deixou Martinez Campos 
N-o ovário de Sagunto. 

A forza tenvos eso de espantoso 
E tamén de divino : 
Cal Dios é creadora, e cal Medea 
Mata seus propios flllos. 



AIRES d'A mina terra lõl 

Meditai, lampantis d'a Monarquia, 
Xunto â cova que 3'abre, 
E decime qué queda d'o voso idolo 
Sinon ruina e sangue... 

«Disgraciada República — dixéstedes — , 
Sin poetas nin soldados.» 
Todo estaba con vosco... y-é ese todo 
Pavia e López Baho. 



II 



gQué faredes agora? As vosas liras 
Están caladas, mudas; 
D'a gratitú por ellas non esbaran 
As tépedas bagullas. 

^Qué faredes agora? Os vosos ollos 
Están enxoitos, limpos^ 
Todo me di que c'o ese rey que morre 
Morreu voso realismo. 

E con todo, eu ben sei qulnda pensades, 
Taumaturgos estóicos, 
Rezusitar á Lázaro... somentes 
Por matal-o de novo. 

Pensaino ben. As leis municipales 
Y-os tratados d'Hixene 
Mandan dar terra decontado ôs mortos... 
jY-o voso morto fede! 



II 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 r 



O (cCIPRIANILLO)) 



Xan de Deza, bon labrego, 
Que deixaclie tanta sona 

N-as Castillas, 
Onde, manso boy gallego, 
Fuche a gala, a fror y-a tona 

D'as radrillas. 



Mau de ferro, brazo forte. 
Fouce d'oui'o a mais lúcida, 

.Rey d'a sega, 
Que sin medo algún d'a morte 
T'afanache toda a vida 
N-a refrega. 



Xornaleiro que aforrache 
Mais que toda a freguesia, 

Traballando; 
Que de teu á têr chegache 
Unha terra regantía, 
Carro e gando. 



AIRES d'a mina terra 153 

Triste paria que, por termo 
D'un vivir curvado e combo 

Sobr'a aixada, 
Topaste hoxe probe e enfermo, 
Y-a pedir c'un foi ô lombo 
' Pol-a estrada. 



Conta, conta, Xan de Deza, 
Como foi ò te ir quedando 

Tan esquio, 
O perder tanta riqueza, 
Adiquirida sudando 

Fio á fio. 



Cóntame, Xan, qué che pasa 
Pra, despois d'haber mercado 

Casa e hortas. 
Vender hortas, vender casa 
Y-andar hoxe atravesado 

Pol-as portas. 



Hai quen di que non sei cándo, 
Non sei quén falouche â orella 

— jCousa extrana! — 
D'un libro de contrabando. 
Escrito n-a fala vella 

Castellana. 



Entre as folias revesgadas 
Dese libro danse seuas 

De tesouros 
E riquezas enterradas 



1Õ4 M. CURROS ENRÍQUBZ 

Pe d'os rios e d'as branas, 
Pol-os mouros. 



Quen as busque, trás de lel-o, 
Moedas topa conservadas 

D'os reis dantes, 
Pentes d'ouro pr'o cabelo 
Y-arcas fondas, cuguladas 

De diamantes. 



O saberes tal notiza, 
Maxinache d'o praneta 

Seres dono, 
E rõido d'a cubiza 
Dende entón nin paz compreta 

Tês, nin sono. 



Pra c'o libro te fagueres, 
Traballache cal ferido 

D'unlia espora; 
Fuche rico antes de o leres; 
Mais agora que o tês lido, 

^Qué es agora?... 



jProbe Xan, que desengano! 
Cantas terras rexistrache 

Cos teus ollos, 
Rexistráchel-as en vano : 
;0 tesouro que topache 
Foi de piollos! 



AIRES D'A mina terra lõõ 



Non á ti : d'o que che pa^a 
Culpa ô fisco, ô ruin goberno, 

Xan de Deza; 
Ese lobo que farrasa, 
Que te fai meter n-o inferno 

De cabeza. 



Mais os fados teus adversos 
Outros foran si ò mitrado, 

Por seu brillo, 
Como condena os meus versos, 
Condenara ô condanado 
Ciprianillo. 



011a, Xan : pra esas tristuras 
Que fafogan, pra eses doores, 

Hay recetas : 
D'os magos deixa as leuturas; 
Lee os gallegos escritores 

E poetas. 



Non mais sones, bon labrego, 
Non mais sones montes douro 

Nin moreas. 
Teu millor libro é ô gallego, 
Teu gran tesouro ò tesouro 

D'as ideas. 



Cando consultes Murguía, 
Paz, Pondal, Anón e Lamas, 

E n-o bico 
As canciós de Rosália 



156 M. CURROS ENRÍQUBZ 

Tenas sempre, que tanto amas, 
' , jSerás rico! 



Serás rico, Xan de Deza, 
Mal que pese â gorxa rouca - 

D'algún frade; 
Que n-o mundo a môr riqueza 
E'a virtude — c'unha pouca 

Libertade. 



Si eses nomes soletreas. 
Recobrar podrás d'un tombo 

Casas y-liortas; 
E de pan tuas tullas cheas, 
Non irás c'un foi ô lombo 

Pol-as portas. 



Eses nomes tên virtude : 
Son estrelas de fagueiro, 

Doce brillo. 
Que dan bes e dan saúde : 
jSon a Pátrea! — ò verdadeiro 
Ciprianillo. 



ililliiliil!iliili,lii||i|!ílii|ii|i|ilíi|iilií|]iliilHlii|ii|[illHi.imii|ii|. |.| I I I I I I I I I I I I I l'l l'l.r:l:i|.|. 



A LUeiANO PUGA 



Namorado d'a santa nova idea, 
Non ben d'o vate a estrofa había soado, 
Toda a máquina escura d'o pasado 
S'espreguizóu disposta pr'a tarea. 

A critica Veuillot c'o a fouce nea, 
Co a toga Xudas, Oppas c'o caxado, 
Deron trás d'él cal trás d'un can danado, 
Y-alá vai ò inocente pr'a cadea. 

Ti apareciche entón. Pasmada a xente 
Viute rubir colérico â tribuna, 
Desguedellado com'un león ruxente 

E d'a Ley apoyado n-a coluna, 
Esmagar baixo a garra prepotente 
Os verdugos d'o vate sin fortuna. 



I I I I I I I I IH I I I I I I I II I I II I I I I I I I I I I I I ti I I I I 1.1 I I IJiiillH^ 



o ÚLTIMO FIDALGO 



Ermol-os seus saídos, 
Os cancelos pechados, 
Fundidos teitos, escaleiras, trabes, 

Sin tellas ò tellado, 
Non paso un dia pol-os seus liiideiros 
Sin pararme ante a casa d'o fidalgo. 

Non fumega a troneira, 

Non s'escoitan n-os páteos 
Os ladridos d'os cans, nin ò sonoro 
Rinchar d'os feros potros e cabalos. 

N-o escudo en que descansa 

O corredor voado 
Fan niHo as andurinas volandeiras 

Y-escóndense os lagartos; 

En-a cima da torre 
O galo d'a veleta, desprumado, 
Remela os ollos cara ô vento Leste^ 
jO vento d'a ruina e d'os estragos! 



AIRES d'a mina terra 159 

Un vello pergamino 

Co sello real sellado 
E sinado c'o as cruces, non c'o as firmas 
— jPois non sabían firmar! — de dez perlados, 

Manda que nadia poda 

Erguer cabana ou pazo 
Acaron d'esta casa, que lie quite 
Aire ou sol, pol-o frente ou ppl-os lados. 

Despois de nove sigros 
I Inda é firme o mandado. 

As pallozas d'o povo, 
Cheas d'as armonías d'o traballo, 

Agachadas, cal tigres, 
Dende lonxe respétano y-acátano, 
Agardando que os muros se despromen 
E ríndose namentres pol-o baixo... 



gQué foi d'o morador d'esa vivenda, 
N-a que en tempos pasados 
S'esnaquizóu a pátrea en mil parcelas 
Entr'os que por seu amo pelexaron, 
Y-onde nunca petóu a mau trembona 

D'o camiiiante canso 
Que alcontrara agarimo ou doce fogo 
D'os ateridos membros pra reparo"? 

O dono derradeiro 

Védelo, ahí vai, miraino... 

Cuberto c'o a coroza, 
Calzado ò zoco, c'os seus bois falando 

Encamínase â vila 
Pra n-ela vender d'estrume un carro 

E contentar c'o voto 



160 M. CURROS BNRÍQUBZ 



— Feroz limosna que lie arroxa ò Estado — 

O seu senor d'agora, 
jQue ente foi seu escravo! 

Acontéceme vendo estas traxedias 

O que me pasa cando 
Tropezo c'unha pedra de muino 
N-un valo posta, ou d'unha herda por marco. 

Recordo o que ela esquece 
D'as cousas que non sinten n-o letargo: 

jO grau que tên moído, 
Os himnos que â dar voltas tên cantado! 



t Y I I I I I I I t I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I i I I iri, 



A PALABRA 



Eu sou Mahomet, ò filio d'os libres areales, 
O eleito d'os profetas, ò árabe de Dios; 
Cantos ames d'os héroes os trunfos imortales, 
Seguide a mina ensena y-ouvide a mina vos. 

D'a mina tenda â sombra erguida ô pe d'o 

[outeiro, 
Os ódios lamentando d'a cega humanidá, 
De paz e de consolos ò corazón valdeiro, 
Oraba d'o deserto n-a mucha soledá. 

D'a fame n-os vasalos, d'a farta n-os mainates. 
Cal d'un alfanxe a folia feríame a visión : 
Choraba d'os beduínos a vida de combates, 
D'os príncepes as folgas, d'o eunuco a condición. 

«gPor qué, Senor, consintes desigualdás tan 

[grandes, 
Si todo canto é nado de ti somentes sai? 
^.Por qué tantas Hortas, preiteos e desmandes 
Entre os que á Cristo adoran, á Osiris yá Adonay? 

Tomo I. 11 



162 M. CURROS ENRÍQUBZ 

>iSenor, daime unha cifra que ligue tantos 

[nomes, 
Un símbolo que xunte á tantos eorazós, 
Unha bandeira qu'una y-amiste tantos homes, 
Que faga un mundo d'ánxeles dun mundo de 

leós!» 

Así eu rezaba cando, descendo d'as alturas, 
Chegóuse á min e díxome, tocándome, Gabriel : 
«Exparxe as tuas olladas por esas ruis Uanuras, 
E cóntame o que vires pol-a extensión cruel.» 

Mirei: n-un soiío calmo durmia a natureza, 
Atafegada baixo dun sol abrasador. 
Mirei, e vin ô lexos unha montana enorme 
Onde ò deserto acaba que cíngueme en redor. 

*— êQué ves?~Unha montana. — gQué mais? 

[ — gran deserto. 
— ^Qué ves n-ese deserto? — Mil vermes á rifar, 
Mordéndose, matándose... — Formigas son; de 

[certo 
— Dixo Gabriel — guerrean e vounas concordar.» 

Baixóuse; unha formiga d'o chau recolléu logo, 
Falóulle n-unha fala que ô punto ela entendeu. 
Pouso una sobr'a área, que queima como fogo, 
Y-a contempral-a mudos pusémonos él y-eu. 

A probe d'a formiga botou á andar lixeira. 
Parando todas cantas ô paso tropezóu; 
Estas 'pararon outras, e xuntas y-en ringleira 
A pouco un gran trafego entr'elas comenzóu. 

En escadrós dispostas baixo a raxeira insana^ 
Cal un podroso exército rubir ô monte as vin, 
E grau por grau a área quitando d'a montana, 
Iban desmoroando n-un vir e vir seu íin. 



AIRES d'a mina terra 163 

Finou de noite a brega que comenzóu de dia, 
E cando veu a lúa bater n-o men lumial, 
D'o monte, cuya cume n-os ceos se perdia, 
Non alumóu indicio, nin rasto, nin sinal... 

« — ^Qué ves?— volveu dicirme Gabriel.— Solo 

[a llanura. 
— jFincate! D'a palabra estás diante ò poder. 
gQué é mais qu'unha formiga a humana criatura? 
Fálalle, e d'os seus ódios ò monte has de vencer.» 



Eu sou Mahomet, ò filio d'os libres areales, 
O eleito d'os profetas, ò árabe de Dios; 
Cantos ames d'os héroes os trunfos imortales, 
Seguíde a mina ensena y-ouvide a miiia vos. 



Jl 1 1 I 1 1 I 1 1 1 1 1 1 I I I I I I t I I 1 1 I I I I I I I i I I I I I I I I I I I I 1 1 1 1 11 " 



NOTAS 



A Virxe d'0 Cristal. — Esta composición, o mesmo qu'0 
GuEiTEiRO e Unha boda en Eijnibó, fueron premeadas n'o Certame 
poéteco que houbo en Ourense ò 24 de febreii'o de 1877, eon dous 
mil reás, ofercidos pol-o Sr. D. Modesto Fernández e González ô 
autor d'as três millores poesias dedicadas â cantar unha tradición, 
un tipo y-unha costume de Galicia. 

Topábam'eu d'aquela en Madril. Recorrendo un dia os papes 
d'a terra, lin ò programa en que se anunceaba ò Certame y-abrin 
unlia carta de familia en que se me decía ô pe d'a letra : «Por aqui 
se corre que han muerto por completo en tu corazón los recuerdos 
de tu pátria. Si esto uo es verdad, nunca mejor ocasión para justi- 
ficarte : escribe.» Diante esta acusación, de cuya insusticia respon- 
dían doce anos de soledades y-extranezas pasados lonxe d'a miiia 
casa, sentín— mal está qu'eu diga— algo semellante á inclinación d'o 
soldado á quen por virtú de sórdidas xenreiras se lie despoxa ô 
frente d'o enemigo d'os homildes pêro lionrosos loureiros que tra- 
ballosamente conquistara. Deporcateime entón de têr escrito tem- 
pos atrás O Maesfre de Santiago, onde ô hacliéu, e como quen vai 
de pasada, falara d'A Vibxe d'o Cristal; y-o amor propio sin duda, 
que cando non pasa de xusto texón está ben tido, ou cando esto 
non for, ò medo que me colléu de qu'a idea d'o meu soposto esque- 
cemento d'a pátria fose tomando corpo n'unha terra que en tanta 
estima tenen seus flllos, dígao sinón õ estado de prosperidade que 
alcanzan yas consideraciós e respetos que se gardaron sempre us 



16G M. CrUROS KNKÍQUEZ 



ôs otros, ò conto é que me crin n'o deber de coller a pruma. Mais 
ò prazo pr'a presentación d'os traballos, por un lado, o pol-o outro 
a cias d'os asuntos (lue se me ofercían, cuyo caraute, prescindindo 
d'as dificultas mecánocas con que tina que tropezar pra desarro- 
llalos n'a lengua gallega, non era o que mais s'adautaba ôs meus 
gustos y-aflciós, fixéronme vacilar algún tempo, e foi preciso quo 
pensase en miua nai, que maxinase ò inmenso pracer qu'experi- 
mentaría de ver, tal como ela m'había referido de pequeno, a lenda 
d'Virxe d'as nosas montanas, pra qu'eu me puxese á .escribila. 

Os esforzos de memoria, os requerimentos e conxuros qu'eu faria 
en oito noites mortas â lengua cnxebro, â sencillés encantadora d'o 
meu povo, pra salir d'aqucl non visto apreto, y-a repunancia que, 
como home d'ideas e conviciós, tenía que vencer antes do presen- 
tar os meus versos ô Certame, comprenderános solo aqueles que 
recorden os estreitos termos en que estaba concebido ò programa; 
aqueles que se viren privades como eu de cultivar dend'a infân- 
cia a doce lengua nativa, j'-aqueles, en fln, n'os que, a idade, ô 
studeo, a mala sorte, eu ò conocemento d'as cousas d'a vida, fosen 
aminguando ò tesoro d'as primeras crencias, trocándollas por 
outras que, raáis ou menos ventaxosas — qu'esto non hai para qué 
discutilo agora — , non está na mau d'o home impedirles a entrada 
n'o seu peito. 

Afortunadamente, e pol-o qu'esto toca n"A Virxk d'o Cristal, 
non flxen mais que recolier unha tradición relixosa, tal e como 
anda pol-o povo adiante, e, fora a rima, cos mesmos xiros, mo- 
dismos y apotegmas que sai d'a boca d'os nosos campesinos. Si o 
queredes ver, non tendes mais que ir a Vilanova. 

Nada, pois, de canto n'ese poema vedes é meu, quer sea mara- 
villoso, quer sea humano e positivo. Eu non falo n'esa obra nunca, 
como non sea n-o prefaz; pêro inda ali non fago mais que pararme 
á saudar as miíías memorias de neno, como quen toma alento n'o 
médio d'unha difícil costa, antes de continuar ò seu camino. Esto 
non quer decir por eso que eu non apadrifie e teiía por meu, e 
moi meu, canto de deficiente n'a esfera d'a forma s'alcontre n'ese 
poema : bon sei que moito me pode botar n'a cara unha crítica 
severa que non guste de certo realismo, en poucas literaturas tan 
natural como n'a gallega; anque pudera disculparme n'este caso 
ò haber sido esta obrina a primeira d'o seu xénero que n'a nosa 
lengua foi escrita. Algo d'esto debéu tèr en conta ò público ô 
aplaudirme y-ò Xurado ô dispensar âs minas poesias unha honra 
que non podia prometerme, entre vinte que disputaron ò prémeo. 

Si este o recadoi con xusticia, a crítica diante, â cal compareceu 
aquelas poesias, purgadas d'algús insinificantes erros d'enipreDta, 



AIRES d'a mina terra 167 

« corrrexidas d'algún que outro vocablo mais ou menos iieolóxico 
y-escuro, m'o dirá lioxe, y-eu espero que m'o diga, xa que non co'a 
Imparcialidade, pol-o menos co'a proverbial dozura a que nos ten 
tan acostumados. 



Cálltig'a. — Tal é a primeira poesia que escribíu ò autor n'o 
dialeuto pátrio. Non figuraria n'esta coleución si a circunstancia 
d'habela feito popular en Galicia a linda miiineira que pra ela com- 
pus© ò Sr. D. Cesáreo Alonso Salgado, seu querido amigo, non-a 
iixese dina de ver a lus púbrica. Fora d'esto, puxeron n'ela tales 
variantes os que inda lioxe lie fan a honra de tarareala, que ô autor 
xusgóu comenente dala â estampa tal e como a escribíu sobr'o 
marxe d'a leución X d'a Economia politica de Colmeiro, n'a tarde 
d'o 5 de xunio de 1869. 



TemprO deserto. — Estos versos, d'a raza d'os «suspirillos 
germânicos», como diria un poeta que non por eso deixou de botar 
moitos — dito vaya esto sin ánemo d'ofender un nome qu'eu quero e 
respeto— , escribinos en castellano cando inda pra min, xa qu'outros 
non, vivían e parjiadexaban os providentes dioses lares. Pêro os 
dioses vanse, y-éstes fóronse tamén; de sorte que a jjoesía q\i'eston- 
ces non tiiia obxeto, nin respondia mais que á unha ispiración d' o 
momento, hoxe, pol-o que ten de profecia cumprida e pol-o que 
refrexa ò estado d'o meu esprito, têno, e douna á lus traducida, 
rogando ô leutor que non se fixe n'ela, porque, realmente, solo pra 
mi vai algo. 



APÊNDICE 



Pareciéndonos curiosisimo cuanto acerca de Ia famosa Cantiga 
dei inmortal poeta Curros Enríquez dice el ilustrado periódico de 
la ITabana Diário de la Marina, correspondiente ai dia 19 de mar- 
zo de 1908, no vacilamos en transcribir a continuación el trabajo 
inserto en el diário donde Curros EInríquez presto durante muchos 
aiíos sus servicios. 

El procitado artículo dice asi : 

cLa Pressa. — Es eii esta sccción precisamente donde debemos 



168 M. CURROS ENRÍQUEZ 



rcproduciT la historia curio.^ísinia— tanto como desconocida— de la 
famosa Cantiga de Curros Enríquez. Como el Sr. Dlaz Silveira, 
habíamos nosotros interrogado a Curros sobre la completa substi- 
tución dei primer verso y sobre la mixtificación dei tercero— y no 
dei segundo, como dice, equivocándose, el poeta desaparecido — . 
Si la primora substitución nos parece más ajustada a la verdad 
escénica, aunquc no tan poética, la suplantación en el tercero de 
coitada por !<in trógolas no nos gusta, y las demás mixtificaciones, 
y más senaladamcnte las dei segundo cuarteto de la primera estan- 
cia, echan a perder la dulzura enérgica sollozada eu la tierna rima 
de la dulce fabla. 

«Estos ouatro versos : 

Y-a coitada entre (jueixas decía : 
«iXa n-o mundo non teilo ninguén! 
(Voii morrer e non ven os meus ollos 
Os olliiios d'o meu doce ben!...» 

»no están en manera alguna lealmente traducidos eu este cuarteto: 

Y la triste en sus quejas decía : 
«Ya en el mundo no tengo otro bien; 
Yo no quiero vivir, si mis ojos 

De mi amado los ojos no ven.» 

>Falta aqui el arranque amargo de desesperada melancolia : 
Vou morrer... 

«Tampoco está la cuarteta original traducida fielmonte en la que 
sigue : 

Y la triste anhelante, decía : 
;Solitaria en el mundo quede! 

;Y'o me siento morir, y mis ojos 
De mi amado los ojos no ven!» 

í Falta nervio, dulce virilidad, decisión auulativa de una alma 
asomada ai vacío de un corazún abandonado y solo. Pêro esto no 
liace ai caso de lo que nos proponemos, que es la reproducción de 
la historia de la tierna Cantiga, desconocida hasta ahora, que el 



AIRES d'a mina terra 169 

semanário Letras, bajo la firma dei Sr. Francisco Dlaz Silveira, nos 
la da a conocer. 
» Copiamos : 

«Sr. D. Francisco Díaz Silveira. 

»Muy senor mio y de todo mi respeto : Recibí sn amable carta 
fecha 21 dei corriente. Lo que usted advierte en la Cantiga lo lian 
advertido muchos, y tiene su explicación en lo siguiente : 

»Escribí esa poesia en 1869, siendo muy joven. Vivia yo en Ma- 
drid y tenía por companero de habitación a un paisano y condiscí- 
pulo, llamado Alonso Salgado. Una tarde de junio, antes de los 
exámenes, después de la siesta, yo repasaba la Economia politica 
de Colmeiro, y a mi lado, aburrido, reclinado en una silla contra 
la pared, mi amigo arrancaba notas repentinadas a una guitarra, 
instrumento que tocaba muy bien. Aquellas notas me llamaron la 
ateneión por lo sentidas y melancólicas: era un aire gallego, con 
toda la poesia de nuestras montailas. «[Bonito es eso!, le dije, ce- 
rrando el libro. jDónde recogiste esa canción? — En ninguna par- 
te, me contesto : me está saliendo aliora. — Repite esos compases 
y no los olvides: voy a escribir para ellos una letra», volvi a de- 
cirle. Y cogí el lápiz, y no teniendo papel a mano, abri de nuevo 
el libro de Colmeiro, y en las márgenes de la lección X hice la 
primera estrofa de la canción, que d ice así : 

N-o xardín unha noite sentada, etc. 

»La canto mi amigo, y resultaba perfectamente adaptada a la 
música. «Me gusta, me dijo. — Bien, le replique; pêro ahora es 
preciso que improvises una segunda parte.» 

"Se puso a remover los trastes, y no tardo en salir, con una 
ligera variante de tono, la segunda parte pedida : escribi para ella 
la segunda estrofa. La canto; no completo el drama, me i)idió, entu- 
siasmado, una tercera que fuese repetición de la primera; se la 
h4ce, y ahí tiene usted completa la composición, cuyo naciniiento 
celebramos con una merienda de uvas, pan y vino, que nos supo 
a gloria. 

Pêro Salgado era músico de aflción y no"conocia el pantagrama. 
Le indique irnos en busca de un maestro que la escribiesc, y me 
dijo que no había necesidad, que tenía buena memoria, y que 
tocándola dos o três dias ya no se le olvidaria jamás. Pasaron dias; 
nos examinamos; él se marcho a Galicia, y yo me quede en Madrid. 
Pasaron anos, y en 1877, ya casado yo, fui a Galicia a ver a mi 
familia, y ai Ilegar a Orense, de noclie, me asomé en mangas de 



170 M. CURROS ENRÍQUEZ 



camisa ai balcón dcl hotel en que paraba, y allí estaba tomando el 
fresco, cuando, unas casas más arriba, oí un coro de vocês feme- 
ninas que cantaban algo que yo queria recordar... «f^Dónde escuché 
yo eso?», me preguntaba. El cauto seguia, y la letra, que percibía 
vagamente, parecia preguntarrae : cjNo me conoces?» Asi era; no 
la conocía; liabia en ella una variante que me desconccrtaba. Ea 
vez de 

N-o xardín unha noite sentada, 
sla canción empezaba diciondo: 

Unha noite n'a eira d'o trigo. 

íPero llegó cl final de la estrofa, y entonces exclame : «Si, eso 
es mio; solo que me lo han desfigurado... ^ gQ^i^ habia pasado en 
los ocho anos transcurridos? Pues, sencillamente, que mi amigo, 
en fuerza de tocar a la guitarra, la habia hecho popular primero en 
Trives, de donde era natural, y después en Santiago entre los 
estudiantes, resultando de aqui que el pueblo soberano substituyó 
un verso por otro que él fabrico, y como ese verso -hablaba de un 
jardin, que no tienen todas las casas de los pobres, y en cambio 
tienen eras, donde se reunen los vecinos y bailan y celebran sus 
flestas de família, en la era localizaron el drama, sin respeto ai 
poeta, pêro con muchísimo respeto y mucha 'lógica para sus gus- 
tos y aflciones. 

»La substitución me indigno. Dos anos después hice el tomo 
Atrks d'a mina terra, y di cabida en él, imprimiéndola por vez 
primera, a la dichosa Cantiga; pêro refractário por igual a todas 
las tiranias, a las de arriba como a las de abajo, rechace la modifl- 
cación popular y apareció con el verso mio original, que tome dei 
libro de Colmeiro, que conservaba y conservo. Ya era tai"de, sin 
embargo, para acudir ai remédio de la adulteración. La Cantiga se 
habia hecho popular. En los ocho anos transcurridos se hablan 
hecho ediciones fraudulentas en América (una de ellas la de Ansel- 
mo López), y se habia cantado en los mares de China y hasta en 
los dei Polo, a bordo de buques que conduclan expediciones cien- 
tíficas Uevadas a todas partes por marineros gallegos, y en todas 
partes aplaudida generosamente, más por su música (que ultima- 
mente y con consentimiento mio pasó ai pentagrama, con algunas 
ligeras modificaciones dei maestro Chané) que por la letra, la cual, 
si pudo satisfacerme ai escribirla, hoy la eneuentro deficiente y 
demasiado trágica y romanticona. 



AIRES DA MINA TERRA 171 



»Ya Io sabe usted todo, liasta lo que no bacia falta qxie supiese; 
pêro su carta es tan insinuante, que ínvita a la confidencia y auto- 
riza a la mayor franqueza. 

»Agradezco a usted el cariuo y el interés que demuestra por esa 
miserable obra mia, indigna de la enorme celebridad alcanzada, 
que la hace eternamente joven, mientras su autor envejece a más 
y mejor, sin encontrar la fuente de Cátanas que le rejuvenezca. 

íPerdóneme haya tardado tanto en contestaria; pêro los queha- 
ceres dei periódico me privan de tiempo y gusto para escribir car- 
tas. Tengo como unas doscientas sin contestar, entre ellas muchas 
de mi família. 

»Y sin otra cosa, queda de usted muy reconocido seguro servi- 
dor que q. 1. b. 1. m., 

M. Curros EtíRÍQUEZ.> 
(Recibida el 23 de mayo de 1907.) 



«Habana, 24 mayo 1907. 
>Sr. D. Francisco Díaz Silveira. 

♦ Presente. 

íMuy estimado senor de todo mi aprecio : Recibo su atenta. Soy 
«nemigo de exhibiciones, y menos para ser pregonero de mis pro- 
pias misérias. AsI que le rogaria y estimaria muclio que no publi- 
case esa carta, no vestida para la publicidad y probablemente 
incorrectísima, como becba robando tiempo a mis faenas periodís- 
ticas y ai correr de la pluma. 

j>Pero como ai mismo tiempo me apena la idea de no complacerle 
dei todo, le autorizo para que diga ai Sr. Carbonell, si persiste en 
su empeíío de ocuparse de la dichosa Cantiga, que sin publicar la 
carta, liaga una relación de los hechos en ella narrados, dando 
completo el nombre dei autor de la música, que se llamaba Cesáreo 
Alonso Salgado, y que el vulgutn peciis que altero la canción no se 
contento con substituir el primer verso, sino la última palabra dei 
segundo, que era jlrégulâa». (trégua en castellano), colgando en su 
lugar la palabra «cuitada». Tengo un vago recuerdo de haber de- 
nunciado esa pillería dei público, o de baber querido denunciaria, 
por lo menos en las Notas que aeompaSan a la primera edición de 



172 M. CURROS enríqi:ez 



los Ajres d'a miSa tebra, cosa lioy difícil de comprobar, porque 
no quedan rastros de esa edicion, como de las três restantes, ago- 
tada la última en 1889. 

»Reiterándolc mi gratitud por sus atencioncs, se repite de usted 
afectísimo q. 1. b. 1. m., 

M. Curros ENEfquEz.» 

>Si las dos tradueciones que publica Letras nos pareceu déblles 
de nervio y pálidas de sentimionto melancólico, nos parece, en 
cambio, de perlas la nota de intensa actualidad literária que ha 
dado, y que nosotros somos los priraeros en apreciar y agradecer 
en lo que vale, como sierapre hemos sido de los primeros en elo- 
giar el brioso estro y la marcial arrogância poética de Letras, 
periódico ])uramente literário que se ha alzado con el cetro de las 
simpatias intelectuales. 

«Réstanos por decir que la verdadera Cantiga es la que, revi- 
sada por su autor, se reimprimió en el Diário de la Marina dei 
1!) de mayo de 1907.' 



jAy! — Esta bellísima composición, una de las más hermosas 
que constituyen el volumen Aires d'a mina terra, ha sido trasla- 
dada ai pentagrama por los renombrados maestros compositores 
D. José Baldomir, autor de la lierniosa zarzuela de D. Manuel 
Linares Kivas Santos e Meigas y de un sinnúmero de bellísimas 
cauciones escritas en dialecto gallego, y D. Arturo Lapuerta, autor 
de varias zarzuelas muy aplaudidas y colaborador dei insigne 
Galdós en la ópera Zaragoza. 



IVCelodía ga.U6ga,. — Esta bella composición dei inmortal 
bardo galiciaiio sirvió ai reuombrado maestro D. José Castro 
Chané, entrafiable amigo y compadre de Curros Enríquez, para 
escribir una de sus producciones más inspiradas. 

Esta composición, editada en Coruna hace vários anos, recorri» 
triunfalmente Espana y América. 

I .V. dei Recopilador. ) 



II 1 1 1 1 1 I I 1 1 1 1 1 1 I I 1 11 I 1 1 III 1 1 1 11 I tijni riii i 1 1 I n I I I u. 



flDVEBTEHGIB PBELWINBB DE Lfl SEGOKDB EDIGIÚN 



A íines de julio de 1880, dias después de haber .salido 
a luz pública en Orense el libro cuya segunda edición 
ofrecemos hoy a nuestros lectores, el senor obispo de 
aquella diócesis expedia un edicto en que se condenaba 
la obra dei Sr. Curros Eiiríquez, «por contener proposi- 
ciones heréticas, blasfemas, escandalosas, y algunas que 
merecen otra censura», edicto leído por todos los curas 
de aquella vasta diócesis ai ofertório de la misa popular, 
y publicado en el Boletin EcLesiáático , núm. 1.206. 

A los poços dias, el Juzgado de primera instancia de 
aquella ciudad instruía, en virtud de oficio dei gober- 
nador civil de la província (el Excmo. Sr. D. Victor 
Novoa Limeses), el sumario de causa criminal contra 
(BI inspirado autor de Aires d'a mina terra, por supo- 
ner que en varias de las poesias, A Igrexafria, Miran- 
<i'ô c/iau y Pelegrínos, á Roma, se escarnecia alguno 
de los dogmas o ceremonias dei culto católico 

La Prensa, por su parte, tendia una mano fraternal 
ai poeta perseguido en tales circunstancias; el libro, 
lanzado a los cuatro vientos, alcanzó una notoriedad 
sín duda merecida, pêro hasta entonces inusitada en 
Galicia : la edición sé agotó en quince dias. 

Mas la censura eclesiástica continuaba en vigor y en 
cur.so la causa criminal, fallada ai fin en primera ins- 



T'^4 M. CURROS BNRÍQUEZ 



taricia el 4 de agosto, condenando ai Sr. Curros a la 
pena de dos anos, cuatro meses y uri dia de prisióa 
correccional, multa de 250 pesetas, suspensión de todo 
cargo y dei derecho dei sufrágio durante la condena, y 
costas, acordándose además la iiiutilización de los poços 
ejemplares secuestrados. 

Fuerza es consignar que esta condena, que nos abste- 
nemos de calificar, produjo una dolorosa impresión en 
el ânimo de los numerosos amigos dei poeta y de cuan- 
tos, aun no siéndolo, miran como sagrada la causa de 
la libertad dei pensamiento. 

Pêro fuera de la autoridad eclesiástica, de la civil y 
dei Juzgado de primera instancia, nadie pudo descubrir 
ni siquiera apariencias de criminalidad en las poesias 
denunciadas: ei ministério fiscal, dignamente represen- 
tado, asi en la primera instancia por el Sr. Nieto, como 
en el Tribunal de apelación por el Sr. Collazo, opino en 
el sentido de la libre absolución, y en tal sentido pro- 
nunciaron sentencia los respetabíes e íntegros magis- 
trados de la Audiência de La Coruna. 

Los más importantes documentos de esta causa, una 
de las páginas (iy quiera Dios sea la última!) de la his- 
toria de la intolerância en Espana, los ofrecemos lioy a 
nuestros lectores. Figui-a, entre ellos la notable y vigo- 
rosa defensa escrita por el Sr. Paz Novoa, siempre aper- 
cibido a luchar valerosamente por los fueros de la liber- 
tad y dei derecho, y la elocuente y hábil que pronuncio 
ante la Audiência el Sr. Puga yBlanco (D. Luciano), 
una de las primeras ilustraciones dei foro coruiiés. 

jRara coincidência! Entre las poesias que tantas pro- 
testas suscitaron, liay una, la titulada MirancVô chau, 
que fué la que principalmente atrajo sobre la cabeza de 
su autor los rayos de la persecución, lo mismo, exacta- 
mente lo mismo, que Le bon Dicu, que el Sr. Curros 
imito o parafraseó, atrajo sobre el popular Bérangerlas 
iras dei Poder en 1821 y 1828. Bien es verdad que la 
intolerância es siempre una y la misma a través dei 
espacio y dei tiempo, y que de la inspiración dei vate 
galiciano puede afirmarse lo que de la dei ilustre cantor 
de Francia dice uno de sus biógrafos: «Es un arpa eóli- 
ca que torna en arménias los acentos de la multitud.» 
Leyendas, íiestas populares, dolores íntimos, la nos- 
talgia, la ruda y santa sencillez de los campesinos, las 



AIRES D'A mina terra ITÕ 

injusticias que pesan sobre la noble, valerosa y sufrida 
raza que puebla las províncias dei Noroeste; para todo 
tiene acentos, ya enérgicos, ya dulces, siempre bizarros 
y patéticos, la lira de nuestro nobilísimo poeta, que corv 
igual razón que el. galo puede exclamar : • 

LE PEUPLE c'eST MA MUSSl 

€1 editor. 

Madrid, 1881. 



ri I I I I I I I I I I I mu I I I I I I I I III I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I I n i 



CENSURA ECLESIÁSTICA 



NOS EL DR. CESÁREO RODRIGO, POR LA GRACIA 
DE DIOS Y DE LA SANTA SEDE APOSTÓLICA 
OBISPO DE ORENSE, CABALLERO GRAN CRUZ 
DE LA REAL ORDEN AMERICANA DE ISABEL LA 
CATÓLICA, SENADOR DEL REINO, ETC. 

A todos nuestros amados diocesanos haceraos saber: 
Que habiéndosenos denunciado un libro escrito por 
M. Curros Enriquei, con el titulo de Aires d'a mina 
TKRRA, que acaba de publicarse en esta ciudad, dispu- 
simos fuese examinado por três teólogos de notória 
ciência; y resultando que, según su dictamen, contiene 
dicho libro proposiciones heréticas, blasfemas, escanda- 
losas y algunas que merecen otra censura; Nos, en vir- 
tud de nuestra autoridad ordinária y de la especial que 
tenemos delegada de la Santa Sede Apostólica, repro- 
bamos y condenamos el expresado libro, y estrictamente 
prohibimos su lectura y retención a todos nuestros dio- 
cesanos, y les mandamos que si tuvieren ejemplaresde 
él los entreguen en nuestra Secretaria de Câmara o a 
sus respectivos pârrocos o confesores, para que estos los 
pongan a nuestra disposición. 

Condenamos el error y nos compadecemos dei que 
yerra. Por eso, ai propio tiempo que en cumplimiento 
Tomo I. 12 



178 M. CURROS ENEiQUBZ 



de nuestro sagrado deber velamos por la pureza de la 
doctrina, dirigimos nuestras preces ai Todopoderoso 
para impetrar de su infinita misericórdia que los que 
se hallan envueltos en las tinieblas de la herejia, o 
rehusan la ensefianza infalible de la Iglesia, abran los 
ojos a la esplendente luz de la verdad católica. Y a fin 
de que nuestros amados diocesanos estén prevenidos y 
dóciles a nuestra voz, como lo esperamos, se abstengan 
de tomar en su manos el expresado libro, ordenamos- 
que este nuestro edicto sea leido ai ofertório de la misa 
popular en todas las igiesias parroquiales y de anejos el 
primer dia de íiesta después de su recibo. 

Dado en nuestro palácio episcopal de Orense a 28 de 
junio de 1880. — Cesáreo, obispo de Orense. — Por 
mandado de S. E. I. el Obispo mi senor, Dr. D. Jiian 
Soldemlia, canónigo-secretario. 



(Boletin Eclesiástica dei 28 de junio de 1880.) 



IH I 11 I I I I I IJ I I I I I I II I I ti IH I I 11 III I II 



DEFENSA EN PRIMERA INSTANCIA 



El procurador Rodríguez López, por el Sr. D. Ma- 
nuel Curros Enriquez, autor dei volumen de poesias 
Aires d'a mina terra , procesado por supuesto delito 
relativo ai libre ejercicio de los cultos, comparece ante 
el Juzgado con la pretensión de que en definitiva, y-de 
conformidad con lo propuesto por el senor promotor 
fiscal en su luminoso dictamen de los fólios 46-51, ha 
de dignarse V. S. declarar que en las composiciones 
poéticas que han motivado este procedimiento no se ha 
cometido el delito definido en el núm. 3.°, art. 240, dei 
Código penal, y en consecuencia absolver libremente 
ai Sr. Curros Enriquez, con las costas de oficio y devo- 
lución ai editor D. António Otero de los ejemplares 
secuestrados. Asi procede en justicia. 

Según consta dei escrito fiscal, folio 1.°, el Excelentí- 
simo e limo. Sr. Obispo de esta diócesis oficio el 22 de 
junio último ai Excmo. Sr. Gobernador civil de la pro- 
víncia, manifestándole haber sabido con profundo sen- 
timiento que en esta ciudad se había publicado y anun- 
ciado la venta dei volumen de poesias Aires d'a mina 
TERRA, en el cual, según el reverendo prelado, y sena- 
ladamente en las tituladas A Igrexa fria y Mtrand'ô 
chau, se atacan y ridiculizan vários dogmas de la reli- 
gión católica; por todo lo que le rogaba que, en uso de 



180 M. CURROS BNRÍQUBZ 



SUS atribucioiíes, impidie.se la eirculación y venta dei 
expresado tomo de poesias, y adoptase las medidas que 
ai efecto estimase convenientes. 

No obstante estar autorizada Ia eirculación dei libro 
de que se trata, como lo comprueba el ejemplar devuel- 
to ai editor con el sello dei Gobierno civil, el senor go- 
bernador, deferente con la autoridad eclesiástica, trans- 
cribió el oficio dei reverendo prelado ai senor promotor 
fiscal, acompanando un ejemplar de la obra denuncia- 
da, para que procediese con arreglo a las prescripciones 
de la ley de Imprenta. 

Pêro com o la obra de que se trata constituye en el 
sentido de esa ley un folleto no politico, no corapren- 
dido, por ende, en sus prescripciones penales, se consi- 
dero desde luego que el proceder dei supuesto delito 
denunciado en el oticio de la autoridad eclesiástica era 
de la competência de la jurisdicción común. Y se ins- 
truyó el sumario brevemente, con la actividad y el ceio 
que distingue a V. S. Secuestrados los ejemplares exis- 
tentes en poder dei editor, desliechos los moldes, reci- 
bida declaración indagatoria ai Sr. Curros y obtenidos 
los antecedentes (altamente honrosos) relativos a su per- 
sona, el ministério público eraitió dictamen terminante 
a la absolución libre, como queda indicado ya. 

En realidad de verdad, no procede otra solución. 
Vamos a demostrarlo, exponiendo el sentido de las dos 
poesias denunciadas y de alguna otra cuva versión ai 
castellano considero V. S. conveniente encomendar 
también a los peritos traductores, y confiamos en que 
por tan sencillo método se vendrá en conocimiento de 
que ninguna de ellas cae bajo la sanción dei núra. 3.°, 
articulo 240, dei Código penal. 



La Iglesia fria. — (Páginas 105-7.) 

Descri be el poeta, con esa energia de pensaraiento 
y expi;esión que caracteriza algunos de sus cantos, las 
ruinas dei antiguo monasterio, lugar de asilo en otros 
tiempos para los criminales. De la alta campana pende 
todavia la robusta cadena que, azotada por el viento e 
iluminada por los rayos dei sol poniente, semeja una 
serpiente encantada, guardián de las ruinas, que se 
raueve y gime. El ladrón y asesino dei viajero indeten- 



AIRES D'A mina terra 181 

so llegaba allí fugitivo, aún con el punal en la mano y 
manchado con la sangre de las victimas, buscando asi- 
lo; los frailes, que queraaban a Jerónimo de Praga, re- 
cogían y ponian en salvo ai criminal, que, vestida la 
coguUa, pasaba de réprobo a santo en el mismo dia, y 
de cuya garganta, que debiera ser entregada ai verdu- 
go, saíia el anátema contra Colón y Galileo. Las victimas 
suplicaban amparo; mas la justicia, indigente escudero 
dei sangriento crimen, tenia que detenerse indignada 
a la puerta dei lugar sagrado. «;Qué tiemposl», le dice 
una negra visión ai poeta, cuando en sus solitários pa- 
seos llega hasta el desolado monasterio. «iQué tiem- 
posl», dice él también. 

He aqui sumariamente expuesto el asunto de la com- 
posición. Si en su aspecto artístico es admirable el cua- 
dro, en lo histórico (salvo cierto accidente) es verdade- 
ro, y en el jurídico perfectamente justo. 

Denominábase IgLesia fria el derecho dei criminal 
acogido a lugar sagrado, extraído y no restituído, para 
solicitar su restitución ai asilo si le volvían a prender. 
Algunos reos de delitos leves hacían maliciosamente 
que les extrajesen, y cuando después les prendian por 
nuevos y mayores delitos, invocaban aqúel derecho 
para librarse de las penas en que habian incurrido. Así 
se preparaba la impunidad, se hacía ilusória la acción 
de los Tribunales y se atentaba sobre seguro ai honor, 
a la libertad, a la propiedad y a la vida de los hombres. 

El privilegio de asilo, fundado sin duda en la cari- 
dad, pêro bastardeado por las malas pasiones, había 
llegado a ser un elemento de perturbación dei orden 
civil. A semejante estado de cosas, que no debia sub- 
sistir en un país civilizado, puso término en Espaiia el 
Concordato de 1737, cuyos artículos 2.°, 3.° y 4.° cons- 
tituyen el texto de la ley 4.*, título IV, libro í de la No- 
visima Recopilación . «Para mantener la tranquilidad 
pública (dice el primero de aquellos artículos) e impe- 
dir que con la esperanza dei asilo se cometan algunos 
más graves delitos que puedan ocasionar mayores dis- 
túrbios, dará Su Santidad, en cartas-circulares a los 
obispos, las ordenes necesarias para establecer que la 
inmunidad local no sufrague en adelante a los saltea- 
dores o asesinos de los caminos.» No transcribiraos, por 
evitar prolijidad, todo el texto de la ley, harto curioso ; 



182 M. CURROS ENRiQUEZ 

pero basta lo anunciado para demostrar quu el canto 
L(L hjLeúa fria está calcado en la verdad histórica y en 
la verdad legal. 

Sobróle razón ai Sr. Curros ai elegir este asunto. 
Guando tantos sueuan todavia con la resurrección de 
ideales muertos; cuando estos sonadores intentan opo- 
ner diques ai majestuoso curso dei progreso, nada me- 
jor ni más acertado que pintar con vivos colores aquel 
estado social, informado por el despotismo político y la 
intolerância. ^Y qué es lo que hay culpable en tan no- 
bilísima tarea? 

La más escrupulosa critica solamente advertirá un 
error histórico en lo dei anátema de Colón. Los domi- 
nicos de Salamanca y los franciscanos de la Rábida 
alenlaron, defendieron y ayudaron ai inmorial geno- 
vês, descollando entre todos la simpática figura de aquel 
fray Juan Pérez de Marchena, carinoso amigo dei almi- 
rante y fervoroso patrocinador de sus gloriosos pensa- 
mientos. 

Dicho sea en honor de ellos. Pero un error histórico 
no es un delito. 

Esto aparte, ^quién que no conozca la historia dei Con- 
cilio de Constanza ignora la muerte de Jerónimo de 
Praga y Juan Huss en la hoguera que atizaba el fana- 
tismo? Y en lo que respecta a Galileo, ^.quién puede ya 
sostener de buena l'e que sea una impostura la conde- 
nación de su doclrina sobre el movimiento diário y 
anual de la Tierra, como contraria ai texto de las Sa- 
gradas Escrituras, hoy que se han podido lanzar a los 
cuatro vientos las páginas dei proceso? 

«El génio más grande que la Itália moderna ha dado 
a las ciências, agobiado por la vejez y las enfermeda- 
des, se vió obligado, para libertarse dei suplicio o la 
prisión, a pedir perdón a Dios de haber ensenado a los 
hombres a conocer mejor sus obras, y a admirarle en 
la sencillez de las leyes eternas por ías cuales rige el 
Universo.» Tal es el juicio de la Filosofia por los lábios 
de Condorcet. 

Al mismo tienipo que el salteador de los caminos y 
el asesino de los viajeros gozaba de la inmunidad de la 
líjlesia fria, se tronaba desde el púlpito contra el des- 
venturado sábio florentino, y se le obligaba a la retrac- 
tación de la verdad. 



AIRES d'a mina terra 183 

Referir todo esto, y en bellas estrofas, y eii nuestro 
hermoso dialecto, para instrucción y deleite dei e-spiri- 
tu, antes merece aplauso que castigo. 



Mirando ai suelo. — (Páginas 117-25.) 

Imitación esta poesia de Lc bon Dieu, de Béranger, 
pêro superior ai modelo, tanto que bien puede ser con- 
siderada como uno de los romances mejor escritos en 
galiego, ha suscitado protestas que, en nuestro humilde 
juicio, no son tan fundadas como pudiera creerse. 

Pasa Dios revista ai mundo, según el pensamiento 
dei poeta, y advierte que el sibaritismo y la avaricia 
han invadido a Roma; que la crueldad ha substituído en 
la sociedad civil a la justicia y la clemência; que los cam- 
pesinos se extenúan en las duras faenas dei trabajo, tan 
rudo como estéril, dada la defectuosa organización de 
nuestra propiedad agrícola; que el ágio, las falseda- 
des, la cobardia, el deslionor y el crimen son los mé- 
dios por que prosperan muchos en esta vida terrena; 
que hay maios Gobiernos que engordan con el jugo de 
los pueblos; sacerdotes que, fusil ai liombro y como 
canes rabiosos, predican la insurrección; ricos que 
amontonan oro por mala manera; médicos que preva- 
rican en las operaciones de las quintas, y hombres que 
se mueren de iiambre, y pobres mujeres que no tienen 
con qué cubrir su desnudez, y ninos que crecen en la 
ignorância; y ante tan sombrio y desconsolador espec- 
táculo, Dios, conocidas las causas que ofrecen mayor 
contingente de almas ai infierno que ai cielo, aparta la 
vista arrepentido de su obra, y se vuelve a su gloria 
excelsa, diciendo: «No, no es este el mundo que yo he 
creado.» 

Apreciada la poesia en el fondo, parece que el autor 
se inspiro en los versículos õ, 6 y 7, cap. 6.°, dei Gé- 
nesis : «Videns autem Deus quod multa malitia ho- 
minum esset in terra, et cuncta cogigatio cordis intenta 
esset ad malum omni tempore, poi-nituit eum quod ho- 
minem fuisset in terra. Et tactus dolore cordis intrinse- 
cus, delebo, inquit, hominem quem creavi à facie terra'., 
ab homine usque ad animantia, à reptili usque ad volu- 
cresco'li: poeuitct, enim, me fecisse eos.» 

No suele ser muy dei agrado de los felices dei mundo 



184 M. CURKOS ENRÍQUEZ 

el cuadro de las misérias sociales. Cuanto-s en todos 
tiempos acoraetieron la empresa de denunciarlos, fue- 
ron senalados como sediciosos, revolucionários o uto- 
pistas, porque la felicidad terrena, si está divorciada dei 
deber, conduce ai más delestable egoísmo. Fero la voz 
de alerta que dan las almas generosas es grandemente 
útil, siquiera los venturosos vean turbada la felicidad de 
sus goces. Denunciar el mal es ya por si solo el princi- 
pio de la reparación. 

No sabemos si pudo parecer irrespetuosa la poesia 
Mirand'ô ehau en lo que se refiere a Roma. A nosotros, 
en la esfera dei Dereclio, no nos incumbe averiguarlo; 
pêro no han de olvidar las almas timoratas que en 
tiempos en que no estaba garantizada como hoy lo está 
la libertad de pensamiento, escribieron cosas peores 
poetas insignes, alguno de los cuales es gloria y orna- 
mento de la literatura católica. Dante, en La Divina 
Comedia, coloca en el infierno, en el circulo de fuego 
en que sufren tormentos los simoniacos, a vários Sumos 
Pontífices, que esperan allí ai papa reinante Bonifá- 
cio VIII; y cuando el gran poeta gibelino ha ascendido 
ai Paraíso, oye una voz, la de San Pedro, que le dice: 
«El que en la tierra usurpa mi jiuesto, mi Sede Supre- 
ma, mi dignidad, que a los ojos dei Hijo de Dios está 
vacante, ha convertido mi sepulcro en cloaca de sangre 
y podredumbre: en verdad que yo no verti mi sangre, 
ni Lino y Cleto la suya, por la Esposa de Cristo, para 
que esta se acostumbrase a amontonar oro, ni fué nues- 
tra intención que se grabase mi imagen en los sellos de 
los privilégios falsos y venales de que frecuenteraente 
me avergíienzo e indigno. Disfrazados de pastores, an- 
dan por Lodos los campos los rapaces lobos. lOh, justicia 
de Dios! ^Por qué estás ociosa?» 

No tonemos interés alguno en atacar ai Pontificado, 
institución para nosotros respetable. Épocas hubo som- 
brias y turbulentas en que dirigió eficazmente la edu- 
cación moral dei género humano; favoreció después el 
renacimiento de las letras y las artes, y en otras esferas 
de acción coopero ai aíianzamiento de la idea de justi- 
cia en la vida íntima de los pueblos, o en sus relaciones 
internacionales: aun vive en la memoria de los hom- 
bres de bien el recuerdo de Lambertine y Ganganelli. 
Hoy mismo el nombre dei antiguo obispo de Perusa es 



AIRES d'a mina terra 18õ 

prenda de reconciliación entre las creencias más ama- 
das dei pueblo espanol y los principies tutelares de la 
civilización moderna. Pêro iquién duda que no siempre 
los investidos de tan alta dignidad fueron acreedores a 
los aplausos de la Historia? 

Se dijo fuera de aqui que el Sr. Curro^ Enriquez 
escarnece en la poesia Mirand'ô chau el santo nombre 
de Dios. Protestamos respetuosa, pêro energicamente, 
contra tamana acusación. Lo que el Sr. Curros Enri- 
quez satiriza es el falso concepío que de Dios tiene for- 
mado el vulgo de las gentes. Dios no forja cadenas ni 
pestes, porque no es lógico pensar esto de la bondad 
infinita; no es mozo ni viejo, porque es Eterno; no está 
sujeto a enfermedad alguna, condición propia y priva- 
tiva de la criatura; pêro la imaginación popular, y aun 
el Arte, nos le representan anciano, y la superstición, 
que continua usurpando el lugar de la fe racional, le 
quiere convertir en instrumento de los más innobles 
deseos. A Dios invocaban los que desgarraban las en- 
trafias de la pátria, fomentando y sosteniendo Ia guerra 
civil; a Dios los que en aquellos aciagos dias mataban 
ai mantenedor de las leyes e incendiaban los campos y 
saqueaban los pueblos; a Dios invoca el logrero para 
que no conceda a los liombres el pan de cada dia; el 
litigante de mala fe, interesado en aniquilar ai adver- 
sário; hasta el jugador de lotería, para que le quepa en 
suerte un buen premio. jNo es esto lo ordinário, y lo 
vulgar, y lo corriente? 

' Pues he aqui lo que el Sr. Curros, espiritu eminente- 
mente religioso, combate en la poesia de que tratamos, 
cuyo fondo es en alto grado moral y humano. 

El estribillo que el diablo me lleve, puesto en boca de 
Dios, representado a la manera vulgar, cuando no se 
explica tanta iniquidad y depravación en los mortales, 
dice lo contrario de lo que dice. Es una locución fami- 
liar en Espana, y más todavia en Galicia, usada hasta 
por personas de severa moralidad, para dar más ener- 
gia ai pensamiento, pêro sin que el que la profiere pien- 
se en el diablo ni renuncie a su salvación. 

El romance Mirand^f) chau pierde mucho de su carác- 
ter inofensivo e ingénuo traducido ai castellano: en el 
idioma nacional, una traducción descarnada y dura 
borra los esmaltes dei Arte y torna en indelicadas aspe- 



186 M. CURROS ÉNRÍQURZ 

rezas los más suncillos atavios. No es posible traducir 
ni la índole propia dei dialecto en que se escribió el ori- 
ginal, ni el génio de la musa popular que lo lia inspira- 
do. Forque no lia de olvidarse que el pueblo gallego, 
tan fervorosamente devoto, es a la vez zumbón y ma- 
leante, aun tratándose de aquellas creencias, institueio- 
nes o personas que son objeto de su veneración o su i-es- 
peto. Y quien le juzgase por estos accidentes como ím- 
pio e incrédulo, incurriria en error. 

La forma de la poesia de que tratamos podrá ser en 
este concepto, como acomodado ai carácter moral de 
nuestro pueblo, atrevida, pêro no escarnecedora de la 
Divinidad. |,Cómo ha de serio, si el pensamiento que la 
anima es la protesta enérgica y valiente de un alma 
honrada contra las iniquidades de los hombres? 



; Pcrcf/rinoê, a Roma! — (Página 131.) 

A.un recordamos con la más profunda pena aquella 
proposición en que se declaraba ai catolicismo incom- 
patible con el progreso, el liberalismo y la civilización 
moderna. No nos toca juzgarla, pêro si nos interesa in- 
dicar que fué lasenal de esta rudacampanaen que están 
empenados dos numerosos y opuestos bandos, cuyos 
diários combates perturban de continuo la desgracia- 
da sociedad en que vivimos, que parece ha perdido su 
asiento. 

Todos los espíritus batalladores han tomado puesto 
en el campo de los respectivos combatientes. Los unos 
quisieron hacer retrogradar la Humanidad a los dias de 
Hildebrando; los otros han adoptado por ensena los 
princípios de 1789. El Sr. Curros Enriquez parece afi- 
liado entre los últimos: la poesia de que tratamos es 
simplemente un grito de combate. 

ctl,a ira de Dios incendia el Vaticano; quemado el 
altar y el sólio, el ídolo caído grita invocando el socorro 
de los que le permanecen fieles. A. Roma, peregrinos, 
que la razón atiza el incêndio y hi fe peligra y cae el 
Papado: acudid, que en la lucha que con vuestra ayuda 
emprendió contra la libertad, agoniza la bestia apoca- 
líptica.» 

Si se inquiriese la causa generadora de esta actitud 
resuelta de una gran parte de la actual generación, se 



AIRES d'a mina terra 187 

bailaria sin duda en las predicaciones insensatas de los 
que convierten la religión en arma de partido o en capa 
de sus aspiraciones mundanas, y nos dicen a cada mo- 
mento desde las columnas de sus periódicos que el sis- 
tema liberal es obra de Satanás; que el que sea osado a 
defenderle queda ipso facto fuera de la eomunión de los 
fíeies; que ni las naciones son soberanas ni los hombres 
liljres; que solamente ellos, los que tales cosas dicen, 
son los buenos, los justos, los elegidos; que es preciso, 
en fin, y obra meritória además, combalir y anonadar 
a cuantos se manifiesten rebeldes ai yugo de la nueva 
íservidumbre. 

Arrojar tan estupendas novedades a la faz de un pue- 
blo que viene combatiendo hace sesenta anos por la 
causa de la libertad, y que con el más delicado instinto 
y por un movimiento de espontânea veneración a la fe 
de s'us mayores ha sabido distinguiria constantemente 
de la causa religiosa, equivale a provocar la indiferen- 
cia, la heterodoxia o el cisma. Así lo entienden cuantos 
anhelan la concórdia, que todavia consideran posible, 
entre las verdades dei Cristianismo y las fundamenta- 
les dei Derecho politico moderno. 

Pêro no todos piensan asi, y en el ardor de la lucha 
y en la gritería dei combate obedecen unos y otros, me- 
jor que a la madura reíiexión, a la pasión dei momento. 

El soneto en que nuestro cliente se expresa de la ma- 
nera que hemos visto, nos trae a la memoria aquel pa- 
saje de la Oda a la Imprenta, en que el insigne Quin- 
tana anuncia la caída «dei menstruo inmundo y feo que 
aborto el dios dei mal y que alzó su trono sobre las ruí- 
nas dei Capitólio para devorar ai mundo». Numerosas 
ediciones, hechas en la primera mitad de la presente 
centúria, circularon libremente y circulan hoy sin im- 
pedimento alguno, y aun recordamos haber oído leer 
aquella admirable poesia en las clases de Literatura 
espanola. 

En ambas se ataca el poder (queremos suponer que 
el temporal) dei Romano Pontífice. También lo ataco el 
Dante cuando escribia: «;Ah, Constantino! i De cuantos 
males fué origen, no tu conversión, sino la renta que ' 
de ti recibió el primer Papa opulento!» Y hoy es un 
hecho la caída de aquel poder, hecho acatado por distin- 
guidos varones que permanecen íieles ai catolicismo. 



188 M. CUUROS ENRÍQUBZ 

Mas si no bastase esta explicaciòn, si se quisiese atri- 
buii- carácter heterodoxo ai soneto dei Sr. Curros, ide 
• •uándo aoà es un delito pensar de tal manera? 

Era delito la lierejia cuando imperaba en Espana el 
Tribunal dei Santo Oíicio; lo era cuando la intolerância 
civil informaba nuestros códigos; pêro desde entonces 
se verificaron las más radicales raudanzas, y, lejos de 
constituir un delito, su libre maniíestación es un dere- 
cho; entiéndanio bien los intolerantes: underec/io. 

No todo ha sido restaurado; el Código penal que rige 
en nuestra pátria es el Código de 1870. En él se estable- 
ció sanción para garantizar los derechos dei hombre y 
dei ciudadano, reconocidos en la Constitución de 1869. 
Entre estos derechos figura la libertad de conciencia y 
la de cultos (art. 21): aun la de 1876 establece, en su 
articulo 11, que nadie será molestado en el território 
espanol por sus opiniones religiosas. 

L'no de los deberes, acaso el primer deber dei hora- 
l>re, es ser sincero, es acomodar sus actos a las pres- 
cripciones de su conciencia; negar esto equivale a pro- 
clamar el reinado de la hipocresía. Por otra parte, la 
elección de religión es un acto puramente moral, y por 
consiguiente libérrimo. No es ai Estado, sino a la"pro- 
pia conciencia, a quien corresponde la adopción de la 
religión y el culto que cada cual ha de profesar. En tan 
sencillas verdades descansa la prescripción constitucio- 
nal de 1869: las de la sección 3.''. cap. II, tit. II, libro II, 
dei Código penal (entre las que figura el núm. 3." dei 
artículo 240) no lienen otro objeto que garantizar, como 
lo indica claramente su epígrafe, el libre cjercicio de 
los cultos. 

Hay que subordinar, pues, a e.ste concepto funda- 
mental la interpretación de dicho núm. 3.° dei art. 240; 
interpretación que no ha de ser extensiva, sino restric- 
tiva, según los buenos princípios, por tratarse de leyes 
penales. Dice así: 

«Art. 240. Incurrirá en las penas de prisión correc- 
cional en sus grados médio y máximo y multa de 250 a 
2.500 pesetas...; 3.°, el que escarneciese publicamente 
algunos de los dogmas o ceremonias de cualquier culto 
que tenga prosélitos en Espana.» 

De suerte que para que exista este delito es indispen- 
.sable, además de la publicidad: 1.°, que haya escárnio; 



AIRES d'a mina terra 189 

2.'', que sea objeto dei escárnio alguno de los dogmas 
especiaLes, o algunas de las peculiares ceremonias de 
cualquier culto que tenga prosélitos en Espana; 3.°, que 
el escárnio sea, por su propia naturaleza, atentatório ai 
libre ejercicio de los cultos. 

Ninguna de esas circunstancias, elementos esencia- 
les dei delito definido, se da en las poesias denunciadas 
dei Sr. Curros Enríquez. No la primera ni la segunda, 
porque en ninguna de ellas se habla en son de mofa o 
burla de ningún dogma peculiar dei catolicismo : en Ia 
composición La Igíesiafria no se ataca dogma alguno; 
en el romance Mirando aí suelo no se ataca a Dios; se 
ataca, y eso por accidente, el falso concepto de Dios, 
aparte de que la creencia en la Divinidad no es dogma 
especial dei catolicismo, sino más bien dogma universal 
de la conciencia humana, común a todas las religiones 
monoteístas; en el soneto ; Peregrinos, a Roma! de 
nada se trata a manera de escárnio, en son de mofa o 
burla. Tampoco se da la tercera circustancia, porque 
la publicación de las poesias denunciadas no ha impe- 
dido ni puede impedir porsu propia naturaleza el libre 
ejercicio dei culto católico. 

Esto y el permiso que para la publicación de la obra 
dei Sr. Curros ha otorgado la autoridad civil superior 
de la província, en virtud de lo prescrito en el art. 70 de 
la vigente ley de Iraprenta, aleja dei ânimo hasta la más 
remota sospecha de crirainalidad. 

Espanta el pensar que por toda recompensa hubiese 
de ofrecer la sociedad ai iionradísimo e inspirado autor 
de Aires d'a mina terra la deshonra, la prisión y la 
miséria, y que por anadidura se le tildase de impío, 
cuando en la bellisima leyenda La Virgen dei Cristal 
(páginas 9-61) perpetua, con los encantos dei Arte, una 
de las más hermosas tradiciones religiosas de nuestro 
país. 

Pasó para no volver el tiempo de cierta clase de per- 
secuciones. 

Que asaz de sangre retino su acero 
El fanatismo impio 
De la máscara hipócrita velado, 

como dijo el inolvidable Lista. 



190 >I. CURROS BNRÍQUBZ 

Concluímos, pues, suplicando a V. S. se digne pro- 
nunciar sentencia a la manera solicitada en el párrafo 
inicial de este escrito de defensa. 

Orense, 25 de julio de 1880. 



Manuel Rodríguez López. Dr. Juan M. Paz Novoa 



11 IH I I I III III I I I I I I I I I IH I I I I I I I I I U I I I IIIIM I 



SENTENCIA DEL INFERIOR 



En la ciudad de Orense a cuatro de agosto de mil 
ochocientos ochenta : El Sr. D. Manuel Mella Monte- 
negro, juez de primera instancia de la misma y su par- 
tido, ha visto esta causa de oficio, seguida entre partes: 
de la una el ministério fiscal, y de la otra D. Manuel 
Curros Enriquez, de veintiocho anos de edad, casado, 
con hijos, empleado, natural de la villa de Celanova y 
vecino de esta ciudad: es de buena conducta, y no ba 
sido procesado, estándolo en la actualidad por delito 
relativo ai libre ejercicio de los cultos. 

1.'' Resultando que el ministério fiscal presentó ai 
Juzgado la denuncia que ocupa los dos primeros fólios, 
manifestando en ella que en un volumen de poesias 
gallegas publicado en esta ciudad por D. Manuel Cu- 
rros Enriquez e impreso en la tipografia de A. Otero 
se escarnecia y hablaba en algunas de ellas en son de 
mofa dei sagrado nombre de Dios, haciendo de El el 
ridículo y poniendo en su boca frases vulgares; y como 
dicho volumen constituye un foUeto no político y no 
comprendido, por lo tanto, en la ley de Imprenta vigen- 
te, solicito se instruyese la correspondienLe causa, acom- 
panando ai efecto uno de los ejemplares de diclia obra. 

2." Resultando que, iniciado el oportuno sumario, 
se declaro procesado a D. Manuel Curros Enriquez, y 



192 M. CURROS enríquez 

recibida declaración indagatoria, confesó sercierto era 
autor de todas las poesias que contiene el referido fo- 
Ueto. 

3." Resultando que el ministério fiscal propone la 
libre absolución dei procesado, con las costas de oficio, 
y que se devuelvan ai editor D. António Otero los ejem- 
plaros secuestrados, con cuya petición se lialla confor- 
me la defensa. 

1.° Considerando que comete el delito contra el libre 
ejercicio de los cultos, previsto en el párrafo 3.° dei ar- 
ticulo 240 dei Código penal vigente, el que escarneciere, 
mofare o l^urlare publicamente alguno de los dogmas 
o ceremonias de cualquier religión que tenga prosélitos 
en Espana. 

2." Considerando que es la religión católica, apostó- 
lica, romana la dei Estado, según el art. 11 de la Cons- 
titución, la cual tiene, por lo tanto, prosélitos en Es- 
paiia y es la que profesan la inmensa mayoria de los 
espanoles. 

3.° Considerando que es verdad firme e innegable, 
y por tanto dogma de la religión católica, apostólica, 
romana la existência de Dios con sus elevudisimos e 
infinitos atributos, y asimismo que el Pontificado es la 
cabeza visible de la Iglesia católica y representante de 
Jesucristo en la tierra. 

4." Considerando que D. Manuel Curros Enríquez, 
autor dei folleto de poesias Aires d'a mina terra, expu- 
so en las que llevan por epigrafe Mirand'ò ckau, y ocu- 
pan los fólios dei 115 ai 123, conceptos y frases que in- 
ducen ai desprecio y mofa dei Supremo Ser y dei Sumo 
Pontífice. 

5." Considerando que es, por lo tanto, evidente que 
tal hecho constituye el delito de que queda heclio mé- 
rito, asi como que es autor el citado Sr. Curros. 

6.° Considerando que, dada la circunstancia de pu- 
blicarse en el folleto diclio poesias altamente religiosas, 
como lo son las que ocupan el folio 7.° y siguientes, es 
presumible que ai publicar el referido Sr. Curros las 
que son penables, como dicho queda, no lia tenido, sin 
duda, intencíón de causar ua mal de tanta gravedad 
como el que produjo, o sea mofarse y burlarse liasta la 
esfera adonde lo ha liecho dei Criador dei Universo y 
de la cabeza visible de la larlesia. 



AIRES d'a mina terra 193 

7." Considerando que teniendo que interpretarse 
siempre los hechos, en caso de duda, en favor dei reo, 
no puede menos de tener que tomarse en consideración 
en el caso de autos la circunstancia atenuante dei ar- 
tículo 9.° dei Código penal citado; y 

8.° Considerando que las costas es forzoso imponer- 
las ai autor de todo delito o falta : 

Vistos, adernas de los artículos va expresados, los 
1.°, 11, 50, 62, 64, regia 2.» dei 82, 83, 84 y 91 dei refe- 
rido Código penal, y los 362, 363, 851 y 852 de la Compi- 
lación de Enjuiciamiento criminal, reformada por Real 
decreto de 6 de mayo último, 

Fallo que debo condenar, como condeno, a D. Manuel 
Curros Enríquez a la pena de dos anos, cuatro meses y 
un dia de prisión correccional, y multa de 250 pesetas, 
con la accesoria de suspensión de todo cargo y derecho 
de sufrágio durante la condena, y las costas; debiendo 
sufrir la prisión subsidiaria a razón de cinco pesetas por 
dia por lo que hace a la expresada multa, caso de insol- 
vência, inutilizándose los ejeraplares dei folleto que se 
ocuparon y obran en poder dei actuario, tan luego esta 
sentencia cause ejecutoria. Pues por ella, la cual se ele- 
ve en consulta a la Superioridad con todos los antece- 
dentes, citadas y emplazadas las partes por término de 
diez dias, lo pronuncio, mando y íirraa su seíioría, de 
que yo, el escribano, doy te. — Manuel Mella. — Gabriel 
Sotolo. 



Tomo I. 13 



iiMHWiMi.ii'iiíiii|iii"iiiii.|iitiiin.'iMi>'i"i-.|.ni.iiiiiii.<ii.i>iH|..|:^i..|..|ii|..|Hi»i.n,iiii|in,.r,rii»i-|i,ri|.|,|.r 



DEFENSA EN SEGUNDA INSTANCIA 



AUDIÊNCIA DEL 4 DE MARZO DE 1881 



Empezó dicha audiência a la una y cuarto de la tar- 
de (1). 

Dada cuenta por el relator dei apuntamiento relativo 
a esta causa, dijo 

El Sr. Presidente dei Tribuual : El defensor dei 
procesado tiene la palabra. 

El Sr. Fuga y Blanco (D. Luciano") : Eu defensa 
de D. Manuel Curros Enriquez, sostengo la pretensión 
de que la Sala, revocando la sentencia consultada, por 
la que se condena a mi cliente a la pena de dos anos, 
cuatro meses y un dia de prisión correccional, multa 
de 250 pesetas, accesorias y costas, ha de servirse, por 
el nuevo fallo que dicte, de conformidad con lo pro- 
puesto por el senor fiscal de S. M., declarar que en las 
composiciones poéticas que han motivado este procedi- 
rniento no se ha cometido delito alguno, y seííalada- 
mente el definido en el núm. 3.°, art. 240, dei Código 
penal, y en su consecuencia, absolver libremente ai 



(1) Esta defensa está perfectamente ajustada a las notas taqui- 
gráficas tomadas en el acto. 



AIRES d'a mina terra 195 

expresado D. Manuel Curros Enríquez, con pronuncia - 
mientos favorables y costas de oficio, ordenando a Ia 
vez que se devuelvan ai editor D. António Otero los 
ejemplares secuestrados, pues asi es de hacer en méri- 
tos de la más estricta y rigurosa justicia. 

No lie de ser yo quien pretenda en la ocasión presen- 
te hacer esfuerzos de in génio para llevar ai ânimo de 
la Sala el eonvencimiento de la improcedência dei fallo 
consultado por el senor juez de primera instancia de 
Orense; afortunadamente para Curros Enríquez, y afor- 
tunadamente para mi, que le defiendo, y que le defiendo 
no solo por cumplir con los deberes que corresponden ai 
letrado, sino por experimentar la nobilisima satisfacción 
de contribuir en la medida de mis escasas fuerzas ai 
triunfo de una causa justa, y además de justa, honrosa; 
afortunadamente para ambos, este proceso, por lo mis- 
mo que de proceso no tiene más que el nombre, en 
cuanto a Curros Enríquez se refiere, ha sido ya resuel- 
to con veredicto absolutório por la conciencia pública : 
refiérome a la conciencia ilustrada de los hombres de 
bien. 

Por lo deraás, sabe demasiado la Sala que no soy yo 
bastante audaz; sabe demasiado la Sala que no soy yo 
bastantemente irrespetuoso para venir aqui, precisa- 
mente aqui, dentro dei santuário en que se hace recta 
aplicación de las leyes, a invocaria conciencia pública, 
no ya como un médio de imposición, pêro ni siquiera 
como un médio de recomendación en favor dei procesa- 
do. iLíbreme el Cielo de incurrir en tan grotesca extra- 
vagância! / 

Llamemos en buen hora a la pública opinión sobera- 
na dei mundo; pêro seamos justos, convengamos en que 
es una soberana que tiene también sus tiranias y sus 
veleidades, y sus caprichosos apasionamientos; y con- 
vengamos en algo más importante : convengamos en 
que cuando lo que se discute no es la fama, sino que es 
la honra o la vida, la libertad o la fortuna de los ciuda- 
danos, no hay soberania que raye a tanta altura como 
la que se apoya en la independência de los Tribunales 
de Justicia. 

Será que yo siento, cuando esta toga cubre mis hom- 
bros, cierta supersticiosa veneración hacia el Poder 
judicial, en grado más intenso que la que me inspiran, 



196 M. CURROS ENRÍQITBZ 

aun respetándolos muclio, los más altos Poderes dei 
Estado. 

Si este, bueno o maio, es mi critério y a él he acomo- 
dado mi conducta en cuanlas ocasiones he teriido la 
honra de dirigir la palabra ai Tribunal, dicho se está 
que no es, que no puede ser sospechosa en modo alguno 
la intención con que yo liaya invocado aqui el senti- 
miento público, puesto que he (|uerido consignar ron 
toda senciUez el hecho de que aquél se halia tan extra- 
ordinariamente sorprendido coii la tbrmación de esie 
procedimiento, como profundamente alarmado con la 
sentencia que le puso término en primera instancia; 
Surpresa que se explica por los antecedentes mismos 
que informan el proceso, y alarma que se justifif/a por 
la índole dei hecho que aparece como justificable ante 
los timoratos ojos dei senorjuez de primera instancia 
de Orense. 

Ciertamente que la persecución iniciada y con tan re- 
marcable tenacidad sostenida contra Curros Enriquez 
entraíla un verdadero escândalo jurídico — permítame 
la Sala que lo diga sin ofensa para nadie — , y cierta- 
mente que es el inferior quien se destaca en estos autos 
como responsable en primer término de semejante es- 
cândalo, no sé si por un error de su entendimiento, si 
por una deplorable condescendência de su voluntad, o 
si por ambas cosas a la vez. Sin duda que el juez sen- 
tenciador ha querido rendir un homenajede respetuosa 
consideración en aras de la desgraciada iniciativa que 
ha tomado en este asunto el senor obispo de Orense, y 
es de sentir; que la sumisión incondicional de los Po- 
deres públicos dei Estado ai poder eclesiástico tuvo su 
época, y no se han escrito en Espana las leyes que rigen 
los destinos de Ia sociedad civil para ponerlas ai servi- 
cio de los intereses dei uUramontanismo. 

Estoy muy lejos de pretender inferir la más leve 
ofensa, no y'a con la palabra, pêro ni siquiera con la 
intención, ai reverendo e ilustre prelado denunciador 
dei supuesto delito que en estos autos se persigue. 

No es el senor obispo de Orense un obispo vulgar : 
elevado por las relevantes cualidades de su carácter y de 
su entendimiento a aquella Sede episcopal, en la que 
está jjrestando grandisimos servicios a la causa dei cato- 
licismo, eminentemente virtuoso y profundamente sa- 



AIRES d'a mina terra 197 

bio, ha logrado captarse, ai propio tieinpo que la admi- 
ración de sus subordinados jerárquicos, las simpatias 
de los fieles, a quienes enseua y dirige con el ejemplo 
personal de la más estricta observância de los precep- 
' tos y aun de los consejos evangélicos. 

Respetarle es un deber ineludible en todos, en los que 
somos católicos y en los que no son católicos; ofenderle 
seria indigno de mi. 

Pêro puesto que la piedad tiene también sus extra- 
vios, séame permitido lamentar, séame permitido sen- 
tir que el venerable prelado, comenzando por ofuscarse 
en cuanto a la intención con que el poeta lia escrito los 
versos que fueron objeto de denuncia, e inspiràndose 
además en un sentimiento de trisle desconfianza res- 
pecto a la eficácia de las censuras eclesiásticas; séame 
permitido lamentar que el venerable prelado liaya aban- 
donado su propio terreno; séame permitido sentir que 
el venerable prelado se haya salido de su propio terreno 
para venir a buscar en el procedimiento común y en el 
Código penal lo que el procedimiento común y el Código 
penal no pueden darle; que si una experiência de cerca 
de diez y nueve siglos nos demuestra que el catolicismo 
vive y prospera por su propia bondad, no a expensas de 
ningún género de persecuciones, siquiera el ânimo se 
aflija ai contemplar las que en su nombre se han Ueva- 
do a cabo, y que la Historia registra para eterno baldón 
de la memoria de los perseguidores, fanáticos los menos, 
malvados e hipócritas los más, en los tiempos que alcan- 
zamos, en que libertad dei pensamiento y la dignidad 
de la conciencia se consideran tan necesarias para la 
vida dei alma como el aire para la vida dei cuerpo, in- 
sensato seria quien pretendiese cubrir con fúnebre cres- 
pón la hermosa bandera que Ueva escrito en todos los 
idiomas cultos el lema de la tolerância, y que, para 
honra dei siglo en que vivimos, ondea triunfante y ven- 
cedora en el mundo de las inteligências. 

Bien pueden mis lábios pronunciar estas palabras, sin 
que ellas me denuncien a los ojos de nadie como sospe- 
choso de apostasia. 

He pensado siempre lo mismo : siempre he pensado 
que no se consagran, siempre he pensado que no pue- 
den consagrarse como buenas las funestas crueldades 
que deben su origen a la intolerância religiosa, ni aun 



198 M. CURROS bnríquez 



invocando en lavor suyo, y para discul parlas, la salva- 
ción misma de la fe: que la fe no debe ni lia debido 
jamás su salvación ai extermínio de los hombres, ni .se 
ha regocijado con los ayes lastimeros de las víctimas, 
ni ha resplandecido con las Uamas de las hogueras, 
constantemente encendidas por el Santo Oficio, ni lia 
necesitado, para arraigar en las almas y para perseve- 
rar en las conciencias, de otra sangre que de la derra- 
mada en el Gólgota por el Hijo de Dios. 

Si el senor obispo de (Jrense, que, siii embargo de su 
notória sabiduria, está sujeto a error, como están suje- 
tos ai error iodos los hombres, aun los más sábios, de 
la misma manera que todos los hombres, aun los más 
santos, están sujetos ai pecado; si el senor obispo de 
Orense, que tanto respeto ma inspira, hubiese podido 
medir con su inteligente mirada toda la gravedad; si 
hubiese podido medir con su inteligente mirada toda la 
trascendencia que entrana el hecho deplorable de su 
poço afortunada intervención inicial en la presente 
causa, yo no sé si será ilusiún mia, pêro parúceme que 
Curros Enríquez, merecedor dei renombre que es debi- 
do a los grandes talentos, no habria tenido que sufrir 
los rigores y las vejaciones que son el obligado cortejo 
de los procedimientos de usta índole; y seguramente 
que la causa de la justicia no habria tenido que pasar 
por la vergiienza de una humíUación bochornosa,siquie- 
ra sea susceptible dei remédio que yo espero, siquiera 
sea susceptible dei remédio que todos esperamos de la 
ilustrada rectitud dei Tribunal ai que tengo el honor de 
dirigir en este momento la palabra. 

Tiene la Iglesia Cristiana, por su propia naturaleza de 
sociedad perfecta, uii poder jurisdiccional parasu direc- 
ción y gobíerno, que nadíe le niega - retiérome a los paí- 
ses católicos — ; una autoridad soberana en maierias de 
te, de costumbres y de disciplina, que nadie le disputa, y 
toda cuanta independência es necesaria, no solamente 
para exhortar como madre piadosa ai cumplimiento de 
los deberes religiosos, sino también para corregir con 
saludables penitencias a los infractores de las leyes,así 
divinas como eclesiásticas, y hasta para castigar con 
severas censuras, y hasta para castigar con censuras de 
diversa índole, a los contumaces en quienes ninguna 
benéfica influencia ejercen los médios exhortatorios y 



AIRES d' A MINA TEKRA 199 

persuasivos, tan recomendados, en primer término, por 
una religión en la ruai «el arrepentimiento vale tanto 
como la inocência misma». 

No impiden, no pueden, no deben impedir las leyes 
civiles en los países católicos el libre ejercicio de aquel 
poder jurisdiccional, el libre ejercicio de aquella auto- 
ridad suprema, tanto más digno de respeto cuanto más 
alta es la misión de la íglesia; y bien convencido estoy 
de que, sean cualesquiera las relaciones que esta man- 
tenga con los Poderes públicos dei Estado, la sumisión 
de los fieles a sus preceptos y a sus consejos, a sus amo- 
nestaciones y a sus censuras, es un deber rudimentario 
de cuyo cumplimiento nadie que de católico se precie 
puede excusarse en modo alguno. 

Pêro si dentro de este terreno es incontrastable la 
autoridad de los prelados católicos, permítame la Sala 
decir, y lo digo salvando Lodos los respetos que son de- 
bidos a las relevantes virtudes dei seiíor obispo de Oren- 
se, permítame la Sala decir que, fuera de este terreno, 
que fuera dei terreno de la ensenanza y de la persua- 
sión, de la amonestación y de la censura, toda iniciati- 
va encaminada a solicitar los rigores de la ley penal en 
èl orden común, prestándose de lleno a ser controver- 
tida, cuando menos por su mayor o menor oportunidad, 
cuando menos por su mayor o meiíor acierto, no se 
acomoda ai espíritu de benevolência que resaUa en los 
actos todos de la inmensa mayoria de los obispos espa- 
noles, pudiendo citarse a este propósito ejemplos re- 
cientes dei inmortal Garcia Cuesta y de su sábio y vir- 
tuosisimo sucesor el actual arzobispo de Compostela, 
que es una de las glorias más legitimas dei episcopado 
en todo el mundo católico; ni parece responder a aque- 
llas profundas palabras de San Agustín. que encierran 
todo un sistema : el más levantado y el más eficaz de 
todos los sistemas que pueden aplicarse para remediar 
los errores de los liombies : 

'^ «Por grande que sea el mal que se quiera impedir y 
el bien que se quiera hacer, es más inconveniente que 
útil obligar a los liombres por la fuerza, en vez de coii- 
-vencerlos por la ensenanza.» 

íEs que Curros Enriquez ha pecado? ^Es que Curros 
Enriquez, en suscomposiciones poéticas, ha ofendido la 
integridad y la pureza de la doctrina declarada y esta- 



200 M. CUUKOS enuíquez 



blecida como tal por la Iglesia católica? jEs que Curros. 

Eurlquez, en sus composiciones poéticas, .se lia heclio 
merecedor de las censuras eclesiásticas que deben im- 
ponerse a todo escritor heterodoxo, o que deben impo- 
nerse a todo escritor irrespetuoso con los dogmas o con 
las ceremonias dei catolici.smo? Pues para examinar este 
pi'oblema, pues para estudiar y resolver este problema, 
no hay más autoridad que la autoridad de la Iglesia. 

Pêro í,es que Curros Enriquez lia delinquido? Pêro ^es 
que Curros Enriquez, en sus composiciones poéticas, ha 
cometido algún hecho ju.sticiable, y es que se ha colo- 
cado, a la manera de todo delincuente, bajo Ias dura» 
e inttexibles prescripciones dei Código penal? Pues para 
examinar este problema, pues para estudiar y para re- 
solver este problema, no hay más autoridad que la auto- 
ridad de los Tribunales de Justicia. 

Quiero decir con esto que aqui se da el caso notable 
de que Curros Enriquez es inocente; quiero decir con 
esto que aqui se da el caso curioso de que Curros Enri- 
quez aparece siendo inocente después, mucho después 
de la publicación dei volumen en que se contienen las 
poesias denunciadas, y que si se halla comprendido den- 
tro de las prescripciones dei Código penal, eso solamen- 
te ocurre cuando el sefior obispo de Orense açude a la 
autoridad dei gobernador de la província. 

iQ\ié significa si no el permiso concedido por el go- 
bernador civil de la província para la circulación dei 
volumen en que se contienen las poesias denunciadas? 
— sellado está el ejemplar que obra en los autos, con el 
sello dei Gobierno civil — . ^Qué significa si no el silencio 
observado por el ministério público en presencia de la 
jiublicación de ese volumen que, por la especial idad de 
su mérito sobresaliente, ha revestido el carácter de un 
verdadero acontecimiento literário eii toda Galicia, y 
sefialadamente en la província de Orense? {,Qué signi- 
fica si no la actitud pasiva en que se encierra el juez de 
primera instancia ante el hecho notório de la publica- 
ción de un libro que tiene el privilegio de hacerse po- 
pular desde los primeros momentos en que ve la luz 
pública, siendo de notar la circunstancia importantisi- 
ma de que precLsamente se imprime en la cabeza dei 
partido en que ese juez ejerce su jurisdicción? 

iSerá que los gobernadores civiles estàn autorizados 



AIRES d'a mina terra 201 

para prestar su consentimiento y dar su salvoconducto 
a los delitos que se cometen conira el libre ejercicio de 
los cultos? íS(írá que los promotores íiscales no tienen 
el deber de denunciar ante los Tribunales de Justicia 
todos aquellos hechos que sean justiciables, en confor- 
midad a las prescripciones dei Código penal? ^Será que 
los jueces de primera instancia no e.stán obligados a 
proceder de oficio cuando a su conocimiento Uega la 
perpetración de cualquier delito de los que como públi- 
cos están definidos en la ley? 

^.O es que el tal delito no existe para el gobernador de 
la província, ni para el promotor fiscal, ni para el Juez 
de primera instancia, sino cuando como tal es denun- 
ciado por la autoridad eclesiástica? jO es que una insi- 
nuación de la autoridad eclesiástica tiene la virtud de 
convertir en delitos los hechos que aparecen como in- 
ofensivos a los ojos dei legislador, y tiene la virtud de 
convertir en delincuentes los hombres que aparecen 
como honrados a los ojos de la sociedad? 

;No parece sino que los hombres que descuellan entre 
la mayor parte de sus semejantes por su relativa supe- 
rioridad; no parece sino que los hombres a quienes el 
Cielo ha concedido el inapreciable privilegio de una in- 
teligência que se sale fuera dei común nivel de las inte- 
ligências humanas; no parece sino que los hombres que 
brillan en el mundo como astros luminosos y que es- 
parcen por doquiera la luz vivísima dei gemo, están 
fatalmente predestinados a la persecución y ai sufri- 
raiento! 

Procesar a Curros Enriquez, yo no he de decir que 
haya sido una torpe demostración de debilidad vergon- 
zosa; es de lamentar, sin embargo, que pudiera pare- 
cerlo así; condenarle seria, no diré la mayor y más 
inaudita de todas las iniquidades, pêro si diré el mayor 
y más inaudito de todos los errores posibles, el mayor 
y más inaudito de todos los errores en que pudieran 
incurrir los Tribunales de Justicia; error que no puede 
esperarse de la ilustrada rectitud de la Sal.i a cuya deli- 
beración está sometida la suerte de mi patrocinado. 

Si a Curros Enriquez no le salvara su intención recta 
y honrada; si a Curros Enriquez no le salvaran sus sen- 
timientos eminentemente religiosos; si no le salvara su 
inocência misma, salvarianle los preceptos terminantes 



202 M. CURROS ENUÍQUBZ 



dei Código penal, y salvaríalo, en último término, el nú- 
mero 3." dei art. 868 de la Compilación de las disposi- 
ciones vigentes sobre cl Rnjuiciamiento criminal. 

Protegen las Icyes dei pais el libre ejercicio de los 
cultos, y muy especialmente el libre ejercicio dei culto 
católico; y para ([ue esa proteccióa no sea ilusuria, y 
para que esa protección se lialle convenientemente ase- 
gurada, y para que esa protección se lialle eficazmente 
garantida, castiga el Código con penas más o menos 
duras, castiga el Código con penas más o menos seve- 
ras, ai que escarneciere publicamente alguno de los 
dogmas o de las ceremonias de cualquier religión que 
tenga prosélitos en Espaíla. 

Es menester, por lo tanto, para que el delito exista, 
que haya escárnio público, y que ese escárnio público 
tenga por objeto, no alguna creencia piadosa, sino algún 
dogma o alguna ceremonia de cualquier religión que 
tenga prosélitos en Espana. Es textual; así terminan- 
temente lo dice el núm. 3." dei art. 240 dei Código 
penal vigente, precepto a que el seuor juez de primera 
instancia de Orense ha tenido necesidad de dar verda- 
dero tormento para poder presentarlo en su sentencia 
como aplicable ai caso de autos. 

Escarnecer un dogma es burlarse de él. Escarnecer 
un dogma es entregarlo irrespetuosamente, es entre- 
garlo desvergonzadamente ai público ludibrio. 

Escarnecer un dogma es menospreciarlo con la irri- 
sión, es protanarlo con el insulto. 

Pêro no perdamos de vista que el primer elemento 
dei escárnio es la incredulidad, y no perdamos de vista 
que el segundo elemento dei escárnio es la impru- 
dência. 

El incrédulo podrá escarnecer, y de hecho escarnece, 
si, traspasando los limites de la incredulidad, Uega en 
su petulante arrogância a lierir, no con las armas de la 
discusión templada, sino con los venenosos dardos dei 
ridículo, lo que hay de más puro y de más sagrado para 
el hombre de fe : el dogma, o bien la ceremonia consa- 
grada ai culto de la religión que profesa. 

El creyente no escarnece jaraás aquello que es ob- 
jeto de su especial creencia, y bien puede sostenerse 
esta tesis como axiomática, puesto que asi como liay 
leyes inmutables que rigen los destinos de la Natura- 



AIRES d'a mina terra 203 



leza en el orden físico, hay leye^ igualmeiíie inrauta- 
bles que rigen los destinos dei liombre eti el orden 
moral. 

No causamos mortificación voluntária en lo que es 
objeto de nuestro carifio, de la misma manera que no 
acariciamos Io que es objeto de nuestro ódio. 

La estadística universal de todos los crimenes dei 
mundo es bien seguro que no habrà de ofrecernos el 
solo caso de un padre asesinando a su hijo en nombre 
dei carifio paternal, y es bien seguro que no habrá de 
ofrecernos el solo ejemplo de un hijo asesinando a su 
padre en nombre de la piedad filial. El rencor, la codi- 
cia, los celos, la ira, la venganza, alguna mala pasión, 
en fin, habrá sido la causa determinante dei parricidio; 
el amor, jamás. 

Pues quien crea en el mistério de la Encarnación, es 
bien seguro que no ha de tener la infeliz ocurrencia 
que tuvo Suiíer y Capdevila de pretender demostrar 
con textos de la Sagrada Escritura, ni sin textos de Ia 
Sagrada Escritura, que Jesucristo no fué el único hijo 
de Maria. 

Pues quien crea en el mistério que encierra el santo 
sacrifício de la Misa, es bien seguro que no ha de arro- 
jar ai suelo con deliberación las Sagradas Formas de 
la Eucarissía. No puede «er, no, porque no ha sido 
nunca, y porque no será jamás. Las creencias, asi como 
los afectos, se rigen también por sus leyes. 

Creer en un dogma y simultaneamente escarnecerlo, 
es un imposible; es, en el orden moral de las acciones 
humanas, lo equivalente ai principio de coiitradicción 
en el orden filosófico; es ser y no ser ai mismo tiempo. 

Y bien : quien haya leido una sola vez Ias bellisimas 
composiciones de Curros Enriquez, y singularmente 
aquella que más ha exaltado, y singularmente aquella 
que más ha conmovido los piadosos sentimientos dei 
sefior juez de primera instancia de Orense, tendrá que 
confesar, si no se obstina en cerrar los ojos a la eviden- 
cia misma, que el distinguido poeta acepta y reconoce 
como una verdad positiva e innegable, tendrá que con- 
fesar que el distinguido poeta acepta y reconoce como 
un principio seguro e incontrovertible la existência de 
Dios; la existência de Dios, que no es ciertamente dogma 
exclusivo de la religión católica, sino que es la base, por 



204 M. CUKROS EIíRÍQUEZ 

decirlo así, de donde arrancan los dogmas todos de todas 
las religiones monoteístas. 

Como que Curros Enriquez, ateo, no podria ser la 
que es; como que Curros Enriquez, ateo, no podria ser 
un gran poeta; que no es el ateísmo fuente de inspira- 
ciún ni manantial purisimo de donde puedan brotar 
hermosas concepciones ni pensamientos sublimes; que 
es el ateismo, ai propio tiempo que la negaciún de Dios, 
la negación de todo lo grande y de todo lo bello, la ne- 
gación de todo lo que es por si mismo bastante poderosa 
para elevar el entendimiento y el corazón dei liombre 
sobre las crueles decepciones y sobre las profundas tris- 
tezas que se experimentan en el obscuro y dificil cami- 
no de la vida; que es el ateismo el sepulcro dei alma, 
y de los sepulcros no surge más que lúgubre silencio, 
y de los sepulcros no podemos aspirar dulces aromas, 
sino las negras y frias emanaciones de la muerte. 

Al condenar a Curros Enriquez en la sentencia de 
autos se le ofende, y no se ofende solamente a Curros 
Enriquez: se ofende también a la razón y ai buen 
sentido. 

;Que ha escarnecido el dogma de h existência de 
Dios; que ha hecho uso de frases y de conceptos que 
inducen a la mofa y ai desprecio de la Divinidad! Suer- 
te poço envidiable habrían de correr Joan Timoneda, 
Valdivielso, Lope de Vega, Calderón de la Barca y otros 
muchos ilustres poetas, si hubiesen tenido la desgracia 
de ser sometidos a un procedimiento criminal cuya ins- 
trucción y fallo se sometiesen a un juez dei critério dei 
seílor juez de primera instancia de Orense. 

Aquellos poetas, que son gloria y ornamento de la 
literatura espaiiola; aquellos poetas, que han brillado 
tanto por su génio como por su ardiente amor a la causa 
dei catolicismo, tendrian que ir a los presidies a con- 
fundirse entre los ladrones y los estafadores, entre los 
incendiários y los salteadores de caminos, dado que 
lograsen substraerse a los martírios dei tormento y tal 
vez a los horrores de algún auto de fe, si sus famosas 
obras sacrodramáticas se hubiesen juzgado con el pere- 
grino critério con que se juzgan las notables composi- 
ciones dei distinguido autor de Aireis d' a mina terra. 

En un Auto sacramental de Joan Timoneda, titu- 
lado Los dcsposorios de Cristo, íiguran en escena, entre 



AIRES d'a mina tbrka 205 

otros personajes, Dios Padre, Jesucristo, la Naturaleza 
humana, Adán y la Vida contemplativa. Puesta la mesa 
para el banquete con que van a celebrarse las bodas de 
Cristo con la Naturaleza, Dios Padre, que desempena 
el papel de rey, dispone la colocación respectiva de los 
asistentes, hablando en estos términos : 

Siéntense de esta manera : 
Vos, mi Hijo Soberano, 
En médio, a la cabecora; 
La esposa ai lado en irontera; 
Vos, Adán, a eslotra mano; 
La Vida contemplativa 
Servirá los desposados 
Y a la esposa dé bebida. 

•jDios Padre saliendo a la escena y hablando en este 
lenguaje, y retirándose entre bastidores, y ofreciéndose 
a la multitud bajo la figura de un comediante vulgar'. 
jCuánta irreverência y cuánto escárnio! 

Y, sin embargo, no hay irreverência ni hay escárnio 
en unos Autos sacramentales, a propósito de los que 
decía en su tiempo el Consejo de Castilla que se repre- 
sentaban en presencia de S. M., sin escandalizar ni 
turbar la piedad más escrupulosa. 

En otro Auto, consagrado, como casi todos ellos, a 
celebrar la fiesta dei Santisimo Sacramento, entra en 
escena el Ceio y anuncia que en la plaza de la Bien- 
aventurada Virgen se vende vino nuevo dei Heredero 
dei reino dei Cielo a três maravedis, Fe, Esperanza y 
Caridad. 

En un Auto natalício, representado en Zaragoza el 
ano de 1487 en obsequio a los Reyes Católicos, cuyos 
gastos fueron costeados por el arzobispo y el Cabildo de 
la diócesis, adernas de la Sacra Família, representada 
por «marido, mujer y fijo, porque el mistério fuese m:'!s 
devotamente», interviene en la obra y preséntase en 
«scena, como uno de los principales personajes, el Padre 
Eterno con guantes. 

iQué mas! En otro Auto sacramental — y ceso en 
-este género de citas, porque no quiero hacerme pe.sado - 
están en escena, y sobre esto llamo rauy especialmente 
la atención de la Sala, están en escena la Fragilidad, 



206 M. CUKROS BNRÍQUEZ 

la Desobediência y la Justicia Divina : la Fragilidad y 
la Desobediência gimen, y la Justicia Divina exclama : 

Que me maten si el gemido 
No es de aquellos traidores 
Falsos prevaricadores..., etc. 

;Que me maten'., espécie de juramento puesto en boca 
de la Justicia Divina, equivalente, sin duda, ai estribillo 
Que ò demo me leve que Curros Enriquez pone en boca 
de Dios, sin que aquella frase ni esta puedan tomarse 
en su significación literal, puesto que es tan monstruoso 
pensar en que a Dios pueda llevarle el diablo, como 
es monstruoso pensar en que la Justicia Divina pueda 
morir. 

iQué pretende el poeta que escribe el Auto titulado 
el Triunfo dei Sacramento, auto tan celebrado como 
todos los de su género por las personas piadosas, qué 
pretende ai poner en boca de Dios aquella frase, que si 
liubiese de entenderse de una manera gramatical entra- 
naria un notório escárnio respecto a los atributos de la 
Divinidad? Pues pretende dar energia a un pensaraien- 
to; y como quiera que la Justicia Divina aparece repre- 
sentada en la escena bajo la forma de una íigura huma- 
na, es visto que la Justicia Divina se manifiesta haciendo 
uso dei lenguaje de que hacen uso los hombres para 
expresar sus pensamientos. 

4Y habrá de decirse que Curros Enriquez es un ímpio, 
y habrá de decirse que Curros Enriquez hace irrisión 
de la Divinidad, mientras pueda sostenerse, como se 
sostiene aun en los tiempos modernos, que los Autos 
sacramentales, a pesar de sus toscas alegorias y de sus 
extravagantes deformidades, han cumplido en nuestro 
teatro la misión civilizadora de poner ai alcance común 
las verdades más sublimes de la religión católica? 

iConque Curros Enriquez es un impio por poner en 
boca de Dios una frase que en el dialecto gallego está 
revestida de la mayor ingenuidad y de la mayor senci- 
llez, como que de ella hacen uso las personas más pia- 
dosas y más devotas; conque Curros Eni-iquez es un 
impio por poner en boca de Dios una frase tanto más 
inocente y tanto más inofensiva cuanto que es, además 
de antonomástica, puramente automática; conque Cu- 



AIRES d'a mina terra 207 

rros Enríquez es un impío, sin embargo de que en todos 
y en cada uno de los versos de la poessia a que aludimos 
se descubre una intención altamente moral, una inten- 
ción eminentemente Cristiana; y Joan Timoneda, y 
Lope de Vega, y Maestro Josef de Valdivielso, y Fray 
Gabriel Téllez, y Calderón de la Barca son unos santos 
y unos esforzados campeones dei catolicismo, presen- 
tando en los escenarios de los teatros ai Padre Eterno 
sentado a una mesa, hablando como se puede hablar 
en una fonda; comparando a la Fe, la Esperanza y la 
Caridad con la más despreciable de las monedas enton- 
ces conocidas, y la Justicia Divina pronunciando las pa- 
labras que me maten, que ya quedan apuntadas, y que 
tan impropias son para atribuídas a la Divinidad! 

No daria pruebas de recto juicio, ni siquiera de un 
mediano conocimiento de nuestra historia y de nuestra 
literatura, quien pretendiese fulminar censuras de esta 
índole sobre los Autos sacramentales, cuando tan gran- 
des beneíicios produjeron en el orden religioso, y cuan- 
do lan grande renombre conquistaron para sus autores 
aun en el mismo orden literário. 

Pêro es que Curros Enríquez tiene en su favor, sobre 
todas, una circunstancia importantísima, una circuns- 
tancia tan importante como decesiva en el presente caso, 
y sobre la cual me permito llamar la ilustrada conside- 
ración dei Tribunal. Curros Enriquez no escribe sus 
versos en el idioma nacional; Curros Enríquez escribe 
sus versos en el dialecto dei país, y el dialecto dei país, 
a diferencia dei idioma nacional, es escaso en modis- 
mos, es pobre en conceptos, no tiene abundância de 
palabras ni riqueza de frases para que el escritor, y 
menos el poeta, pueda elegir unas con preferencia a 
otras. 

La pureza y la integridad dei dialecto mismo exigen 
el empleo de los modismos y de los estribillos de uso 
común, si es que ha de darse a la composición poética, 
siempre que esa composición sea dei género de la que 
estamos examinando, la gracia peculiar dei país, que 
tanto la embellece; el sabor local, que tanto la carac- 
teriza. 

Una composición poética escrita en el dialecto ga- 
llego y salpicada de frases rebuscadas en el idioma na- 
cional, harianos el mismo efecto — permitaseme la com- 



20S M. cruKOS enuíqubz 

paración — , el mismo efecto que una gallarda moza de 
nuestras montafias vestida coii el tradicional mantelo, 
la negra cliaquetilla de mangas afretadas y el insi- 
nuante dengue enfarnado, Uevando ai propio tiennpo 
sobre la cabeza, en vez de la blanca y graciosa cofia, 
el elegante sombrero o el finísimo velo de que sueleii 
hacer uso las dannas distinguidas de nuestra sociedad. 

El dialecto gallego está muy lejos de ocupar un lugar 
elevado en las jerarquias dei lenguaje. Yo no sé si escaré 
exacto ai decir que no debe su existência, su desarrolio 
ui su conservación a monumentos literários, asi como 
me parece que no ha progresado en ningún tiempo bajo 
la influencia de trabajos gramaticales o lexicológicos 
más o menos importantes. Relegado a la proscripción 
por los centros que se dicen ilustrados, y casi exclusiva- 
mente consagrado a la satisfacción de las limitadisimas 
necesidades de nuestras clases agrícolas, parece rena- 
cer hoy ai impulso de las famosas églogas de Pintos, de 
los ternisimos cantos de Alberto Camino, de Eduardo 
Pondal y de Lamas Carvajal; de los inten<íionados epi- 
gramas de Anón, de las inimitables concepciones de 
Rosália Castro de Murguia, la simpática y elegante 
poetisa que ha sabido encerrar dentro de sus Cantares 
gaUogos y de sus Folias novas todas las esperaiizas y 
todos los desalientos, todos los consuelos y todos los do- 
lores, todas las alegrias y todas las tristezas de este pais 
sin ventura, y parece renacer hoy, por fin, ai impulso 
■ de la portentosa inspiración de Curros Enriquez, cuyas 
composiciones no pueden leerse sin que impresionen 
profundamente el ânimo y sin que despierten hacia su 
popular autor, más popular que afortunado, un doble 
sentimiento de admiración y simpatia. 

Tiene el dialecto dei país, sea cualquiera el concepto 
que nos merezca, su fisonomía propia, sus rasgos pe- 
culiares y exclusivos, sus modismos y sus estribillos 
inadecuables a los demás dialectos, y más inadecuables 
todavia a la lengua castellana; traducirlos es desnatu- 
ralizarlos; traducirlos es hacerles perder su colorido y 
su intención; traducirlos es despojarlos de la malícia o 
de la sencillez que encierran. 

Si aun dentro de los idiomas mismos que tienen una 
elovación análoga — y puedo referirme, ynr ejemplo, ai 
idioma francês con relación ai espanol — las traduccio- 



AIRES d'a mina terra 209 



nes literales que se hacen dei verso a la prosa no pue- 
den mantener íntegro el sentido que el autor se ha pro- 
puesto dar a la obra, y esta resulia pálida y contraliecha, 
enclenque y desfigurada; si teneraos presente la mar- 
cada inferioridad que nos ofrece el dialecto dei país con 
relación ai idioma nacional, es visto que toda traducción 
literal dei verso gallego a la prosa castellana habrá de 
resentirse forzosamente, no ya de falta de colorido, sino 
de falta de exactitud en el pensamiento que hubiese 
querido desarroUar el autor; como que hay frases que 
si materialmente pueden traducirse, porque son tradu- 
cibles las palabras de que se componen, traducirlas 
equivale, no obstante, a liacerlas perder su debilidad 
o su fuerza, su inércia o su viveza, su inocência o su 
malícia, su peculiaridad, su intención; en íin, traducir- 
las es aniquilarias. No encuentro frase más apropiada 
ai caso : traducirlas es aniquilarias. 

La frase Que ò demo me Lci'e, iraducida ai castellano 
y puesta en boca de Dios, entraila una grave irreve- 
rência; y eso consiste en que las personas que cultivan 
el idioma nacional y que hacen uso de él para expresar 
sus pensamíentos, rechazan esta frase por inculta. Que 
el demónio me llece nadie lo dice predicando, haciendo 
un discurso parlamentario o un informe forense; es 
más: nadie lo dice en un círculo social compuesto de 
personas medianamente distinguidas. Poeta ramplón, y 
menos que poeta ramplón, coplero de baja estofa seria, 
por consiguiente, el que, pretendiendo hacer una com- 
posición poética en el idioma nacional y presentando a 
Dios como sujeto y a la moralidad como objeco, pusiera 
en boca de Dios aqueíla frase, que es, adernas de irre- 
verente puesta en boca de Dios, grotesca bajo el aspecto 
puramente literário. 

Pêro en el dialecto gallego la frase no es irreverente 
ni es grotesca; es de uso común, es inofensiva y opor- 
tuna: de uso común, porque la emplean los ilustrados 
y los ignorantes; inofensiva, por lo puramente rutinaria 
y automática, y oportuna, porque no puede ser substi- 
tuída ventajosamente, ni liay siquiera para ella equiva- 
lente en el hueco en que se la coloca. 

Recuerdo a este propósito unos versos de carácter 
profundamente religioso, y que, por consiguiente, se 
han publicado y circularon sin escândalo de nadie, ni 
Tomo I. 14 



210 M. CUIIROS enríqubz 

aun de las personas más piadosas. El poeta que los subs- 
cribe, bajo las iniciales(j. M., traza un cuadro Ueno de 
animación y de vida, presentàndonos a un pecador que 
no quiso enmendarse ni arrepentirse, porque estaba 
dominado por la incredulidad, y fiado en último térmi- 
no en que habia conocido y tratara en este mundo a 
San Pedro, a quien tuviera ocasión de bacer algún pe- 
queno servicio. El pecador se llama Juan: entregado 
durante su vida a todos los desordenes y a todos los des- 
enfrenos de las más vergonzosas y repugnantes pasio- 
nes, muere, como dije antes, sin dar senales de arre- 
pentimienLo. Llega a las puertas dei cielo, y llama con 
cierta cândida familiaridad. San Pedro lo reconoce, y 
lo rechaza; exige, porfia, suplica, ultimamente invoca 
su amistad en vida con el santo, y tiene la peregrina 
ocurrencia de proponer a este que le deje entrar en el 
cielo subrepticiamente, prometiéndole que se meterá en 
cl más obscuro y apartado rincón dei Paraíso, sin que 
Dios de ello se aperciba. Ya cansado San Pedro de tan 
impertinente e inútil insistência, exclama : 

iMiren á canto s'atreve! 
Vaite, Xan, non He des volta??; 
Vaite, qu'eu non ch'abro as portas, 
Inda que ò demo me Iccc... 

Que en castellano quiere decir : 

jMiren a cuánto se atreve! 
Vete, Juan, no le des vueltas; 
Vete, no le abro las puertas, 
Asi el demónio me llece... 

La frase es dura; la frase ofende ai oído dicha en cas- 
tellano; mas si nos figuramos a San Pedro hablando en 
el dialecto gallego, la frase es tan ingénua y tan senci- 
Ua, que el .santo puede aparecer pronuuciándola sin que 
el poeta y los que lean la composición suya tengan por 
ello necesidad de tomar agua bendita. 

^Qué alcance puede tener, pues, esa misma frase Que 
ò demo me leve, puesta en boca de Dios, si el sentido de 
los versos en que de ella se hace uso no es inmoral ni 
es anticristiano? 



AIRES D^A MINA TERRA 211 

Convengamos en que aqui se persigue un verdadero 
fantasma, y convengamos en que es puramente imagi- 
nário el cargo que se dirige a Curros Enríquez por haber 
puesto en boca de Dios una frase que, escrita en el dia- 
lecto dei pais, está muy lejos de inducir ai desprecio de 
la Divinidad. 

En todo caso, seriamos más justos afirmando, y esto 
es importantísimo, que el mal consiste en que se nos 
represente a Dios bajo la imagen de una figura huma- 
na^ como se le representa en los altares desde los pri- 
meros siglos de la Iglesia, y como se lo representa el 
vulgo, que tiene de Dios un concepto meramente plás- 
tico. 

Sin ir más lejos, en la catedral de Santiago, Dios 
aparece representado bajo la figura de un viejo, sentado 
en un gran sillón y presidiendo la Corte celestial. 

Pues si a Dios se le representa a nuestros ojos bajo la 
figura de un viejo, y en ello no se falta en nada a las 
exigências dei culto católico, esa representación misma 
viene a consiituir la premisa, por decirlo asi, de la cual 
el poeta va deduciendo sus naturales consecuencias. 

jViejo? Pues la vejez suele tener achaques. gSale a 
dar un paseo? Pues se cansa. jHace uso dei sentido de 
la vista? Pues la luz dei sol le ofende. Y porque se cansa, 
necesita sentarse; y porque la luz dei sol le ofende, ne- 
cesita hacer uso de gafas verdes; y Dios, asi represen- 
tado bajo la figura de un viejo, si habla en el dialecto 
gallego, tiene que hacer uso de las mismas palabras y 
de las mismas frases de que los gallegos hacemos uso 
para expresar nuestras ideas; y como los gallegos cuan- 
do hablamos en nuestro dialecto hacemos uso frecuente 
de la frase Que ò demo me lece, aun en las conversacio- 
nes más aiildadas y más cultas, ponerla en boca de Dios, 
cuando nosotroslaempleamosrutinariamente, sin darle 
la significación que literalraenle tiene; cuando nosotros 
la empleamos con candorosa ingenuidad, no entraila 
irreverência, no puede entranar irreverência alguna, y 
muchisimo menos intención de escarnecer. 

^Será que Dios sea viejo o mozo para el concepto de 
Curros Enriquez? jSerá que Dios ande y se mueva como 
andan y se mueven los mortales? jY será que Dios se 
fatigue, y se canse, y que necesite reposar, y que nece- 
site hacer uso de gafas verdes o de gafas azules, y que 



212 M. CURROS ENBÍQUEZ 



se sorprenda o que deje de sorprenderse ai contemplar 
las aborniiiacioues de los hombreí»? 

Precisamente el poeta satiiiza el concepto material 
que de Dios tiene formado el vulgo de las gentes; y si no 
quiere verse clara esta tendência en la composición de 
que nos estamos ocupando, liabrá que convenir ai me- 
nos en que Curros Enriquez iiace uso dei lenguaje tigu- 
rado, que es el lenguaje de la poesia. 

Tampoco el sol tiene cabellos de oro; ni es cierto que 
la inocente cai-icia de un nino se parezca a una sonrisa 
dei cielo, porque el clelo no sonrie nunca; ni es verdad 
que las fuentes murmuren; ni es exacto que sean de 
plata las ondas que torman-los ríos,aun cuandose hallen 
iluminadas por la blanca luz de la luna; ni liay dientes 
que sean de perlas, ni lábios de carmín, ni ojos que des- 
pidan rayos de fuego; ni el viento tiene alas; ni es de 
alfombra el verde musgo con que se hallan tapizados 
los más hermosos vegetales; ni son diamantes las gotas 
de rocio posadas sobre la menuda liierba de los campos; 
ni el aroma de las flores habla; ni la pátria tiene cora- 
zón; ni las leyes tienen espiritu; ni hay elocuencia en 
el silencio; ni las más tiernas inspiraciones de Bellini 
son capaces de transportar nuestra alma a las regiones 
dei cielo; ni liay montafias cuyas cúspides se pierdan 
en ia inmensidad dei espacio. 

Y todo esto se dice, y nada de esto es verdad. 

Si a mi no puede en justicia expedirseme patente de 
literato, que, diclio sea entre parêntesis, harto com- 
prendo que no Io merezco, fuerza es confesar que el 
seãor juez de primera instancia de Orense se resiente, 
y no poço, de su escasa afición a los estúdios de esta 
índole; y fuerza es confesar que el precioso romance 
Mírand^ó chau no estuvo ni pudo estar a su alcance 
cuando en él principalmente hubo de fundarse para 
dictár contra Curros Enriquez una sentencia condena- 
tória. 

La Sala me permitirá que lo lea, y que después de 
leerlo original, lea tarabién una traducción dei mismo 
romance ai castellano y en verso, que hemos acompa- 
fiado a nuestro escrito de defensa; traducción que, aun- 
que pálida y descolorida, interpreta siquiera fielmente 
el pensamiento dei poeta, mientras que la traducción 
literal que obra en autos, y que la Sala ha oido de la 



AIRES nlA MIXA TERRA 213 

bios dei relator, por Io mismo que es literal, desnatu- 
ralizando el pensamiento y violentando el sentido que 
Curros Enríquez ha querido dar a sus versos, si no es 
digna de que se la desprecie, ya que no debemos supo- 
ner que con ella se haya querido tender una red infame 
a nuestro defendido, es digna, cuando menos, de que se 
la olvide. 

Juzgue ahora la Sala ai procesado por la traducción 
de estos versos, traducción que, como acomodada, en 
cuanto puede estarlo, a la letra dei original, si le falta 
la gracia y la energia de este, tiene, en cambio, para 
nuestro propósito, el mérito incontestable de reflejar 
con toda fidelidad el pensamiento dei autor. Dice asi : 



Mirando ai suelo. 



No hallaba el Eterno 
En qué entretenerse; 

Y harto de estar solo, 
Cavilando siempre 
En forjar castigos 

Que ai réprobo enfrenen, 
La causa buscando 
De la cual depende 
Que tan poços justos 
En su gloria entren, 
Dejando dei cielo 
Los vastos vergeles. 
De paseo un dia 
Salió, según suele. 
De sus mil achaques 
Para distraerse. 

Como es viejecillo 

Y el pobre no tiene 
Salud, pues le pesan 
Los afios crueles, 
Cansó.^ie ai momento; 
Mas quiso la suerte 
Que hallase un asiento 
Cercano, y, alegre, 



214 M. CUUROS ENRÍQUBZ 

Por entre una nube 
Sacando la frente, 
El átomo tierra 
Busco inutilmente; 

Y ^Cuánto apostamos. 
Se dijo entre dientes, 

A que no la encuentro?... 
i Mentira parece! 

Por íin debió liallarla, 
Si el cuento no miente, 
Porque, a poço de esto, 
Cenudo y solemne, 
Quedo contemplando 
Con ojos que liieren 
Un bulto que el bulto 
De un liombre parece. 
Mirólo despacio 

Y vió que era un vientre 
Vistiendo las sedas 
Más ricas de Oriente. 
Sentado en un sólio 
Que envidian los reyes 

Y en clâmide envuelto 
De cálidas pieles, 
Bostezos lanzando 

De liartura inf^olente, 
Del globo, su esclavo, 
Demanda presentes. 

Y si hay algún loco 
Que, pobre o rebelde, 
No tenga dinero, 

O audaz se lo niegue, 
El vientre que, mudo, 
Hablar sabe a veces, 
Ruge desde el trono : 
«I Maldito el liereje!» 

Y esto basta y sobra 
Para que le quemen. 
Tal monstruo mirando, 
Dios dijo entre dientes : 

;Quc horror! ^ Y... tú es Petrus?. 
j Mentira parece! 



AIRES d'a mina terra 215 



Volviendo a otro lado 
Su faz imponente. 
Miro levantarse 
Rodeado de plebe 
Que espera ai verdugo 
Quizá indiferente, 
La horca, recuerdo 
De bárbaras leyes. 
La victima llega; 
iTal vez un imbecil! 
Tal vez está loco, 
Tal vez inocente. 
Mejor que matarle 
(Que ai fin es la muerte 
Un lecho do el liombre 
Descansa por siempre), 
Mejor que matarle, 
Quizá conviniese 
Meterlo en el Fondo 
De cuatro paredes, 
O haciendo que arrastren 
Sus pies un grillete, 
Mandarle abrir túneles 

Y montes estériles, 
Diciéndoie : «Llora, 
Trabaja y padece : 
;Renuncia a ser libre, 
Pues serio no quieres!» 
Mas, iay!, que es preciso 
Que muera el que peque, 

Y rauere el culpable 

Y-el crimen... jno muere! 

Escandalizado, 

Dios dijo entre dientes : 

/ Y es esto JusCicia! 

; Mentira parece! 

Suspenso y atónito. 
No lejos moverse 
Miro de labriegos 
Un hato indigente. 
Exhaustos y faltos 
De pan y de albergue. 



216 M. CURROS ENRiQUEZ 

Parecen cadáveres, 
Espectio>s parecen. . 
Hozando .sin trégua 
La capa lerre.sl.re, 
Cual topos humanos 
Que el cieno revuelven, 
La pródiga sangre 
Ferdiendo a torrentes, 
Un suelo traljajan 
Que aun ellos no tienen... 
Trabajan... y el fruto 
Que trás doce meses 
De luclia recogen 
Del prédio que atienden, 
Entre el senoiio 

Y entre los lebreles 
Del fisco y la cúria, 
iAy!, todo lo pierden; 
Quedándose ai cabo 
De tantos reveses 
Sin pan sus hijuelos. 
Sus campos sin gérmen. 

Y en tanto en la aldeã 
Todo esto acontece, 
«Hay leves — se dice — 
Que ai pobre protegen.» 
Paes l/o no las veo, 
Dios dijo entre dientes, 
Paes l/O no las veo... 

j Mentira parece'. 

No es esto lo único 
Que el mundo le ofrece; 
Que a través mirando 
De sus gatas verdes, 
Vió acostarse pobres 
Que se alzan marqueses; 
En tales contratos 
Entrar tales gentes. 
Que ai cabo de un ano 
Ni leclio poseen; 
Soldados cobardes 
Llegar a ser jeles. 



AIRBS p'a mtna tkrra 217 



Y morir obscuros 

Los más grandes héroes; 
Pasar por lionrados 
Granujas solemnes, 
Por santos los pillos, 
Por justos los débiles; 
Suijir a altos pueslos 
Los que a la horca deben, 

Y arrastrar carroza 
Quien debe un grillete. 
Llegar a ser Cresos 
Tratantes de aceite, 

Y comprar la gloria. 
Prestando a intereses. 
Viendo esto, Dios dijo, 
Hablando entre dientes : 
jEstoy asonibradol 

i Mentira parecei 

Con asco apartando 
Sus ojos celestes, 
Aún en otras cosas 
Paro Dios sus mientes : 
Vió maios Gobiernos 
Que, falsos y aleves, 
A costa dei pueblo 
Engordan y crecen; 
Curas que, feroces 
Cual lobos monteses, 
El fusil ai liombro 
Hablan a los íieles; 
Ricos que, robando. 
Grandezas adquieren; 
Médicos de quintas 
Que dan por enclenques 
(Mediante cuatro onzas, 
Guando no son siete) 
Mozos que a la postre 
El camino emprenden 
Que ai servido lleva, 
Guando no a la muerte; 
Hambrientos ancianos, 
Desnudas mujeres, 



218 M. CURKOS ENRÍQUBZ 



Ni nos ignorantes 
Que entre sombras crccen, 
Y, en lin, tantas cosas 
Que no deben verse, 
Que Dios, espantado, 
Y cruces haciéndose, 
Sabida la causa 
De que el diablo medre, 
Metióse en su gloria 
Diciendo entre dientes : 
; Parece mentira! 
; Mentira parecei 

No se me oculta que podrá objetarse por alguien que 
desconozca las condiciones íntimas de nuestro dialecto, 
que la frase ; Mentira parece: no traduce con la debida 
exactitud el estribillo linal Que ô demo me leoe de las 
estrofas àA romance que acabo de leer; pêro si no tra- 
duce la letra de ese estribillo, traduce su intención y su 
alcance; y como quiera (lue no por la letra y si por la 
intención hemos de juzj^ar ai autor cuando pretende- 
mos sujetarlu, no a los^juicios de una crítica literária 
más o menos recta y desapasionada, sino a las respon- 
sabilidades de la ley penal, es visto que aquella objeción 
carece de fuerza, y que por su propio peso viene a tie- 
rra como desprovista de fundamento o de base en que 
apoyarse. 

Pêro liay más : Curros Enriquez no había sonado en 
componer sus versos cuando en 1869 se publico la única 
Gramática gaííeya, que los honores de tal merece, oljra 
dei modesto e ilustrado presbítero D. Juan A. Saco v 
Arce. En esa Grainática, pág. 218, el respetable presbi"- 
tero, bajo el epígrafe Modismos notables, senala, entre 
oiros, el siguiente : D'o demo, que literalmente traducido 
ai castellano, ya lo sabe la Sala, quiere decir DeL diablo, 
y cuya significación en el país es, sin embargo, esta, 
según Saco y Arce : ; Vai/Uj que es ocurrencia.', y aun 
esta otra: íQuó tiene de extrano? Aqui está un ejemplar 
de esta Gramática a la disposición dei Tribunal. 

Preguntemos a un aldeano de nuestros campos si 
quiere que le aumenten la contribución, eterna pesadi- 
Ua de los infelices er^clavos dei caciquismo rural; pregun- 
témosle si quiere que le aumenten la contribución o si 



AIRES D'A mina terra 219 



desea que declaren soldado a un bijo suyo, y nos con- 
testará en el acto : ^D'o demo!; o lo que es lo mismo : 
jVaya, que es octirrencia; vaya, que es pregunta! 

Un dato más, deducido de otros versos de Curros En- 
ríquez, publicados en el mismo volumen, uno de cuyos 

2'emplares anda unido a los autos; versos que se titulan 
Virxe d'o Cristal, asunto el más hermoso a que el 
génio, dei poeta pudo haberse consagrado : una maravi- 
11a de arte, de belleza, de expresión; una maravilla de 
idealismo, de dulzura y de sentimiento. No exagero : 
será incompetência mia, pêro paréceme que no se pue- 
de escribir nada mejor. 

Y en verdad que, ai pronunciar mis lábios la Virgen 
dei Cristal, me asalta uno de esos recuerdos vivísimos, 
uno de esos recuerdos tenaces y enérgicos que resisten 
la mano cruel de los anos, y que, más que grabados en 
la memoria, parecen grabados en el fondo dei alma, 
como destinados a vivir con nosotros aun después de la 
muerte. 

Era el ano de 1854 (permítame la Sala estapequena 
digresión); era el ano de 1854; el cólera, que a la sazón 
causaba estragos en muchas províncias de Espana, y 
singularmente en la de Orense, iba invadiendo uno por 
uno los pueblos, iba invadiendo una por una las aldeãs 
de esta hermosisima província; pêro no se contentaba 
con diezmar, sino que arrebataba famílias enteras y 
caserios enteros, y nunca como entonces pudo creerse 
que en aquellas bellisimas comarcas quedasen insepul- 
tos los cadáveres, no por falta de piedad en los vivos, 
sino por exceso de crueldad cn la implacable peste. 

El natural temor que tenía sobrecogidos los ânimos de 
las regiones más afortunadas, pronto liubo de trocarse 
en formidable espanto : ;<"iYa está el cólera entre nos- 
otros!», se dijo, y la fatal noticia circulo con la rapidez 
dei rayo, imprimiendo, es cierto, en todos los semblan- 
tes las primeras huellas de la muerte, pêro arrancando 
a la vez de todos los pechos un grito de consoladora 
esperanza : «;A la Virgen dei Cristall» Fué la enseiía 
de salvación para todos; y los creyentes y los incrédu- 
los, y los jóvenes y los ancianos, y las mujeres y los 
ninos, dejando absolutamente desiertos los hogares, 
corrieron presurosos a rodear la ermita y a sacar en 
procesión la venerada imagen de la Virgen. 



220 M. CURROS rkríquez 



Todas las madres Uevaron a sus pequenos liijos para 
que presenciíisen aqucl ternisimo espectáculo. 

La mia, que era una santa, tambiún me Uevó a mi. 

Todavia resuena en mis oidos el universal clamoreo 
con que fué rocibida la Virijjen a su salida de Ia ermita. 

iCuánta te se despierta en esos supremos momentos! 

Arrodillados los unos, descalzos los otros, todos con 
las lágrimas en los ojòs y con plegarias no interruinpi- 
das en los lábios, invocando la intercesión poderosa de 
la Madre de Dios, seguimosla por aquellas comarcas, 
y acompanámosla de regreso hasta dejarla nuevamente 
posesionada de su altar. 

No se me oculta que el liecho tiene un explicación sa- 
tisfactoria dentro de las leyes de la Naturaleza; pêro es lo 
cierto que ai dia siguiente el cólera habia desaparecido. 

Yo también me cuentoen el número de aquellas gen- 
tes sencillas que tienen una fe inquebranlable en la 
protección de la Virgen; yo también me cuento en el 
número de aquellas gentes sencillas que esperan de la 
piedad de la Virgen el alivio que en la piedad de los 
hombres no suelen encontrar los dolores de la vida. 

Y lo digo sin temor a las rechiílas de los capiriUis 
fiieríes. Guando la fe es tolerante con la incredulidad, 
bien puede la incredulidad, y no es favor aiguno, y no 
es gracia alguna, bien puede la incredulidad ser tole- 
rante con la ie. 

Pues Curros Enriquez, y pido a la Sala mil perdones 
por esta digresión, que casi no, he podido evitar; pues 
Curros Enriquez recoge las tradiciones que circulan 
por el país a propósito de la aparición de la Virgen a 
una aldeana de aquellas hermosas campinas, y escribe 
su admira ble leyenda, que, como dije antes, es un por- 
tento de inspiración y de ternura. 

La Virgen apareciérase en suenos a la aldeana, que 
se llama Rosa, y cumpliendo su promesa, vuelve a pre- 
sentarse a ella encerrada dentro de un pequeno cristal. 
Toma Rosa el cristal entre las manos, y en un monó- 
logo de inimilable delicadeza poética, exclama mirando 
entusiasmada a la Virgen : 

iQué ollos, qué mirada, qué beizos, que cabelo, 

Qué orellas, qué mantelo, qué frente nacarada! 

;Qué diano de rnullcr! 



AIRES d'a mina terra 221 



Que traducido ai castellano quiere decir : 

"iQué ojos, qué mirada, qué lábios, qué cabello, 
Qué orejas, qué niantelo. qué frente nacarada! 
iQuó diablode mujer! 

^Qué diablo de mujer? No; qué embelcso, (\\iq encanto 
de mujer; eso es lo que quiere signincar Rosa cuando, 
ai mirar entusiasmada a la Virgen, exclama: jQaédia- 
fio de muller! 

ãQuiere verse cuál es el sentido de esta composición 
sin rival? Pues oigamos a Curros Enriquez dirigiéndose 
a sus lectores y haciendo referencia a la Virgen : 

S'escasos de fortuna bicades a sua pranta; 
Si á visitala vades faltitios de salú, 
Secorrerávos logo a milagrosa santa; 
N-o mundo non hai outra que tena mais virtú. 

De tristes agarimo, de probes esperanza, 
D'os namorados guia, sostén d'o labrador, 
Canto de Dios quixere, tanto de Dios alcanza; 
Noa hai (jue lie non deioa consolos e favor. 

He aqui, vertidos ai castellano, estos versos, mala 
versión, por supuesto, porque yo no soy poeta : 

Si escasos de fortuna besarais su planta; 
Si a visitaria vais con falta de salud, 
Socorreraos luego la milagrosa Santa; 
En el mundo no hay otra (jue tenga más virtud. 

Amparo de los tristes, de pobres esperanza, 
De enamorados guia, sostén dei labrador, 
Cuanto de Dios quisiere, tanto de Dios alcanza; 
No hay quien no le deba consuelos y favor. 

lY llamar a Curros Enriquez impío! Aun cuando él 
mismo aseverase esa inipiedad, yo no lo creeria. 

Asi divorciada la signiHcación literal de la significa- 
ción intencional que corresponde a las frases y los mo- 



222 M. CURROS ENRÍQUEZ 

dismos que son peculiares de nuestro dialecto, es de 
sentido coinún que cometeríamos una repugnante injus- 
ticia juzgando a Curros Enríquez por la letra dei famoso 
estribillo Que ò demo me íece. 

Y bien : si prescindimos de la letra, iqué es lo que se 
descubre en el fondo, qué es lo que la investigación más 
imparcial y más desapasionada, qué es lo que la critica 
más fria y más severa puede descubrir en el fondo de 
estos versos? 

Dios aparece pasando revista a las cosas de la íierra, 
y son tales y de tal magnitud las abominaciones de los 
liombres, tales y de tal índole los vícios que dominan ai 
mundo, y las misérias que le rodean, y las inmoralida- 
des que por todas partes se advierten, que la indignación 
divina parece rebelarse en una espécie de protesta que 
podría sinteLizarse asi : «No, no es este el mundo que 
yo hice; ni tú eres Fedro, ni esta es Justicia, ni aquéllas 
son leyes, ni en los odiosos frutos de las mezquínas pa- 
siones que subyugan el corazón liumano reconozco Yo 
mi obra predilecta: el hombre; no, no es este el mundo 
que Yo hice.» 

En la defensa escrita de primera instancia, que es sin 
duda un adniirabletrabajo, así enel orden jurídico como 
en el orden literário, bien que lleva la firma de uno de 
los abogados más ilustres de Galicia, bien que lleva la 
firma de un abogado que honra nuestro foro, en esa 
magnífica defensa escrita se dice con gran acierto que 
Curros Enríquez, ai escribir la composición en que nos 
estamos ocupando, parece haberse inspirado en los ver- 
sículos 5, 6 y 7, cap. VI, dei Génesis: 

VIuE^s AUTEM Deus quod multa malitia hominum 

ESSET IN TKRRA, ET CUNCTA C03ITAT10 CCEUIS INTENTA 
ESSET AD MALUM OMNI TEMPORE, 

PCENITUIT CUM QUOD HOMINEM FECISSET IN TERRAT ET 
FaCTUS DOLORE CORDIS INTRINSECUS, 

DeLEBO, INQUIT, HOMINEM, QUEM CREAVI, À FACIE TE- 
RR.*:, AB HOMINE USQUE AD ANIMANTIA À REPTILI USQUE 
AD VOLUCRlíS CCELI : POÍNITET ENIM ME FaCISSE EOS. 

Y ciendo Dios que era muclia la inalicia de los liom- 
bres sobre la tierra, y que todos los pensamientos dei 
corazón eran inclinados aí mal en todo tiempo, 

Arrepintióse de haber hecho ai hombre en la tierra, 
U tocado de intimo dolor de corazón, 



AIRES D A jriNA TERRA 



Borraré — dijo — dei haz de la tierra ai hombre que 
lie ereado, desde el hombre hasta los animales, desde 
el reptil hasta las aves dei cielo; porque me arrcpiento 
de haberlos hecho. 

Senor presidente : faltan cuatro minutos para termi- 
nar las horas reglamentarias de la sesión de hoy; el 
estado de mi salud hubiera debido sugerirme la conve- 
niência, ya que no la necesidad, de pedir por segunda 
vez la suspensión de esta vista : no lie querido, sin em- 
bargo, que por mi culpa se prolongue un solo instante 
la cricica situación de Curros Enriquez; pêro estoy fati- 
gado, tengo todavia bastante de que ocuparme, y ruego 
a S. S. que, suspendiendo la vista de esta causa, se 
digne reservarme el uso de la palabra para la audiência 
próxima. 

El Sr. Presidente dei Tribunal : Se suspende la 
vista de esta causa para la audiência próxima. 

Eran las três. 



Continsando la vista el dia õ, a Ia una de la tarde, 
dijo 

El Sr. Presidente dei Tribunal : El defensor dei 
procesado continua en el uso de la palabra. 

El Sr. Puga y Blauco : La Sala se dignará recor- 
dar todo lo que ayer he tenido la honra de exponer a 
su ilustrada consideración. No he de hacer un resumen, 
que demasiada benevolência se me ha dispensado, y no 
es digno de quien la recibe abusar de ella : habrá de 
serme permitido, no obstante, hacer presente, para pro- 
curar el mayor enlace posible entre las dos partes en 
que ha venido a quedar dividido mi informe por conse- 
cuencia de la suspensión de esta vista; habrá de serme 
permitido hacer presente que mis últimos razonamien- 
tos se encamiiiaban a demostrar que seria notoriamente 
injusto prescindir de la intencióu con que Curros Enri- 
quez ha escrito los versos que fueron objeto de denun- 
cia, no para sujetarle a un juicio meramente literário, 
sino para investigar si le alcanzan o no le alcanzan las 
responsabilidades que la ley exige a los que infringen 
sus preceptos. 

Curros Enriquez, deciamos, parece haberse inspirado 



224 M. CUUUOS ENRÍQUBZ 



en los versículos 5, 6 y 7, cap. VI, dei Génesis, en cuyos 
versículos se manifiesta Uios arrepentido de liaber heclio 
ai liombre. Así se expuso con inconteslable acierto en 
la notable defensa escrita de primera instancia, y asi 
es la verdad. 

Bien puede decirsc de Curros Enriquez lo que decia 
Júlio Si-aligero Juvenal, a propósito de la vehemencia 
con que reprendia los vicios : Ardet, in/iat,juffulat. 

Conócese que las deformidades de la realidad, con- 
traistando con las Ijellezasde un ideal sublime, a Ia ma- 
nera que por el choque eléctrico se forma el rayo en las 
alturas dei espacio, produce una violenta explosión en 
los nobilísimos y elevados sentimientos dei poeta : él 
quisiera un inundo mejor; él quisiera un mundo exento 
de las abominaciones y de las impurezas que por todas 
pai-tes nos asedian y nos degradan a los ojos mismos de 
la Divinidad; él quisiera un Pontilicado sin fausto, una 
legislación sin pena de muerte, un suelo que no agotara 
estérilmente el sudor y la sangre, el aliento y la vida 
de los deslieredados de la fortuna, que, más que liijos 
dei trabajo, parecen victimas de todos los rigores dei 
cielo y esclavos de todas las iniquidades de la.tierra; él 
quisiera una sociedad que no se mostrase indiferente 
ante el escandaloso espectáculo que nos ofrecen esas 
miserables grandezas improvisadas de la noche a la ma- 
nana, que no pueden tener otro origen que el dei vicio 
consentido, el de la inmoralidad tolerada, gracias ai frio 
escepticisjTio que se ha erigido en juzgador soberano de 
las acciones de los hombres; él quisiera ver condenada 
la repugnante usura, odioso tributo pagado a la codicia, 
triste y fecundo manantial de lágrimas, de hambre y 
de miséria; él quisiera ver protegida la inerme y des- 
amparada ancianidad, igualmente protegida la inocên- 
cia, y así bien proscrita la ignorância, entre cuyas som- 
bras crecen y se desarrollan, para desdicha suya y de la 
sociedad, la mayor parte de las criaturas humanas; él 
quisiera ]>ueblos que no fuesen el património heredado 
de unos Gobiernos por otros, sino Gobiernos consagra- 
dos a producir, en beneficio de los pueblos, el mayor 
grado de bienestar posible; Gobiernos menos atentos a 
su conservación, menos atentos a si mismos que a la 
felicidad común en la gestión de los negócios públicos; 
él quisiera, en fin, que así como la luz dei sol alumbra 



AIRES d'a mina terra 225 

a todos por igual, a todos por igual alcanzase la luz de 
la tolerância, de la justicia y de la libertad. 

Mandémosle a presidio : este es su delito. 

Pêro es que, además, el poeta se ocupa en dirigir sus 
terribles dardos ai corazón de esa parte de nuestro clero 
que tiene instintos de sangre y de extermínio; pêro es 
que, además, el poeta se ocupa en dirigir sus certeros 
dardos a esa parte de nuestro clero, la menor y la me- 
nos ilustrada sin duda, que interviene en las contiendas 
civiles, no para poner paz entre los ciegos y apasiona- 
dos contendientes, siquiera sean hermanos, sino para 
excitarles a la lucha, dando ellos misraos, los tales 
sacerdotes, el triste ejemplo de tomar las armas y de 
hacer uso de ellas, con manifiesta infracción de los pre- 
ceptos evangélicos y con evidente menosprecio de las 
leyes dei decoro sacerdotal. 

No quisiera yo persuadirme de que sea este el secreto 
de la persecución de Curros Enríquez. 

Grandemente se equivocaria quien pensase que con la 
defensa de Curros Enríquez estoy haciendo el proceso 
de mis propias ideas y de mis propias convicciones. No 
precisamente hoy, que todos disfrutamos de los inapre- 
ciables benefícios de la paz, paz que yo bendigo con toda 
mi alma, como tienen que bendecirla todos aquellos a 
quienes no sea indiferente la suerte y aun la existência 
misma de la pátria; paz que yo quisiera ver consolidada 
para siempre, siquiera este deseo mio haya de suscitar- 
me secretas antipatias que, dicho sea en lionor de la 
verdad, están muy lejos de mortificarme; no precisa- 
mente hoy, sino aun en las circunstancias mismas en 
que el calor de la lucha podia tener virtud bastante 
para atenuar la gravedad de ciertos actos funestos, aun 
en esas mismas circunstancias, he visto con hondo dis- 
gusto y con profunda tristeza que los liamados a inter- 
venir como misioneros de paz, blandiesen furiosos las 
armas de la guerra, significándose ellos los primeros en 
esas escenas sangrientas de horrible e implacable cruel- 
dad, cuyo recuerdo excita a la vez el dolor y la ver- 
gúenza. 

No hay, pues, sacrifício alguno por mi parte en el 

aplauso tributado ai poeta. Después de todo. Curros 

Enriquez no ha censurado a los sacerdotes guerreros 

con tanta dureza como en su tiempo lo hizo uno de los 

Tomo I. 15 



226 M. CURROS ENRÍQUEZ 

Santos Padres más esclarecidos de la Iglesia, San Ber- 
nardo : 

Quis sanu non miretur, imo et detkstetur unios 

ESSE PERSON.f: ET ARMATUM ARMaTa DUCBRIÍ MILITIAM ET 
ALBA STOLAQUE INDUTUM, IN MEDIO ECCLESlyE PRONUNCIARE 
EVANGELIUM. TuBA INDICERIÍ BELLUM MILITIBUS ET JUSSA 
EPISCOPI POPUI.IS INTIMARE? NiSI FORTE yUOD INTOLERA- 
BILIUS EST ERUBESCIT BVANGELIUM — DE QUO VOS ELECCIO - 
NIS ADMODUM GLURIATUR — ET CONFUNDITUR VIDBRB CLE- 
RITUS MAGISQUE HONORABILI DUCIT JUSTARI SE MILITEM : 

cuRiAM ecclesi/í; prefert, regis mensan altare Chri- 

STI, ET CALICI DOMINI CALIGEM DEMONIORUM. 

Y a la verdad, iquién no admira y detesta a la eez et 
contemplar a una misma persona cubierta de armas, 
guiar tos ejércitos y ai propio tiempo, revestida con el 
alba y la estola, predicar en el templo el Ecangelio, 
excitar con los clarines a la tacha y juntamente inti- 
mar a los pueblos la ley de Dios? Es que — tj esto se hace 
intolerable — prefieren, deprimíendo los preceptos evan- 
gélicos, a pesar de ser los elegidos para g lorijlcarlos , 
la calidad de soldados a la de sacerdotes, ia cúria a la 
Iglesia, la mesa dei rey ai altar de Cristo, el cáliz de 
los demónios ai cáliz dei Senor. 

Es verdad que el senor juez de primera instancia de 
Orense no se ha permitido hacer a este propósito indi- 
cación de ningún género en la sentencia consultada. 
Comprendemos su natural reserva; pêro no se explica 
que, remontàndose a otras alturas, haya tenido valor 
para considerar a Curros Enríquez incurso en las pres- 
cripciones dei Código penal, por haber heclio uso, según 
él, de frases y de conceptos que inducen a la mofa.y ai 
desprecio dei Sumo Pontífice. 

jQué frases son ésas, si Curros Enríquez no se refiere 
en sus versos a los tiempos actuales, ni a tiempos inme- 
diatamente anteriores a los actuales? 

jQuè frases son ésas, si Curros Enríquez no se refiere 
en sus versos ai inmortal Pio IX, ni a su sábio, clemen- 
te y prudentisimo sucesor, el venerable y virtuoso jefe 
que, para bien de la Iglesia y de la sociedad, rige en los 
presentes momentos los destinos dei mundo católico? 

iQué frases son ésas, a qué tiempos se refieren esas 
frases, si Curros Enríquez nos habla en sus versos de 
herejes quemados por la voluntad de los Pontífices, y 



AIRES d'a mina terra 227 

si Curros Enríquez nos habla en sus versos de la codicia 
y dei sibaritismo que se apodei-ó de Roma? 

Y en último término, 4qué ganaria la institución dei 
Pontificado, si fuera lícito confundiria y amalgamaria, 
en los iníiexibles juicios de la Historia, con las per^onas 
de los Papas? jEs que todos los Pontífices han sido san- 
tos, porque la institución dei Pontificado sea de origen* 
divino, y es que todos los Pontífices han sido buenos, 
porque la institución dei Pontificado haya ejercido una 
saludable influencia en la marcha progresiva de los 
pueblos? jEs que nadie se ha permitido hablar de Roma, 
nunca, en ningún tiempo, porque allí no hubo vicios, y 
si los hubo merecieron, porque eran de Roma, ser ele- 
vados a la categoria de virtudes? ^Es que los Papas son 
impecablesí 

Pues mandemos a presidio a los historiadores católi- 
cos que nos dicen que Esceban VI dió a la Iglesia el 
escandaloso espectáculo de hacer desenterrar el cadá- 
ver de Formoso, obispo de Porto, elevado a la Sede Ro- 
mana a la muerte de Martin II, y que le hizo juzgar, 
ordenando vestirle previamente de Pontífice, y sentarle 
en el trono, mandando, después de pronunciada la sen- 
tencia, cortarle la cabeza y los três dedos con que había 
bendecido, y arrojarle ai Tíber, y declarando, por últi- 
mo, no consagrados a cuantos habían recibido de él las 
ordenes. 

Pues mandemos a presidio a los historiadores católi- 
cos que nos dicen que Juan X fué promovido ai Ponti- 
ficado por las intrigas de su amante la hermosa Teo- 
dora, la parienta y aliada de Alberto II, marquês de 
Toscana. 

Pues mandemos a presidio a los historiadores católi- 
cos que nos dicen que Juan XI se abandonaba a las pro- 
pensiones de una juventud desenfrenada, dejando a su 
madre, la ambiciosa Madocia, y a su hermano Alberico 
dirigir a su antojo las cosas sagradas y profanas. 

iNo parece sino que el re^peto debido a la institución 
dei Pontificado depende dei juicio que ante la Historia 
hayan podido merecer determinados PontificesI 

En el Concilio reunido por Olhon el Grande para 
juzgar ai papa Juan XII, iqué horribles cargos no se 
acumulan contra este! Que el palácio de Letrán se 
transforma en mansión de desordenes por mujeres li- 



228 M. CURROS ENRÍQUEZ 

cenciosas; que por orden suya se mutilara, se privara 
de la vista y se condenara a muerte a obispos dignisi- 
mos; que promoviera a un nino de diez anos ai obispa- 
do de Todi; que se le viera beber en honor dei demónio 
y de las diviíiidades paganas... Basta. 

Mandemos a presidio a los historiadores católicos que 
nos dicen que ese Papa murió a manos de un mando 
ultrajado. 

No es posible que el inferior crea que la Cátedra de 
San Pedro estuvo siempre ocupada por Pontífices sá- 
bios, virtuosos, clementes, prudentisimos y exclusiva- 
mente consagrados a la defensa de los intereses dei ca- 
tolicismo; yo no puedo inferir esa ofensa gravisima a la 
ilustración dei senor juez de primera instancia de Oren- 
se, siquiera la sentencia de autos nos autorice para de- 
cir algo a este propósito. 

Quani fcedíssiina Ecclesi romance fácies — exclama 
el religiosisimo cardenal Baronio — , quuni Romce do- 
ininarentAir potentíssima; crque ac sordidissimce incre- 
tricesl Quanim arbiirio niutarentur Sedes darentur 
episcopi , et, quod auditu horrendum et infandum est, 
intruderentur in Sedem Pelri earum oníasii pseudo- 
Pontifices, qui non sunt nísi ad consignada tantuni têm- 
pora in catologo romanorum Pontijicuni scripti. 

No confundamos: los Papas no son el Pontificado, 
de la raisma manera que los católicos no son el catoli- 
cismo. 

Por maios que sean los Papas, el Pontificado ha de 
ser siempre una institución altísima, como establecida 
por Dios para el regimen y gobierno de su Iglesia. 

Por maios que sean los católicos, el catolicismo ha 
de ser siempre la verdad y la luz, la claridad y la jus- 
ticia. 

^Pero es que el catolicismo exige, ni ha exigido en 
ningún tiempo, la servil adulación de los fieles relativa- 
mente a los vicios, o a las malas costumbres, o a las 
faltas de los que por ocupar los más elevados lugares 
de la jerarquia eclesiástica están más obligados a dar 
ejempiosde mansedumbre, de piedad y de virtud? 

Es cierto que la Historia nos ensena cuánto han teni- 
do que sufrir los hombres, cuáiito han tcnido que pade- 
cer los hombres que escudados en una vida sin mancha 
hicieron uso de la santa libertad de reprender el mal. 



AIRES D 'a mina TERRA 229 

El insigne fraile dominico que ha llenado con su nom- 
bre inmortal la segunda mitad dei siglo xv, Jerónimo 
Savonarola, tan constante en oponer con su poderosa 
elocuencia un fuerte dique a las ideas y a las costum- 
bres paganas que invadian la sociedad de su tiempo, 
corrompiéndola, como intrépido en la defensa de los 
derechos dei pueblo; aquel mártir de sus convicciones 
y de su amor a la pureza de las costumbres cristianas, 
que con la sublime entereza que solo está reservada aí 
verdadero génio contesta a las amenazas de Roma : 
«Entre en el claustro para aprender a sufrir; los pade- 
cimientos han venido a visiiarme, los he estudiado y 
me han enseiíado a amar y a perdonar siempre.» Savo- 
narola, que vivia en una época en que se llamaba a 
Jesucristo hijo de Júpiter, Diosa a la Virgen Maria y a 
la Providencia Destino, fijos los ojos en el cielo para 
implorar sin descanso la misericórdia divina en favor 
de aquella sociedad tan desgraeiada como inmoral; pre- 
dicando siempre, y siempre amonestando con digna se- 
veridad a los opresores, y siempre dirigiendo su cari- 
ilosa voz a los oprimidos, la voz de la esperanza y dei 
consuelo, juzga cumplir con su deber escribiendo a los 
príncipes cristianos que es menester reunir un Concilio, 
en el cual se propone probar que la Iglesia de Dios está 
sin jefe, que no es verdadero Pontífice, ni digno de esa 
categoria, ni siquiera Cristiano, el que a la sazón ocupa 
la Cátedra de San Pedro. 

éPodrá objetarse que Savonarola es autoridad recusa- 
ble entre católicos, puesto que ai fin fué arrojado a las 
llamas con el consenlimiento y con el beneplácito de 
Roma? No lo discuto; que no es esta ocasión oportuna 
para discutirlo, como tampoco ocasión oportuna para 
examinar si el horrible suplicio dei virtuoso dominico 
constituye o no un titulo de gloria para el Pontificado 
de Alejandro VI. 

Dejemos a Savonarola. Tomás Becket, el valeroso ar- 
zobispo de Cantorbery, que se levanta en la Historia 
como una de las figuras más interesantes en el turbu- 
lento reinado de Enrique II de Inglaterra; Tomás Becket, 
el iniciador de la resistência a las absorbentes constitu- 
cionesdeClarendon, quejándose de que en Roma Barra- 
bás es preferido a Cristo, ai salir para su destierro es- 
cribe a los cardenales amonestándoles que no se fien en 



230 M. CURROS BNRÍQUEZ 



frágiles riquezas, y exhortándoles para que acumulen 
un tesoro en el cielo, socorriendo a los oprimidos, ex- 
clama, con referencia sin duda ;il papa Alejandro III : 
«jBuen Dios! ^Qué vigor hay que esperar en los miem- 
bros, faltando la cabeza? Ya se dice que en Roma no 
hay justicia capaz de resistir a los poderosos.» 

íY qué contesta el severo defensor de la integridad de 
los dereclios de la Iglesiaa los obispos que le censuran? 
Pues contesta estas sublimes palabras: «San Pedro fué 
pescador; nosotros somos sus sucesores, y no de Au- 
gusto.» 

Enrique II mando asesinar ai ilustre arzobispo; el 
seíior juez de primera instancia de Orense le halDria 
condenado a prisión correccional. 

No me cabe duda de ningún género : yo no creo fal- 
tar en nada a los respetos debidos ai sefior juez de pri- 
mera instancia de Orense, y cuenta que le respeto 
mucho, aseverando aqui que si hubiese administrado 
justicia allá por el siglo xiv, habria sido capaz de pro- 
cesar a la misma Santa Brígida. ^Y como no liabía de 
proce.sarla, si esta, aludiendo, según todas las probabi- 
lidades, a Clemente VI, dice: «El Papa es el asesino de 
las almas; dispersa y destruye la grey de Cristo; es más 
cruel que los judios y peor que el mismo Lúcifer. Ha 
convertido los diez mandamientos en uno solo: en lle- 
vad dinero. Roma es un baratillo dei infierno, y el dia- 
blo preside alli vendiendo los bienes que Cristo con- 
quisto con su pasión.» 

Pues si lo-j santos emplean este lenguaje en sus cen- 
suras relativas a la corte de Roma, no debe extraiiarse 
que los que no son iíanlos, y tengo para mi que Curros 
Enriquez no lo es, aun cuando puede serio todavia, no 
debe extranarse que los que no son santos escriban 
unos versos en que se eche de menos aquel desprendi- 
miento de los bienes terrenales que tanto recomienda el 
Evangelio, y aquella pureza de costumbres que tanto 
hay que admirar en los primeros siglos de la Iglesia. 

Dice menos, dice muchisimo menos Curros Enriquez, 
a propósito dei fausto de las altas dignidades de la Igle- 
sia, de lo que en su tiempo dijo el inmortal Pedro Da- 
miano: «Tienen hambrede oro... Me siento poseido de 
fastidio ai enumerar estas necias vanidades que cierta- 
mente mueven a risa, si bien es una risa que concluye 



AIRES d'a mina terra 231 

por arrancar lágrimas, ai ver tales portentos de altana- 
ria y de maravillosa locura, y las vendas pastorales res- 
plandecientes de pedrería y recamadas de oro.» 

Y si quiere recurrirse a la autoridad dei gran San 
Bernardo, que está universalmente reputado como una 
de las primeras lumbreras de la Iglesia, ^qué es lo que 
resulta haber dicho Curros Enriquezen esos versos que 
tanto han herido la religiosa suscepcibilidad dei in- 
ferior? 

DlGNUM EST UT QUI ALTARIO DESERVIT DE ALTARIO 
VIVAT... NON AUTEM, UT DE ALTARIO LUXURIERIS, UT DE 
ALTARIO SUPERBIAS, UT INDE COMPARES TIBI FRENA ÁUREA 
SELAS DEPICTA3 CALCAREA DE ARGENTATA, VARIA GRIFEA- 
QUB PELLICEA ACOLLO ET MANIBUS ORNATU PURPÚREO DI- 
VERSIFICATA. DeNIQUE QUIDQUID PR.EFER NECESSARIUM 
VICTUM, AC SIMPLICEM VESTITUM DE ALTARIO RETINES, 
TUUM NON EST, RAPINA EST, SACRILEGIUM KST... SiC ERGO 
BT NOS CONTENTI SIMUS VESTIMENTIS QUIBUS OPERIAMUR... 
NON QUIBCS MULIERCULIS ASSIMILaRI, VEL PLACERB STU- 
DEAMOS. 

Justo es que el que siroe ai altar viva dei altar; mas 
no que dei altar se tomen riquezas que strvan de rega- 
lo o fomenten la soberbia, y mucho menos que por su 
euenta se ostenten adornos lujosos de oro, piedras pre- 
ciosas, púrpura y variadas y ricas pieles; pues que 
iodo lo que procedente dei altar se retenga, fuera de un 
frugal alimento y de un modesto vestido, es rapina; 
RAPINA EST, es sacrilégio, sacrilegium est. Contentémo- 
nos — concluye —con un humilde vestir, y no imitemos 
avarias mujerzuelas, pretendiendo agradar. 

Ya lo ve la Sala; y no quiero yo cotejar tiempos con 
tiempos, costumbres cón costumbres y necesidades con 
necesidades : encierro mi intención dentro de los legíti- 
mos propósitos de la defensa. 

Mas si, saliéndonos de este terreno, considerásemos 
oportuno citar poetas católicos que liubiesen empleado 
una parte no escasa de su ingenio en satirizar la codicia 
y la desenfrenada ambición que en ciertas épocas se 
apoderaron de Roma, es bien seguro que podriamos 
ocupar la atención dei Tribunal durante una semana 
entera; pêro voy haciéndome demasiado prolijo, y he de 
concretarme, por tanto, a dar lectura de unos versos 
muy cortos de Juan Ruiz, el famoso arcipreste de Hita, 



232 M. CURROS BNRÍQUBZ 



que, por lo substanciosos y por lo intencionados, dejan 
muy atrás los de Curros Enriquez: 

Si tovieres dineros... 

El Sr. Presidente: Llamo la atención dei letrado 
acerca de que la Sala conoce esos versos, y le ruego que 
prescinda de ellos y pase a otro orden de consideracio- 
nes jurídicas. 

El Sr. Fuga: Sr. Presidente: no tiene V. S. nece- 
sidad de rogarme, cuando le asiste el derecho, que yo 
no discuto, de hacerme obedecer sus prescripciones. Es 
evidente que la presidência puede y debe velar por que 
se guarden aqui todo género de conveniências; presumo 
que no he faltado a ellas, pêro entiendo a la vez, y lo 
digo salvando todos los acatamientos que son debidos a 
la respetable autoridad de V. S., entiendo que la pre- 
sidência no puede imponerme su critério en cuanto a la 
elección de los médios de defensa. Si V. S., seíior pre- 
sidente, me impide que lea los anunciados versos dei 
arcipreste de Hita, yo dejo de leerlos, no sin protestar, 
siquiera no sea más que por conservar la integridad de 
los fueros de esta toga; no sin protestar respetuosamen- 
te la indefensión de mi cliente. 

El Sr. Presidente: La Sala ha dejado ai letrado toda 
la latitud necesaria para defender a su cliente; y como 
quiera que la Sala, para formar juicio dei proceso, no 
necesite oir los versos que el letrado se proponia leer, 
no puede permitir la iectura de los mismos. 

El Sr. Fuga: Pues toda vez que la Sala no me per- 
mite leer los versos de Juan Ruiz, arcipreste de Hita, 
que ha florecido en el siglo xiv y de cuyo poeta se cele- 
bran todavia hoy algunos himnos, noiables por lo pia- 
dosos y así bien notables en el orden literário, dedica- 
dos a la Virgen, continuo mi informe, seíior presidente, 
en otro terreno. 

El Sr. Presidente: Dejando ya esas citas, la defen- 
sa puede continuar. 

El Sr. Fuga: Todo lo que en este terreno hubiera 
yo podido decir, y era mucho, en defensa de Curros 
Ènríquez, y que ya no digo, toda vez que la presidência 
me lo impide, habría de tener por objeto hacer notar el 
contraste que se advierte entre las composicionesdenun' 



AIRES d'a mina terra 233 

ciadas y las que se deben a poetas de cuyo catolicismo 
no puede dudarse en modo alguno, y demostrar palraa- 
riamente que aquéllas son más inofensivas que estas. 

De cualquiera suerte, pretender sujetar los vuelos de 
la imaginación ardiente dei poeta a las acompasadas 
regias que sirven para trazar el camino de las especu- 
laciones dei raciocínio frio y severo, es pretender un 
imposible. 

El mismo Dante, de quien un notable historiador y 
crítico nos dice que no poetiza por instinto, sino que todo 
en él es cálculo y raciocínio; Dante, que profesaba res- 
peto a la autoridad dei Papa, y que creia que el império 
de Roma habia sido ordenado por Dios para la futura 
grandeza de la ciudad en donde reside el sucesor de San 
Pedro, ridiculizando los excesos de los prelados, dice 
«que cubrían sus palafrenes con sus mantos; de suerte 
que dos animales iban bajo una misma piei». Llama a 
los obispos de la época de Bonifácio VIII, en cuya corte 
dice que todos los dias se traflcaba con Cristo, «rapaces 
lobos con disfraz de pastores, que, habiendo convertido 
el oro y la plata en Dios, entristecen el mundo, despre- 
ciando a los buenos y ensalzando a los perversos»; y de 
aquel Pontífice dice que era «insaciable de los bienes 
de la tierra, no temiendo, para proporcionárselos, apo- 
derarse de la Santa Iglesia con engano, para ultrajaria 
luego : que cambio el cementerio de Pedro en cíoaca 
donde se regocija el demónio entre sangre e impu- 
reza». 

Y no echemos en olvido que el Dante apostrofa a los 
que hablan contra la fe con las siguientes palabras : 
«Malditos seáis vosotros, vuestrapresunción y los que os 
creen»; y no echemos en olvido que el retrato dei Dante 
fué colocado en el Vaticano entre los de los Padres de 
la Iglesia; y no echemos en olvido que en su tiempo le 
Ilamaban Theologos Dantes^ nulLius dogmatis expers. 

Es cierto que en 1865 se quiso celebrar en Itália el 
sexto centenário de su nacimiento, teniendo en cuenta 
su animadversión con los Papas; pêro los pensadores 
más desapasionados y los escritores más sensatos rei- 
vindicaron la verdad, según César Cantú, conviniendo 
en que si se había encarnizado contra los abusos de la 
corte de, Roma, y senaladamente contra Bonifácio VIII, 
siempre fuera reverente a la Santa Sede, y siempre se 



234 M. CURROS BNRÍQUEZ 

manifestara respetuoso hacia la institución dei Ponti- 
ficado. 

Basta sobre la primera de las doscomposiciones acer- 
ca de las que el senor obispo de Orense tuvo [)0r con- 
veniente llamar la atención dei gobernador civil de la 
província. 

En cuanto a la segunda, como quiera que en ella no 
se funda el seilor juez de primera instancia de Orense 
para condenar a Curros Enríquez, y solo se permite 
aludiria de una manera vaga e indeterminada en la 
sentencia de autos, he de ser muy breve. 

Titúlaseesta composición A Igrexa fria. Literalmen- 
te traducida dice asi : 

«Por encima de los campos, en médio dei monte, 
levántase aún, hidrópica y negra, cual gigante hipopó- 
tamo muerto, cubierto de gusanos, rodeada de tinieblas 
y de grama, la deforme espalda dei viejo monasterio. 

«Las recias agujas de hierro de las torres parecen 
quejarse de la marciía de los tiempos, y, siempre para- 
das e inmóviles, semejan los dedos de una mano de 
Titán, que anda en busca dei rayo, que tarda, de las 
iras dei cielo. 

«Desde la alta campana cae aún en anillos la fuerte 
cadena con triste bamboleo. Guando ai ponerse el sol 
la azotan los vientos de las montauas, se asemeja a una 
sierpe encantada que guarda las ruinas refanfunando 
y tejiendo. 

»Con los pelos erizados, en la mano un cucliillo man- 
chado con la sangre de los pobres viajeros, tierapo hubo 
en que aqui vénia a buscar asilo y amparo el ladrón de 
los caminos, a quien pusieron en salvo los frailes que 
quemaban a Praga. 

» Vestido de monje como ellos el reo, de réprobo a 
santo pasó en un mismo dia, y de la garganta, que debe- 
ría ser tajada en un cepo, salió el anátema que exco- 
mulga ai insigne Colón y ai gran Galileo. 

«Las virgenes forzadas, los pobres despojados, pedían 
entretanto socorro y remédio, y la Justicia, escudero 
mal pagado dei crimen sangriento, se quedaba a la 
puerta dei sagrado, batiendo los dientes de rabia y de 
cólera. 

))En mis solitários nocturnos paseos me sucede a veces 



AIRES d'a mina terra 235 

llegar g,! monasterio, y haciéndome entonces visajes el 
rettejo de la luna, una negra visión de entre las ruínas, 
«iQué tiempos!», me dice; y yo digo : «iQué tiempos!» 

Puede ser que aqui resulte atacado algún dogma de 
la religión católica; respetabilísima es para mi la opi- 
nión dei seíior obispo de Orense; pêro confieso ingenua- 
mente que no alcanzo cuàl sea el dogma a que S. S. I. 
pueda referirse. 

Es más : Curros Enriquez no lanza contra el derecho 
de asilo un juicio condenatório en absoluto; ni ide qué 
suerte había de lanzar Curros Enriquez un juicio con- 
denatório en absoluto sobre el derecho de asilo, rindien- 
do, como rinde, culto a las ideas democráticas? 

iPues qué significa el derecho de asilo?... 

Cuando el castigo no proviene de la ley; cuando los 
derechos dei más débil no tienen la necesaria garantia 
en el estricto cumplimiento de los deberes dei más fuer- 
te; cuando la violência se sobrepone a la justicia; cuan- 
do las relaciones dei Poder público con el interés priva- 
do no están revestidas de la autoridad que proviene de 
una organización política robusta y respetable; cuando 
los privilégios de la superioridad y el empleo de la 
fuerza no tienen limites marcados y bastantemente de- 
finidos en el derecho común; cuando el acreedor puede 
apoderarse dei deudo y poço menos que sacrificarle a 
su capricho; cuando los parientes de la victima están 
facultados para erigirse en juzgadores supremos dei 
matador, que tal vez se ha defendido de una agresión 
ilegítima e injustificada; cuando el seíior persigue ai 
esclavo por una leve falta y pretende arrancarle barba- 
ramente la vida o mutilarle sin piedad; en suma : cuan- 
do el espíritu inhumanitano de las leyes, su insuficiên- 
cia además y la relajación de las costumbres acusan 
una gran decadência en el estado social de un país, el 
derecho de asilo levántase como uná institución perfec- 
tamente Cristiana, digna de los respetos dei historiador, 
de las simpatias dei jurisconsulto, de las alabanzas dei 
filósofo y de los cantos dei poeta. 

Si hay Concílios, y los hay nuraerosísimos que pu- 
dieran citarse para honra de la Iglesia, en los que se dis- 
pone que no sean entregados los que se refugien sin que 
proceda un juramento sobre los Evangelios que les ga- 
rantice de no sufrir la pena de muerte, mutilacíón y 



236 M. CURROS bnríqubz 

otras semejantes, justo es que ante ellos inclinemos la 
cabeza en demostración, no ya de simple asentimiento, 
•sino en demostración de la simp itia que debe inspirar- 
nos todo lo que es humanitário, todo lo que tiende a 
evitar la efusión de sangre, todo lo que se dirige a pro- 
teger ai débil contra el opresor, todo lo que se encamina 
ai santo fin de poner coto o du mitigar de alguna suerte 
la crueldad implacable de los hombres. 

^Pero es que el espiritu civilizador de los tiempos ha 
peneirado en la sociedad civil; pêro es que los Poderes 
públicos dei Estado funcionan con la debida regularidad 
y con la debida independência dei poder de la Iglesia, 
siquiera le C(uisideren y respeten; pêro es que hay leyes 
que garantizan la libertad y la vida, la honra y bienes- 
tar de todos y de cada uno de los ciudadanos que cons- 
tituyen la agrupación social; pêro es que la ciega ven- 
ganza en que consistia el castigo de olras épocas ha sido 
reemplazada por el sereno y concienzudo precepto dei 
legislador; pêro es que los privilégios que engèndraban 
y hacian prosperar Ia repugnante soberbia de los afor- 
tunados de la tierra han sido borrados de los Códigos y 
de las costumbres por la mano bienhechora de la Revo- 
lución; pêro es que los pobres y los desvalidos están a 
cubierto de las violências de los riros y de los podero- 
sos; pêro es que hay formas seguras y eficaces en el 
procedimiento criminal, tanto para que se castiguen los 
delitos como para que se respete la inocência de los 
procesados; pêro es que el Estado se basta a si mismo y 
que no necesiia para nada de la tutela ininediata de !a 
Iglesia; pêro es que el Estado se basta a si mismo y que 
no necesita para nada de la intervención directa dei 
poder eclesiástico en todo lo que es concerniente a la 
conservación dei orden social?... ^Quién defiende el de- 
recho de asilo? ^Qué significa el derecho de asilo consi- 
derado en absoluto y a los ojos de la razón? En el orden 
jurídico, la impunidad; en el orden politico, el privile- 
gio; en el orden filosófico, lo absurdo, y en el orden 
moral, jqué diremos!..., en el orden moral, la consa- 
gración dei crimen, que es la última y la más funesta 
de todas las aberraciones dei espiritu humapo. 

jPues no faltaba más sino que el inspirado poeta no 
pudiera dirigir sus certeros ataques contra los abusos 
de esa institución, cuando esos abusos merecieron ser 



AIRES d'a mina thrra 237 

reprobados por Pontífices como Gregório XIV, Bene- 
dicto XIII, Clemente XII, Benedicto y Clemente XIV, 
que expidieron bulas, encíclicas y breves encaminados 
a contener el escandaloso patrocínio que merecian por 
parte de algunas iglesias los incendiários, los envenena- 
dores y los salteadores de caminos! Y téngase en cuenta 
que estamos ocupándonos de una composición que en 
el orden literário se eleva a tales alturas, que ella por 
si sola seria capaz de colocar a Curros Enriquez a la ca- 
beza de los primeros poetas de Galicia. No se advierte 
en esa composición más que un pequeno lunar, que con- 
siste en un error histórico : 

De monxe vestido 
Como eles ò reo, 
De réprobo á santo 
Pasóu n-un dia mesmo. 

E d'a gorxa, que ser debería 
Tallada n-un cepo, 
A paulina que saiu, qu'excomulga 
O insinc Colombo y-o gran Galileo. 

No es exacto: Cristóbal Colón, alentado por el famoso 
vaticínio de Séneca, en que se predecia que el mar ofre- 
cería nuevas tierras y que un segundo Tifis descubriria 
orbes desconocídos, no sin haber recurrido antes a los 
autorizados consejos dei más célebre geómetra de aque- 
lia época, el florentino Pablo Toscanelli, sin seniirse 
despecíiado porque se le caliticase por los sábios portu- 
gueses de loco presuntuoso, proyecta la gigantesca em- 
presa dei descubrimiento dei Nuevo Mundo; y si con- 
sigue Uevarla a cabo, bien puede atribuirse una parte 
de esa gloria a fray Diego de Deza en primer término, 
y en segundo a fray Juan Pérez de Marchena, que a 
Ia sazón regia el monasterio de Santa Maria de la 
Rábida. 

No; no es de imputar a la Iglesia el agravio de que 
hubiese opuesto obstáculos ai grandioso pensamiento de 
Colón; porque si bien no puede desconocerse que Ias 
aserciones de este sobre la existência de otros mundos 
y de otros hombresno indicados en el Génesis causaron 
receios a los teólogos ignorantes, en cambio hay que 



238 M. CURROS BNRÍQUEZ 



inclinar la cabeza ante la memoria respetable de mon- 
seuor Giraldi, núncio a|jostólico, que salió valerosa- 
meníe ai encuentro de aquellos receios, demostrando 
que en nada se contradecia ai Génesis con las afirma- 
ciones dei ilustre marino. 

Quiere decir que el único punto vulnerable de Ia va- 
liente e inspirada poesia en que nos estamos ocupando 
consiste en un error histórico; y los errores históricos, 
y los errores íilosóficos, y los errores jurídicos, yaun los 
mismos errores religiosos, no caen ni pueden caer bajo 
las prescripciones de ningún Código penal de Europa 
en el presente siglo, a no ser que pretendamos retroce- 
der a aquellos tiempos que dieron triste celebridad a la 
torre de Londres y ai castillo de Spielberg; a la cárcel 
de corte y a los presídios de Lambesa; a la renombrada 
Inquisición de Sevilla y ai famoso calabozo de las tira- 
nias secretas, raansiones todas en donde la iniquidad 
pudo triunfar de la justicia, y tiempos más propios que 
los actuales para el senor juez de primera instancia, 
puesto que en ellos podia dictar sentencias que segura- 
mente habrian de dar a su nombre mayor respetabilidad 
que la que ha de alcanzarle la dictada contra Curros 
Enríquez en la presente causa. 

Ni una palabra más sobre las dos composiciones que 
fueron objeto de denuncia. 

Traía yo el propósito de hacer conocer a la Sala el 
juicio que de Curros Enríquez han formado los periódi- 
cos más importantes de Espana; pêro me he extendido 
tanto, que abrigo el natural temor, más natural desde 
que la presidência se ha dignado interrumpirme, de abu- 
sar demasiado de la benevolência marcadisima y nunca 
bastantemente agradecida que la Sala tuvo la bondad 
de dispensarme. Me limitaré, por consiguiente, a leer 
un solo párrafo de un articulo crítico que está autori- 
zado por la firma de una escritora muy conocida entre 
nosotros, eminentemente católica y eminentemente 
distinguida, Emilia Pardo Bazán, cuyo nombre ha sido 
ya Uevado en alas de la fama a todos los centros nacio- 
nales de la ilustración y dei saber. 

Prescindiendo de la clasiíicación que en ese bien 
escrito artículo se hace de las diferentes poesias de 
Curros Enríquez, y sintetizando su juicio, dice asi la 
ilustre publicista: 



AIRES d'a mina terra 239 

«Y es que en el Sr. Curros hay dos entidades intelec- 
tuales, o mejor dijéramos (robando a Heriberto Spen- 
cer uno de sus vocablos favoritos), einocionales. Es la 
una la de un poeta de raza, de corazón y de sentido, de 
expresión y de forma; un poeta que se inspira libre- 
mente en los sentimientos puros y legítimos, en los 
afectos dei alma, en el espectáculo de la realidad, en 
las tradiciones, en las costumbres; a quien no Uamo 
poeta -porque sepa rimar gratamente y dirigir cuatro 
requiebros a la luna y ai arroyuelo, sino porque sabe 
oir y repetir el himno misterioso que entonan las cosas 
todas de la tierra, pêro que, según antiguo privilegio, 
solo los poetas verdaderos aciertan a traducir ai huma- 
no lenguaje. Es la segunda personalidad dei Sr. Curros 
la de un democrata impresionado y entusiasta, como ya 
van quedando poços, tout d'une pièce, y que dice en 
verso lo que en prosa temeria proclamar por miedo a la 
sonrisilla escéptica que el desenganado último tercio dei 
siglo XIX va adoptando como médio, tal vez el más efi- 
caz, de combatir utopias que ai tomar cuerpo realizán- 
dose, a nadie acaso espantaran tanto como a sus padres 
Y patrocinadores.» 

Ya lo ve la Sala : como democrata impresionado po- 
drà Curros Enriquez merecer, por las ideasque susten- 
ta, el disentimiento de los que no son democratas; pêro 
como gran poeta, tengo para mi que no merecia el 
sufrimiento de estar ocupando la atención de un Tribu- 
ijal de Justicia. 

Venía yo dispuesto también a demostrar que aun en 
la hipótesis de que existiese el delito que en estos actos 
se persigue, la Sala, juridicamente hablando, estaria 
imposibilitada de dictar una sentencia condenatória; 
porque aqui no se ejercita por quieu pudiera ejercitarse 
la acción pública que corresponde a la sociedad, y en su 
nombre, y por delegación dei Poder ejecutivo, ai minis 
'erio fiscal, para pedir el castigo de los delitos de esta 
Índole; porque perfectamente deslindadas lasatribucio- 
nes y las responsabilidades dei Poder judicial y dei mi- 
nistério público, no pueden los Tribunales de Justicia, 
que representan el primero, invadir, las atribuciones dei 
segundo, constituyéndose, a la vez que en juzgadores, 
en acusadores de los procesados; y porque es de tal no- 
toriedad esta doctrina, que el núm. 3.° dei art. 868 de 



240 M. CURROS BNRÍQUBZ 



la Compilación de las disposicinnes vigentes sobre el 
Enjuiciamiento criminal autoriza la interposición dei 
recurso de casación contra las sentencias en que se 
pene un delito más grave que el que liaya sido objeto 
de la acusación; de donde se sigue que no habiendo acu- 
sación, no pucde haber condena. 

Por último, vénia yo dispuesto también a demostrar 
que en ningún caso podria la Sala dictar en esta causa 
sentencia condenatória sin mandar procesar a la Dipu- 
tación provincial de Orense, que aparece subvencionan- 
do con la cantidad de 1.000 pesetas la publicación dei 
volumen en que se contienen las poesias denunciadas; 
como que de autos resulta que en esa cantidad se ha 
puesto embargo para subvenir a las responsabilidades 
que pudieran nacer de la formación de este proceso. 

Pêro la fatiga me rinde, y, por otra parte, considero 
salvado a Curros Enriquez, más que por mis propios 
esfuerzos, por su propia inocência y por la nunca des- 
mentida justificación dei Tribunal. 

Termino, pues, en la confianza de que la Sala ha de 
servirse absolver a mi cliente en los términos que tuve 
la honra de solicitar ai principio de mi informe. 

El Sr. Presidente : Visto. 

Eran las dos y cuarto. 



.ri.|n|M.,|iiHi|..|il III IH I I I I I I I I I I I I I I |.|..| I I I I I I I I I 



SENTENCIA DEL SUPERIOR 



En la ciudad de La Coruna a 11 de marzo de 1881, en 
la causa seguida en el Juzgado de primera instanciada 
Orense sobre ofensa ai libre ejercicio de los cultos, que 
ante Nos pende, entre partes: de la una el ministério 
fiscal, y de la otra D. Manuel Curros Enriquez, natural 
de Celanova, casado, empleado en la Inlervención de 
la Administración económica de Orense, de veintiocho 
anos de edad, su procurador D. Gabriel Sánchez; cuya 
causa se remitió ai Tribunal en consulta de la senten- 
cia dictada por el juez de primera instancia dei citado 
partido en 4 de agosto de 1880; habiendo sido ponente 
el magistrado D. IVIariano Vaicayo. 

1.° Resultando que con fecha 23 de junio último el 
promotor fiscal de Orense presentó escrito ante el Juz- 
gado de primera instancia dei mismo, en el cual copia 
una comunicación dei gobernador de la província, que 
transcribe la que con fecha dei 22 le pasara el Excmo. e 
Ulmo. Sr. Obispo de la diócesis, en la que este seiior ex- 
ponía que con el mayor sentimiento había sabido que en 
aquella ciudad, e imprentade Otero, D. Manuel Curros 
Enriquez habia publicado y puesto a la venta un opúscu- 
lo o colección de poesias en el que se atacaban y ridicu- 
lizaban vários dogmas de la religión católica, senalada- 
mente en las que llevan por titulo Mirand'ò chau y A 
Igrexafria, y concluía rogando ai repetido gobernador 
Tomo I. 16 



242 M. CURROS ENRÍQUEZ 



que en uso de sus atribuciones impidiera la circulación 
y venta de la indicada colección de poesias, y por con- 
secuencia de la excitación dei repetido gobernador, el 
promotor fiscal, estimando que en aquéllas, y muy espe- 
cialmente en la que lleva el título de Mirand'6 chau, 
se hace mofa dei áagrado nombre de Dios y se ponen en 
su boca palabras vulgares, lo cual podia constituir el 
delito previsto en el núm. 3.° dei art. 240 dei Código 
penal, y no estando el folleto comprendido en la vigente 
ley de Iraprenta, lo denunciaba criminalmente y solici- 
taba se instruyera el oportuno sumario y se recogiesen 
los ejemplares existentes en la imprenta de Otero. 

2." Resultando que el Juzgado, admitiendo la de- 
nuncia, mando instruir el correspondiente sumario, 
procedió ai secuestro de los ejemplares existentes en el 
referido establecimiento y decreto el procesamiento de 
Curros Enríquez, quien en su indagatoria se confesó 
autor de todas las composiciones poéticas que compren- 
día el volumen que lleva por titulo Aires d'a miíía te- 
rra, que publico con autorización dei gobernador civil 
de la província, cuyo sello aparece en el ejemplar que 
corre unido a la causa. 

3.° Resultando que el promotor fiscal calificó el he- 
cho objeto de procesamiento de delito relativo ai libre 
ejercicio de los cultos, pêro elevada la causa a plenário 
pidió la libre absolución dei procesado, porque las com- 
posiciones denunciadas no entranan la mofa y escárnio 
a que se contrae el núm. 3.° dei art. 240 dei Código 
penal, fundamento de la denuncia, cuyas conclusiones 
formulo asimismo la defensa. 

4.° Resultando que el Juzgado, por sentencia de 4 de 
agosto último, apreciando que la composición que lleva 
por título Mirand'ô chau contiene conceptos y frases 
que inducen ai menosprecio y mofa dei Supremo Ser 
y dei Sumo Pontífice, impone a D. Manuel Curros dos 
afíos, cuatro meses y un dia de prisión correccional, con 
las accesorias, 250 pesetas de multa y pago de las cos- 
tas; y en esta Superioridad, lomismo el fiscal que la de- 
fensa, solicitan la revocación de dicha sentencia y la 
libre absolución dei procesado. 

1." Considerando que en la composición Mirand' ô 
chau, única que es objeto de la apreciación y califica- 
ción de la sentencia consultada, personificando el poeta 



AIRES d'a mina terra 243 

a Dios bajo la forma de un anciano, y prestándole el 
lenguaje de los hombres, pone en su boca palabras de 
amarga censura contra la perversión a que ha llegado 
la obra de sus manos, así como varias instituciones en 
sus formas externas, no se escarnecen los dogmas de la 
religión católica. 

2.° Considerando que en el romance A Igrexa fria, 
que se dice en la denuncia escarnece el dogma, colo- 
cándose el poeta en el terreno de los adelantos de la 
legislación y de las costumbres actuales, si censura los 
abusos dei derecho de asilo que en su época existiera, 
no ataca con ello dogma ni ceremonia de la religión 
Cristiana. 

3.° Considerando que no infringiéndose por D. Ma- 
nuel Curros Enríquez, en sus composiciones poéticas 
indicadas, el núm. 3.° dei art. 240 dei Código penal vi- 
gente, único en que se fundo la denuncia y se cita en Ia 
sentencia, no procede su aplicación ai caso de autos: 

Vistas las disposiciones citadas, 

Fallamos: Que revocando, como revocamos, la sen- 
tencia consultada que dicíó el juez de primera instancia 
de Orense en 4 de agosto último, debemos absolver- y 
absolvemos a D. Manuel Curros Enríquez dei delito 
que se le imputa, declarando que la formación de esta 
causa no perjudica a su buen nombre y reputación, y 
de oficio las costas de ambas instancias; y mandamos 
que se devuelvan ai editor D. António Otero los ejem- 
plares secuestrados que llevan el titulo Aires d'a mina 
TERRA, y que se cancele la flanza prestada por el pro- 
cesado. 

Asi por esta nuestra sentencia, definitivamente juz- 
gando, lo pronunciamos, mandamos y firmamos. — 
Francisco Delgado. — Manuel Aragoneses Gil. — Ma- 
riano Valcayo de Toro. — Por el relator Castro Va- 
rela, Pelayo Caloira. 



o DIVINO SAINETE 

POEMA EN OITO CANTOS 



yi mocedade gallega. 

Õ yiutor. 



I 11 I I I m I I ti I I I IH 11 I IH I I I I t u I I I II t 



INTRODUCION 



Sinto n-o peito us afogos 
Que parece que me morden 
Sete ducias de cans dogos. 

Dis que son remordementos 
D'os meus pecados á miles, 
D'as minas culpas á centos. 

Culpas d'home mal Cristiano, 
Pecados de herexe, tales, 
Que non lies vai zuruxano. 

Pra me curar bebín ágoas, 
Pisei herbas, recei trios, 
Biquei santos, vertín bágoas. 

Non hai festa ou romaria 
Onde empanado non fose. 
(Nunca topei milloría! 

Pra me librar d'este estrago 
Fun ver ò Cristo d'Ourense, 
Tomei a manta en Santiago. 



250 M. CURROS ENRÍQUEZ 

Quedei de noite ô recío, 
Coséronme os Evanxelios, 
Solagáronme n-o rio... 

iPr'os males de qu'eu me doyo, 
Dicen os que ben o saben 
Que hai un curandeiro soyo! 

O curandeiro está en Roma. 
Vou ver se me da a saúde... 
Vou ver se ò pulso me toma. 



Xa mina nai m'o dicía: 
«gOnde has d'ir, boi que non aras, 
Senón â cortaduría? 

» Tanto saber traite cego; 
Mais, ou morres condanado, 
Ou tês que volver ô rego. 

»011a que ò tempiíio foxe, 
Y-é ben pra manán non gardes 
O que poidas facer hoxe. 

»Que a morte non nos avisa, 
»E se ha de levamos cubertos, 
»Que non nos coUa en camisa.» 

jTina de ser! jDiol-o quixo! 
;E1, que criou d'un arroto 
Todal-as cousas, sin lixo! 

Nunca outra tal s'ha de vere : 
jCurros camino de Roma 
Entoando ò Miserere! 



o DIVINO SAINETE 251 



gPero hei ser sempre un brasfemo, 
Un xudío, un relaxado, 
De Dios azoute? jOra ò demo!... 

gQuén necesitado d'elas, 
Non merca saúde e groria 
Por unhas cantas cadelas? 



Todo vai caro n-a vida; 
A groria é que anda barata 
Como a sardina manida. 

Certa literata fea 
Mercóuna, dando á Aristarco 
Un bico trás d'unha cea, 

A un usureiro con sorte 
Custóulle... perdoar inxurias... 
N-as boqueadas d'a morte; 

jY-é que n-este tempo infame 
A Crítica anda saída 
Y-os santos morreu de fame! 

O inferno á min non m'atrapa: 
Cómpreme unha pouca groria 
E voulla comprar ô Papa. 

E un viaxe de recreo. 
âQuén folga de vir conmigo 
De León trece ô xubileo? 

Con nosco irán moitas xentes: 
Abades, monxas, beatas... 
iXuro á Dios qu'hemos d'ir quentes! 



252 M. CURROS ENRÍQUBZ 

jQué rosário, companeiros, 
De contas d'amancebadas 
Con deces de putaíleiros! 



Mais todos van compunxidos, 
Todos como eu apenados, 
Chorosos y-arrepentidos. 

jMilagre santo e profundo, 
Filio d'o nobre deseo 
De ver á Dios... e ver mundo! 

Como xa a gracia non baixa, 
Non hai modo d'ir pr'o ceo 
Se ò tren non nos fai rebaixa. 

Esa rebaixa está feita. 
íTolo de quen pra salvarse 
Tal ocasión n'a aproveita! 

Mentres ò camifio dura 
Hei de vos cantar cantares 
D'unha non vista hermosura, 



Triadas, minas tríadas, 
Que levades os três fios 
D'as frechas envenenadas; 

Minas tríadas valentes, 
iRachade os aires fungando 
Como fungan as serpentes! 

Ladrade, mordede, ride : 
Onde haxa virtú, bicade; 
Onde haxa vicio, feride. 



CANTO I 



ri III I I I I I I I I I I III I II I III I I I I I I I I I I I I I I II II I. 



Era ò Nadai : noite fria 
Iba pechando entre nubes 
Que un vento forte tanguía. 

Desertas prazas e ruas, 
Madrí estremélase todo 
D'o Norte as ráfagas cruas. 

N-o meu capote embrullado 
Eu iba, cal sempre, triste, 
Por longa estrada enfiado, 

Pensando co'a testa ô peito 
N-aqueles que n-esta noite 
Non tenen lume nin leito, 

Cando, n-a inmensa negrura 
D'a sombra que me envolvia 
Como n-unha sepoltura, 

Escoltei mainino e quedo 
Grave romor de parola 
Que m'harripióu de medo. 



256 M. CURROS enríqubz 

«jAy d'o que busca a verdade 
D'a fe e'o caiidil mortizo, 
Que nunca deu craridade! 

>;Ay d'o que en sombras camina! 
;Ay d'o que quer facer caldo 
E non ten unto e farina! 

»;Ay do que as festas condena, 
E quer millorar as xentes 
Fuxindo d'elas con pena!» 

Así unha voz me dicía, 
Que un longo, iuvisible coro 
Lentamente repetia. 

Era un coro resoante, 
Como un pinar que removen 
As têmporas d'o levante; 

Coro en que hai sordos queixidos, 
Estralos de gallas secas 
E de corazós partidos; 

Afagos de suaves brisas, 
Berros de gorxas abertas, 
Notas d'afogadas risas. 

De forte facendo gala, 
Erguin a testa soberbo 
E perguntei : «gQuén me fala?» 

Y-a voz tornou : « — Non ch'o digo 
S'antes sobra crus non xuras 
Ir, ond'eu vaya, conmigo. 

— Xurado está, s'é por eso, 
Que hoxe por xurar en falso 
A ninguén ctie levan preso.» 



o DIVINO SAINETB 257 



Así falei; voz extrana 
Berrou n-este médio tempo : 
«jAdiante a Santa Compana!» 

E us brincando, outros ausortos, 
Mirei pasar en ringleira 
Unha procesión de mortos. 

E sentín n-as pedras duras 
Ruxir de zoeos, sandálias 
E talares vesteduras. 

D'a procesión marcha diante 
O que falara primeiro 
E detrás un redobrante. 

De tempo en tempo parando, 
iRacataprán! — xordamente 
iRacatuprán! — vai dobrando. 

D'insana curiosidade 
Levado, seguín ôs mortos 
Pol-a densa escuridade, 

E fomos con paso incerto 
D'ancha gándara areosa 
Atravesando ò deserto. 

Alá lonxe, fulgurantes, 
Asemellando dous soles 
Fixos e parpadexantes, 

Relocían n-o hourizonte 
Dous discos roxos, que finxen 
Os ollos d'un mastodonte. 

«^Ónde esta xente me leva?», 
Pensaba eu, indo âs palpadas 
Pol-o camino de treva. 

Tomo I. 17 



258 M. CURROS ENRÍQUBZ 



g,Volvereime tolo agora 
Ou pillaríanme as bruxas?... 
jSan Silvestre!, jmeigas fora! 

Y-o tambor que ô par levaba 
iRacatapránl — solasmentes 
íBacataprán! — contestaba. 



De pronto paróuse ò coro, 
Volvéuse pra min ò guia 
Y-acenóume eon decoro. 

Detiven entón a pranta 
E topeime á campo aberto 
N-unha pranura que espanta. 

Diante de min, encurvado 
Sobre unha caxata, un vello 
D'a pelresía tocado, 

Ollábame fito á fito 
Co seus grandes ollos d'águia, 
D'un cristicismo infinito. 

Coroza viste e monteira; 
De sol é feita a sua cara, 
De lúa sua cabeleira, 

E ten nos beizos gallegos 
As sexipeãalia verba 
D'os grandes tráxicos griegos. 

«Mortal que hastr-aqui chegache 
Con ánemo forte e rixo, 
Comprindo o que me xurache, 

»S'o teu arroxo non mente, 
E como eres d'arriscado 
Eres d'agudo e prudente; 



o DIVINO SAINBTE 259 



»Ti, que buscas sin paria, 
Consolos pr'os disgraciados 
E pr'as almas alegria; 

>Ti, meu coitado San Bode 
D'escepticismo repreto, 
Que quere creer... e non pode; 

»Ti, que ves n-un mesmo dia 
Nacer Dios e caer morto 
De inania canto Dios cria... 

»Y-a expricarte non acertas 
D'eses contrastel-as causas, 
Pra ti entre sombras cobertas, 

»Disponte, que vou levarte 
Onde todol-os mistérios 
Han deixar d'atormentarte, 

»Y-onde, d'a razón co'a axuda, 
Non mais chestrocen a alma 
Os negros dentes d'a duda,» 



Y-esto dito, ò bon d'o vello 
Calo use, e extendendo ò brazo 
Mentres me fita d'esguello, 

Mostróuine foncha, sonora, 
Detrás d'él borbolletando, 
Xigante locomotora. 

Rubindo entonces con modos 
D'os sete vagos que leva 
O derradeiro de todos, 

Tendéume a mau decontado, 
Fíxome entrar e mandóume 
Que me asentase ô seu lado. 



260 M. CURROS ENRÍQUEZ 

Cal can que obedece ô dono 
Senteime e vinme entre xentes 
Que topenexan c'o sono. 

Alá fora, n-o entretanto, 
Erguídal-as maus pr'o ceo, 
Os mortos, en doce canto : 

«jDe cote honorado sea 
O vello vate — cramaban — , 
Que os pátrios eidos recrea! 

>Téiíao Dios n-o seu agrado; 
E pois vai por lan á Roma, 
jQue non torne trasquiado!... 

>iGroria á Anón! — en altas preces, 
{Groria á Afión! — berraron todos; 
jGroria á Anón!» — por catro veces; 

E todos de novo oíndo 
O iracatapránl d'a caixa, 
iRacataprán! — fóronse indo. 



Pegou de súpeto un pulo 
O tren, e con movimentos 
Primeiramente d'arrulo, 

E logo con desatados 
Epilépticos esforzos 
De tigres encadeados, 

Comenzamol-a xornada, 
Mentres n-o ceo rompe a lúa 
A rir n-unha carcaxada. 



CANTO n 



IHIIHnrilirillílllllllilMIlllllnl' r |:.r.l l l, l!lll:l'iril.H.HII|>^l!ll:l|l|l.i:lill;l |il|ll|;l|li|;„i:.„„,|,||i|||||:||||,mi|,| 



n 



— jMestre Farruco!... gEl é certo? 
gTi aqui? jNunca Dios me dera! 
gEstóu sonando ou desperto? 

— Inórasme, gn-é verdade? 
Trátannos tan porcamente 
Por esa inmortalidade... 

Y-eso que, dendes que rouco 
De cantar, morrín de fame, 
Funme repofiendo un pouco. 

— ?pe fame? — Si, meu querido. 
— gTi, autor d'os himnos â Pátria 
Com'outros non teno lido? 

— Foi trance un pouquifio forte; 
Pêro queiras que non queiras, 

Ti non has têr millor morte... — 

Tal foi ò noso saúdo. 
Anón sorriu tristemente 
Y-eu quedei pasmado e mudo. 



264 M. CUKKOS enríqubz 



Volto ô fin d'o meu espanto : 
— Mestre — dixon — , gpor qué causa 
D'a sorte te layas tanto? 

Se tan mal clie foi n-a vida 
Qu'un ben topaclie morrendo, 
gQuerías paz mais comprida? 

— jOgallá se me deixara 
N-esa paz dormir de cote, 
Qu'estonces no me queixara! 

Mais, s'ô que dormindo engorda 
Lie vas furgar n-as orellas, 
jVerás de qué xenio acorda! 

A min tamén me furgaron... 
jQuitarme a vida era pouco 
Y-hastra ò sono me quitaron! 

— Tenme intrigado a tua coita 
E se contarma quixeras, 
Folgárame. — Pois escolta. 



O vate tomou alento, 
Mesóuse a barba, e moulando 
Poro baixo un xuramento, 

Continóu: — Morto en Castilla, 
Fun d'o hospital para a coba 
Levado n-unha angarilla. 

Un amigo verdadeiro. 
Amparo meu moitas veces, 
O bon Euxenio Monteiro, 



o DIVINO SAINETE 265 

D'o meu trânsito avisado 
Iba trás d'o meu cadavre 
Mais qu'eu morto e desolado. 

De certo qu'él non soubera 
D'a mina final batalla 
A loita sinistra e fera; 

Se d'ela conta eu lie dirá, 
Cal me redimiu d'os foros 
D'a fame me redimira. 

N-a fosa común collido, 
Cayéu sobre ò morto a terra, 
Cayéu sobre a terra ò olvido, 

Y-eu n-aquel silencio manso, 
Gocei pol-a vez primeira 
Unha miga de descanso. 

D'él n-a incosciente delicia 
Estaba, cando entre sonos 
Sentín mentarme en Galicia, 

E por permisión d'o alto 
Fun dend'a Corte hastr'Ourense, 
Com'unha lebre, d'un salto. 

N'unha rúa solitária 
Pareime: reunida en xunta 
A mocedá literária, 

D'a mina morte doída 
Propúname honras, proposta 
Por todos adimitida. 

gPor todos dixen? Pois minto, 
D'a casa en que esto pasaba 
Persentóuse n-o recinto 



266 M. CURROS ENRÍQUBZ 

Un home, e en berrando: «Nego 
O meu sufraxo á ese herexe», 
Calóuse... Ese home era un crego. 

— jCelo quizáis!... — Non, cubisa. 
jNegóume as preces, coicjlando 
Non lie pagaran a misa! 

Xusto castigo d'o Ceo, 
Que fai d'un réprebo un santo 
E troca un xuez en un reo, 

Ise home, que â morte ampara, 
Pídeme hoxe a oración mesma 
Que él en vida me negara. — 

Y-Anón, dobrando a cabeza, 
Gardóu a autitú piadosa 
D'unha alma que sofre e reza, 

E vinlle a mirada franca 
Desfeita en bágoas qu'escorren 
MoUándolle a barba branca. 

^Choraba de certo, ou ria? 
Quen a Anón non conecese, 
Dudaría..., dudaría... 

— Verahí tês — ende acabando 
Tornou — por que eu me queixaba 
D'a falta de paz en que ando; 

Pois dendesd'esa aventura 
Non podo topar sosego 
N-a calma d'a sepoltura. 

— Di, j agora, ^en qué s'emprea 
Tua autividade? — Elixéume 
Por capitán a Estadea, 



o DIVINO SAINETB 267 



E VOU d'ela acompanado, 
Ensinándolle os caminos 
D'a vida ô que anda extraviado. 

— ^Non está en pena tua xente? 
— Non : esa mina Compaha 
E a d'os santos d'Oucidente. 

Viriato, ise patriotismo, 
Prisciliano, ise bon senso, 
Maria Pita, ise lieroísmo. 

Macias, ò amor mal pago, 
Feixóo, a cencia perseguida, 
Vesteiro, d'a fe ò estrago; 

Ises compatriotas nosos, 
Que en procesión me seguiron, 
Despedindome chorosos, 

Todos ises y-outros tantos 
Que non canoniza a Igrexa, 
Sonche os verdadeiros santos. 

— gSantos e non van contigo 
A Roma? — Non lies fai falia, 
Porque non temen castigo. 

— é^ogo estamos rodeados...? 
— D'unha gavilla de crentes, 
N-o tren d'os Sete Pecados. — 

A tal escoltar, a orella 
Zumbóume e coUéume ò espanto 
Que entr'os lobos sinte a ovella. 

E páledo como a morte 
Véndome Anón:— ^Qué che pasa 
Pra te poner d'esa sorte? — 



268 M. CURROS enkíquez 

Díxome; y-eu: — Non é nada 

— Repriquéille— ; pêro coido 
Que hemos têr mala xornada. 

— gLevas a muUer? — De parto 
Deixeina ii-a casa. — ^Levas 
Dineiro? — Non teíío un carto. 

— pFsLS conta d'herdar? — Apuros. 

— gTês boa sona? — D'o peorcino. 

— jBoh! Entón estamos seguros. 

— jSoségate, home! ^Entrun groso 
Exército de romeiros 

Temes ladros? jVanidoso! 

^Qué pode haber que fescoza 
Se nin tan siquiera levas 
Bulsa chea ou muller moza? 

— ^Pero esta xente é tan mala? 

— Excelente. jVaiche boa! 
Xusga pol-a d'esta sala. 

— ^Qué son? — Sonche os preguiceiros, 
Que vindo tarde ô traballo 

Queren cobrar os primeiros; 

Sonche os que gustan d'as troitas, 
E como lies gustan, tentan 
Pescar co'as bragas enxoitas. 

— Ahí tês Mella, un mal letrado. 
— De xuez botóume â cadea. 

— Pois por eso é maxistrado. 

— Ahí tês Cesáreo Rodrigo. 
— Sendo obispo excomulgóume. 

— Será Papa, meu amigo. — 



o DIVINO SAINBTB 269 



E por seus nomes chamando 
A cada un, foime ò Mestre 
Moitas xentes persentando, 

D'esas que n-a humana liza 
A facer ò Í3en chamadas, 
Fan sempre ò mal... por priguiza. 

Anón quedóuse calado; 
Erguéuse, choscóume ò ollo 
E do meu brazo agarrado, 

Por un pasadizo interno 
Levóume ô vagón segundo, 
Círcolo d'un novo Inferno. 



CANTO III 



iliil'i|i'l'i|:iriliii!i i:Kiiiiiiii..iiii.iiM;;iiii!ii'ii.'iiiiiiiiiii:iiiiiiiiii,'i,ii;iiii|.'i i I I I I 'iii|iii'iiiiiiíi"ii iiiriiinni 



m 



Mentres á nosa visita 
Dábamos comenzo, a máquena 
Roda furiosa e crepita, 

Y-a través d'unha vidreira 
Oliando, vin que xa tínamos 
Atravesado a fronteira. 

D'os carris por ambos lados 
A vella terra d'as Galias 
Ergue os petoutos nevados, 

Y-en aldraxantes paliques 
Dinnos ô pasar as xentes: 
Bon joiír, messieurs fanatiqiies. 

Alritado á tal exceso, 
Queixelme á Afión d'o saúdo. 
Dixo: — Pois eche un progreso; 

Que en non mel lexanos prazos 
O tren francês recibíase 
En Espaíía á trabucazos. 



Tomo I. 18 



274 M. CUUKOS ENRÍQUWZ 



N'esto n-o vag^ón segundo 
Entramos; sai d'alá dentro 
Un cheiro tan nauseabundo 

Que, non querendo asfixiado 
Morrer, busquei ò moqueiro, 
Pêro... ;tinanm-o roubado! 

— Non pases d'a porta, tente 
— Acrecentóume ò poeta—; 
D'a Envidia estás frente á frente 

E convéh que non te colla 
Por diante: este monstruo vive 
Somentes d'o que desolla. — 

Agradecido ô consello 
Pareime e púsenme â escoita 
Por non desgustar ô vello. 

Chegando hastra min, sombria, 
Entr'aquel tafo que afoga 
Unha extraíia algarabia. 

Anque a desputa era brava, 
Caín n-a conta ben logo 
Que d'as letras se trataba, 

E como d'as letras vivo, 
Dinme á axexar de tal sorte 
Que esto collín que aqui escribo : 



— Dígame, mina senora: 
gE certo que n'a sua terra 
Renace a poesia agora? 



o DIVINO SAINETB 275 



— Boubas que ceiban ô vento 
Catro souadores tolos... 
iNon irhai tal renacemento! 

— Non haberá; mais non quita 
Pra que Castelar o afirme. 

— Xa ireu tirei d'a lavita 

En certa ocasión... iTen gracia 
Eso de chamar poetas 
A esas rans d'a democracia! 

— Non me maltrate ô grande home. 
jEl, ô fin, n-as apuradas 

E ò que nos da un pouco nome! 

D'alguén sei que, trás de rirse 
D'il e d'os seus ideales, 
Cando quixo redimirse 

D'o olvido, sentóuuo â mesa, 
Fixo-o falar... y-á eso debe 
Valer o que vai e pesa. 

— S'eso que di vai conmigo, 
Mente. Eu brillo con luz propia. 
— Morra ò conto... iMente, digo! 

Y-en demostra de que mente, 
Faga ò favor de leer ise 
Tomo, e despois escarmente. — 

E de súpeto escoltando 
Un tumbo, baixei os oUos 
E vin á meus pes, rolando, 

Un libro d'a nova escola 
Que cheira á Carulla âs légoas 
E fede qu'apesta á Zola.. 



276 M. CURROS ENRÍQUBZ 



— ^Convencéuse? — Estou ferido 
Pol-o argumento, que é forte, 
Mais non estou convencido. 

Eu sosteno, e trayo probas, 
Que Galicia esperta; díga-o 
A autora d'as Folias novas. 

— ; Valente choromiqueira! 
Poetas d'ese feitio 
Cómpranse á centos n-a feira. 

Fai anos que un mala peza 
Quiso corõala en vida 
Y-eu tireillo d'a cabeza. 

— Agora comprendo ò gusto 
Con que lie rezou pol-a alma... 
— Honrar ôs mortos é xusto. 

— Ese deber todos temos; 
Fero inda mais xusto haclio 
Que ôs vivos non deshonremos. 

Mais a ilustre padronesa 
Deixando, pois hastra coido 
Que de mental-a lie pesa, 

Diga e perdoe: ^ises vates 
Que mostran tanto.s alentos 
Pra os modernos combates; 

Ises Novos e Labartas, 
Ises Lagos, esas pelras 
Que surxen â luz en sartas; 

Esa xeneración nova 
De parleiros rousinoles...? 
— Cantan... como Xan d'.a Coba. — 



o DlVIÍíO SAINETE 



Non quixen oír mais nada. 
— Vámonos — rogueille ô Mestre— 
jOa fago una xudiada! — 

Y-atravesando aquel triste 
Lugar, cobil d'unha fera 
Que á nadia á seu par resiste, 

Mentres c'o a rabia maúla, 
Metímonos n-o terceiro 
Departamento — ò d'a Gula. 

— Antes d'entrar — con amargo 
Acento indicóume ò vello — , 
Que tenas calma che encargo, 

Porque vas ver cousas tales 
Que nin n-as noites de febre 
Tês sonado outras iguales. 

A fame negra aqui mora; 
Vai con tento, que ò seu dente 
Vivos e mortos devora. 



Entrei n-o vagón, e diante 
De min presentóuse a escena 
Mais otroz e repunante. 

Montón de frades noxentes, 
Ouscenos, crasos, cebados, 
De longas unas e dentes, 

Con rudo ranxer de moas 
Botan a parva, engulindo 
Cal torpes serpentes boas. 



278 M. CURROS BNRÍQUBZ 



Chocóume d'a xente aquela 
A feroz voracidade, 
Qu'ergue ò estômago de vel-a. 

Y-expriearm-a non sabia, 
Cando oin que uii dos viaxeiros, 
Convidándome, dicía : 

— ^Quêrme acompanar? Sin gana 
Cómeseiresto. — ^E que é eso? 
— Un pouco de carne humana. 

Mesmo de xunfa rileira; 
Nunca sayo sin un toro 
De Murguía n'a íiambreira. 

— Mercê, non levo apetito. 
— Matámolo á paus nantronte 
jY-elle bocado exquisito! — 

Non ben houbo iste acabado 
Saltou outro: — O sefior halle 
De gustar mais ò pescado. 

Se así fôr, por sorte, apreixe 
Un bocadino siquera 
De Manuel Angel... — jBon peixe! 

— D'a Cruna cayéu n'a praya: 
Usanse ali unhas trainas 

D'onde non s'ergue ò que caya... — 

Y-así, pra min extendendo 
Anacos d'o seu almorzo, 
Todos fóronme ofrecendo, 

Con crianza e fidalguia, 
Talladas de Oxea, Vicetto, 
Lamas, Pondal, Rosália... 



o DIVINO SAINETB 279 

Mirando aqueles horrores, 
Vendo que trato merecen 
Os artistas y-escritores, 

Suspirei con triste xesto: 
«jPardiola! jNon vai a pena 
D'amar a pátria pra esto!» 

Atento Anón ô meu dito 
— Ten conta — ouservóu—, ten conta 
Con non alzarel-o grito; 

Que se esta xente soubera 
Quén eres ti, que a censuras... 
jNon ch'arrendo a que ch'espera! 

gCoidabas outra caricia 
Outer d'a que outemos todos, 
D'os críticos de Galicia?... 

Pois, meu amante, vai vendo... — 
Y-Anón amostróume un frade 
Que iba os meus ôsos roendo. 



CANTO IV 



I'l""""ll'""l 



ii i i ii ni u i ii i ui i ii i ii iu i iiii i i uii iii iiiiiiiuiiiiiuiiiiiiiiiiniiijiiiiiia Miiiiiijujnii i i ii iiiiiuuiuiiijaMaii iii u 



IV 



A tal mirar, sentín noxo 
De têr nascido gallego, 
E d'odio e colara roxo, 

Xurei desquites croeles 
D'aqueles monstros, e quixen 
Irme a puntapés contr'eles. 

D'esta arrautada cativa 
Libreime logo, rompendo 
A chorar á bágoa viva. 

Non sintía os propios axes : 
Pr'os que ten limpa a concencia, 
Vítores son os ultraxes. 

O qu'eu de veras sintía 
Era ver d'aquela sorte 
Homes de tanta valia, 

Qu'inda nascendo n-o mouro, 
N-o mouro foran alzados 
Sobre pedestrales d'ouro. 



284 M. cruuos enríqubz 

jQué extraneza! jQué castigo, 
Segar ò toxo n-o sulco 
Onde semeámol-o trigo, 

Y-alí donde a xuventude 
Agotóu seu nobre esforzo, 
Ver erguerse a ingratitude! 

— jBenia ôs que, despois de feita 
A sembra, peclian os ollos 
Sin guardal-a coUeita, 

Que, ô fin, eles son felices 
Como vos n-a vosa tomba, 
Doce Mármol, tenro Elices!... 



— ^Logo choras? jTi toleas, 
Ladrón! — díxome meu guia — , 
Métete en vidas alleas, 

Mete; verás qué bon pelo 
Sacas, meu bravo Quixote, 
En pago d'ese teu ceio. 

Deixa arar ò gando, prenda; 
Por ninguén poiial-a cara: 
Quen tena tenda que a atenda. 

Pois de redentor ò uficio 
Sobre d'estar en desuso. 
Leva sempre ô sacrifício, 

Vaya, reponte, non chores; 
Eso de chorar é propio 
D'as espécies inferiores. 



o DIVINO SAINBTB 285 



A cada tempo o qu'estila; 
Y-hoxe ò corazón humano 
Fel, que non bágoas, destila. 

Ergue esa cara, resfrega 
Eses ollos: a morriíía 
E enfermedá que se pega, 

Y-a morrina y-os tus versos 
Sonche a mesma cousa; dígan-o 
Certos poetiiias perversos. 



Y-Anón, turra que te turra 
De min, levóume á rempuxos. 
Cal can que á loitar s'azurra, 

A un vagón, onde còn pia 
Gravedá, muUeres y-homes 
Cantaban a letanía. 

Un fervor tan verdadeiro 
Vendo: — ^Entre qué xente estamos?- 
Pregunteille ô companeiro. ■ 

Y-él, que xamáis s'adimira: 

— Entre fauciosos vencidos 

— Dixo — que estoupan c'o a ira. 

— gFauciosos? Semellan crentes, 
, Según a atrición que mostran. 

— jMadial Vense impotentes. 

Dalles en vez de rosários 
Fusis, e témelles menos 
Os lobos mais sanguinários. 



286 M. CURROS ENRÍQUBZ 



Seus rezos sonche disfraces; 
Repara ben n-o que dicen, 
Verás d'o que son capaces. — 

Fixándome entón n-o canto, 
Notei n-on ponen n-o rezo 
Ningunha virxe nin santo, 

Y-os ollos baixos e inmovis, 
Meten un xefe carlista 
Entre dous orapro nohis. 

«Arre demo co'a xentina... 
jCalquera se arrima á ela!», 
Pensei pol-a conta mina. 

Mais s'é tan ruin e danada 
Esa tropa: — gCómo é — dixen — , 
Como é que vai tan calmada? 

— A Ira verdadeira, enxebre, 
Nunca muda a côr d'o rostro, 
Non da berros, nin pon febre. 

Vive n-o peito encollida 
Com'un tigre, e cando salta, 
D'o salto estroza unha vida. 

Se queres ver onde chega 
A qu'istes gardan n-a alma 
E de qué maneira os cega, 

Escolta... — En aquel momento, 
Parando ò tren, abouxóume 
Un cramor grande e violento: 

j Morra Umberte! / Viv'o Papa! 
Tal era a voz estrondosa 
Que de cen gorxas s'escapa. 



o DIVINO SAINHTB 287 



Achegueime â ventanilla 
Y-en terra italiana vinme, 
N-a estación de Vintimiglia. 

— iSalve — d'antusiasmo cheo 
Excramei — , pátria sagrada 
D'o Dante e de Galileo! 

Feitos polvo y-en anacos 
Os teus membros, posta a túneca 
En cen xiróns e buracos; 

Os teus íillos perseguidos, 
Queimados teus patriarcas, 
Todos teus bens recollidos; 

Ceibados ôs catro ventos 
Os ôsos d'os teus maores, 
Afogados teus lamentos; 

D'os Papas triste cautiva, 
Baixo seus pes sempre morta, 
Pêro tamén sempre viva; 

Ti, n-un traballo grorioso 
De quince sigros, traballo 
Cal ningún outro espantoso, 

Recolliche gota a gota 
Todo o teu sangue vertido, 
E volto en guerreiro ó ilota, 

Dende a ergástola retache 
Teus verdugos y-arrumbados 
Liberta te levantache. 

Ti, d'os cabalos d'Atila 
Debaixo d'a ferradura, 
Que canto toca aniquila, 



288 M. CURROS ENRiQUEZ 

Recolliche a tua coroa 
E maldixeche a salvaxe 
Civilización teutoa. 

Ti, cando por tod'a terra 
O corno feudal soaba 
Chamando âs naciós á guerra, 

Convirtindo en estandarte 
O vello sudário griego, 
Proclamaclie a Cencia e ò Arte; 

Y-en tanto que n-un divino 
Resprandor inunda os ecos 
O sol de Tomás d'Aquino, 

O verbo audaz de Xordano 
Penetra ò mistério, oculto 
Sempre ô pensamento humano, 

A forma en Rafael estrala 
jY-hastra a pedra, ô golpe rudo 
De Miguel Anxele, fala! 

Dende entón, ti tês d'os povos 
O sacreto, ti ò candado 
Y-a chave d'os tempos novos. 

jOu pátria, d'as pátrias tempro, 
Quen d'o teu mal adoleza 
Cúrese c'o teu exempro! 



— Hasme^dMr moi caladifio 
— Interrompéume aqui ò Mestre 
Ou déixote n-o camino. 



o DIVINO SAINBTB 289 



Ser serio é cousa precisa: 
^Non ves que cantos foíron 
Esterníllanse de risa? 

011a, n'esta nosa edade 
Gustan os cantos d'os cegos, 
Mais non os d'a libertade. 

Y-o conto é que xa debías 
Saber o que trân consigo 
Esa elas de sinfunías... 

Eu por min que, imal pocado!, 
Fun grande amigo d'os servos, 
Ténoche xa escarmentado. 

Trinta anos de pita choca, 
Sempre c'o cloc-coto-cloc, 
D'a libertade n-a boca, 

Non che me valeron nada; 
Y-en vez de pitos, quiteiche 
De graxos unha bandada. 

Libertade, pátria, adianto... 
jBoh! jDéixate de toleiras, 
Hom! Vai rezar á outro santo. 

Non contes estrelas mortas; 
Que podia ser que contándoas 
Che bata a miséria âs portas. 



Dixo, e d'o vate ò sarcasmo 
Escalafrióume todo, 
E d'o meu nobre entusiasmo 

Vin apagarse a enerxía, 
Cal se apaga un ferro aceso 
Chapuzado en ágoa fria. 

Tomo I. 19 



CANTO V 



IIHI'l||í|llllilll|l'l!í|llll:|l,IIIIMIIIIIIIIII.IIIII|.|lll»INIIIIIIIIIIIIIIIInlll 



Murchol-os dous y-abismados, 
Púxose de novo en marcha 
O tren d'os Sete Pecados. 

A noite á bo andar caía 
E d'esparexer tratando 
A mina malenconía, 

Asomeime á unha vidreira 
Y-o cheiro aspirei que mandan 
A touza e máil-a silveira. 

Ráfagas d'os altos cumes, 
jCánto entón me gorentaron 
Os vosos puros perfumes! 

Gratos perfumes d'a serra, 
jCánto entón me recordastes 
Os cheiros d'a mina terra! 

N-aquil celaxe promizo 
Que ò azul profundo tapaba, 
N-aquil paisaxe invernizo, 



294 M. CURROS ENRÍQUBZ 

Vin algo d'o aterimento 
D'o meu nativo curruncho 
Y-él se foi meu pensamento. 

Mais n-a probe pátria mina 
Son mais tristes os crepúsculos, 
Eterna dôr ali anina; 

Que anque unha grande hermandade 
Hai entre todol-os povos 
Que buscan a libertade, 

Pol-a vereda que avanza 
Cara os seus nobres destinos, 
Perdoando a comparanza, 

Itália marcha dereita 
E Galicia trenqueleando 
Como unha vella tolleita. 



Vellina que andas á gatas, 
Sin que tenas quen faxude, 
^Cándo has tirar c'o as caxatas, 

Y-airada, valente, forte, 
Porás ò pCíU-o pescozo 
D'os que te firen de morte?... 



Para atallar a corrente 
D'as minas negras ideas 
Paseime a mau pol-a frente, 

Y-hachando os de dedos lixados 
D'un polvo branco e miúdo, 
Volvinme pra todos lados 



o DIVINO SAINBTE 295 



E vin á Anón n-a faena 
De peneirar entretide 
Cunha peneira pequena 

Por sobre min un farelo 
Que me tina enfarelado 
Dende os pes hastr'o cabelo. 

— OUa o que fas, que me lixas, 
Y-entrar limpo quero en Roma... 
— S'é por eso, non fafrixas; 

Outros van mais emporcados 
Que ti e saen que da vicio 
De limpos e de lavados. 

Leva forrado ò caledro 
A Cibdá Eterna; escurricha 
N-o dineiro de San Pedro 

Toda tua honrada probeza, 
E volveráste pra casa 
Nobre e santo n-unha peza. 

D'algún petrucio gallego 
Sei eu que sin têr un carto 
Pra mandar tocar á un cego, 

Pillóu, non sei con que trapa, 
Unhas cantas onzas d'ouro, 
Foise á Roma á ver ô Papa 

Y-alí, sua orixen caótica 
Perdendo, fíxose ô punto 
Fidalgo de raza gótica. 

— No, pedricar ben pedricas; 
Pêro inda non me dixeches 
Por qué istes polvos m'apricas. 



296 M. CURROS ENRÍQUBZ 

— Esto que contigo fago 
Hate librar, si Dios quere 
Y-a Virxe, d'un estrago. 

— gPero 6 farina ou é sénica? 
— Non fapures : simpreraente 
Unha precaución hixiénica. 



E sin me dar mais resposta 
Anón, sempre d'o meu brazo, 
Téndose en pe á moita costa, 

Entrou CO n migo de novo 
N-outro vagón âs escuras. 
Negro cal boca de lobo. 

Nada ali drento se via. 
Tapada a luz por un númaro 
D'a Fe, morta parecia. 

Mais pol-o que eu escoitaba, 
Entr'aquela escuridade 
Gran rebulicio reinaba. 

Sentín solouzos, acentos 
De piedá, ferventes rogos 
Entre afogados lamentos; 

Ais de pena e de tenrura, 
Suspiros d'amor y-azoutes 
De maus sobre carne dura. 

«|Cómo é sabia a Providencia 
— Pensei — , que me trai ô cabo 
A un lugar de penitencia! 



o DIVINO SAINETE 297 



>Non, non é ò mal tan profundo, 
jlnda hai arrepentimento, 
Inda hai virtude n-o mundo! > 

Y-aconchegando a cabeza 
Pra dormir, pois tina sono, 
Y-o sono é media manteza, 

Enterrei todo ò cogote 
N-un respaldar suave e quente 
Como de lan ou nescote. 

Mais non ben tina pechado 
Os ollos, topeime preso, 
D'ambol-os remos trabado, 

Y-en menos tempo que o exprico 
Sentín n-a meixela esquerda 
Un roce extrano... Era un bico. 

«jCongrio!— berrei— , gquén s'astreve?. 
E sin poder facer forzas, 
Frio como a mesma neve, 

Esconxurei ò enemigo, 
Palpei e apresei..., ;qué diano!, 
O que apresei... non-o digo. 

D'a lámpara n-este istante 
Cayéuse ô chau ò periódeco, 
Y-ô seu resprandor brilante 

Vinme — já contal-o resisto! — 
Entr'os brazos dunha dona. 
Que me tomaba por Cristo. 

Volvendo os ollos en torno, 
N-a mina propia autitude 
Descobriu n-o espacio morno 



298 M. CURROS bnríqubz 



Cen beatas e beatos 
Rufando misticamente 
Como n-a xaneira os gatos; 

Os cuales, volta âs alturas 
A mirada compunxida 
D'as murillesas figuras 

En grupos de xeito vario, 
Mais todos en cruz, facían 
D'aquel lugar un Calvário. 

Eu, que outra tal nunca vira, 
Adimireime âs primeiras; 
Pêro, mira que te mira, 

Notando en forza d'olladas 
Que iles fan de crucifixos 
Y-elas de crucificadas, 

E vendo que, ô fin y-ô cabo, 
Pol-as fendas que sabríau 
Non traspasa ningún cravo, 

Peguei un brinco terribre, 
Y-abrindo por aquel bosque 
De Belfegor paso libre, 

Dixen : — jAtentade ô demo! 
Y-eles: — jFora ò alcanforado! 
— Berraron — , jfora ò brasfemo! 



Anón, que agardaba â porta, 
Perguntóume : — iQné hai, meu rolo? 
— gA ti que rayo ch'importa? 



o DIVINO SAINETB 299 



— Repriquei— . éVesme enfadado? 

— jBon modo de agradecerme 
O de têrte peneirado! 

— gPra qué me metiche ahí drento? 

— gPra qué? gPois logo infrinxiche 
Cecais algún mandamento? 

— Eu non. — Pois á min m'o debes; 
Porque s'a pecar chegaras, 

Inda con pecados leves, 

Non che valeran recetas 
Humanas pra te curares 
D'enfermedades... sacretas. 



CANTO VI 



Jiilíiliiliilií|[iliil:Jiii<iiiiiiiiiiiiiliil>iliiliiril'!lilliilliliilfiliillillililliiliililliiiiiliiiriiiiiiiiniiiiiiiíiiiiiiiiiiiin.iiiitiliiii 



VI 



Diante de nos, entramentes, 
D'o Mediterrâneo as olas 
Crechas e forforescentes, 

D'a praya dende as áreas 
Venen sobr'o tren que pasa 
Cuspir, de coraxe cheas. 

Detrás quedábase Niza 
Cos seus alcázares de mármor, 
Envolta en névoa sombriza, 

E de Génova ò sagrado 
Cimenteiro, onde Mazzini 
Dorme satisfeito e honrado. 

Os reis negáronlle acobo 
En vida, os Papas trouxéron-o 
Errante de povo en povo; 

Mais iras e teimas tantas 
Non privaron que hoxe ò mundo 
Adore suas cintas santas. 



304 M. CURROS BNRÍQUBZ 

jLaudemus viros gloriosos 
Homines magna virtuteí... 
Escramei saudando os ôsos 

D'o apostole d'a unidade. 
Y-Anón, dobrando os xoellos 
Dixe asintindo: — jE verdade! — 

E posto en pe decontado 
Cal si d'aquel homenaxe 
Estivese apesarado, 

Tornou: — A virtú y-a groria 
Son soyo dinas de laude, 
Sancionadas pol-a Historia. 

Catón para ò mundo enteiro 
Pasóu por un gran romano, 
E foi un grande usureiro. 

Shakespeare, ò poeta ogro, 
Ise sonador, n-a granxa 
D'Avon daba gando ô logro. 

Cervantes, quMnda hoxe pasa 
Por probe, en Madrí era dono 
Non menos que d'unha casa. 

San Rosendo, bispo e asceta, 
Tido por célibe, agora 
Resúltanos... c'unha neta... 

Pois s'inda os d'antigiiedade 
Enganan, myié te prometes 
D'os homes d'a autualidade? 

D'a sombra envoltos n-o enredo 
O sol da crítica agardan, 
E pra que luza inda é cedo. 



o DIVINO SAINBTE 305 



— Unha vida toda enteira 
O pátria ben consagrada 

E de por si unha fogueira. 

A Historia fará á Mazzini 
Xusticia — argiiín — , ^Acaso 
E íl menos que Mazzantini? — 

Y-Anón rosmóu : — Desconfia 
D'os xuicios contemporâneos, 
Que tên a pasión por guia. — 

Y-entrando n-o vagón sexto, 
Fixome boa a sua tesis 
Dicindo con mordaz xesto: 

— gConeces iste? — E un avaro : 
Prestóume us cartos ô trinta. 

— Se pagaches... non foi caro. 

— ^E iste?... Tamén. E un libreiro: 
Pediume un tomo, escribinllo... 
Quedóuseme c'o dineiro. 

— ^^Y-estoutro?... — Por unha leira 
Vendeu sua filia á un indiano, 
Como unha vaca n-a feira. 

— Pois ben: ises foraxidos 
Que â raza humana deshonran, 
D'o mesmo inferno saidos, 

Manán, pol-o xubileo 
D'o Papa induluxenciados, 
Irán dereitos ô ceo. 

— gSerá verdá? — jVaya! E tanto, 
Que mais d'un que hoxe arrenegas 
Terás que o adorar por santo. 

Tomo I. 20 



306 M. CURROS BNRÍQUEZ 

O forno d'a idolatria 
Católica non s'apaga, 
Y-hache de chegar un dia 

En que rece ò repertório: 
'<San Brás, pederasta: — tírase 
Anema d'o Purgatório.» 



N-estas y-outras, ò poeta 
Contándome casos vários, 
Con verba aguda e discreta, 

De mulleres malcasadas 
Que d'o leito d'o adultério 
Foron para ò altar levadas, 

E de ladros y-asesinos 
Que con leigados piadosos 
Mercaron trunfos divinos, 

Metéurae n-o derradeiro 
Furgón, todo él atestado 
De xoias e de dineiro. 

E sinalando as talegas 
Qu'están ali amontonadas 
Con onzas d'ouro á fanegas, 

Arrodillándose dixo: 
— iFíncate y adora ô santo 
Que mais maravillas fixo! 

Diante él abátese a serra, 
Incrínanse reverentes 
As potestades d'a terra, 



o DIVINO SAUSTETE 307 



Y-en celestes armunías 
Fanlle dende ò Empíreo salvas 
Os coros y-as xerarquías. — 

Eu, obedente ô mandato, 
Qaiteime homilde ò chapeo; 
Mais querendo, sin porcato, 

Bicar un saco d'aquiles, 
Vin que m'apuntan c'o aâ armas 
Duas parexas de civiles. 

— ;Se das un paso, rabeas! — 
Berróume un d'eles, deixándome 
Mesmo sin sangre n'as veas. 

Recuei entón espantado, 
E trás d'o inmortal ponéndome 
Pra non morrer fusilado, 

Oín qu'Anón me dicía: 
— Pra qu'esto non ch'aconteza, 
Non biques, furta outro dia. 

O ladrón sempre ch'escapa 
Con ben: todo ese tesouro 
Que vai de regalo ô Papa, 

Eche ò furto d'a protervia, 
Que d'a bulsa d'a Homildade 
Pasa ô ventre d'a Soherhia. — 

Farto de ver cousas tales 
Iba xa, cando enxergamos 
De Roma as cen catredales. 

O tren, dos frenos contido, 
Parou pouco á pouco; oíuse 
Un abouxador pitido, 



308 M. CURROS BNRtQUBZ 

Y-entre nubes pardacentas 
De vapor, baixamos todos 
D'o coche á pisadas lentas. 

Xa en terra, os romeiros fieles, 
Rompendo en sagradas cantigas, 
En Roma entraron; trás d'eles 

Marchábamos nos falando, 
De cando en cando sorrindo, 
E graves de cando en cando. 

Xa drento d'a Cibdá Santa, 
Vendo n-unha longar rúa 
Perderse a xente que canta, 

Dixo Anón: — jDanme trembores 
De pensar que han d'ir ô ceo 
Tal fato de pecadores! — 

Y-eu: — Pois se son perdoados, 
jTena Dios misericórdia 
D'os probes homes honrados! 



CANTO vn 



i I M i'|:jT.r:rj mil i j-r^i i .rjiiiiiiiiiiiiHi.iiiiii.iirji,.,,.,,.. ,.,,,.,,,,,,,,,,,:., , 



vn 



Gansos d'o longo camino, 
Pra dar âs forzas repara 
Cun par de pingas de viiio, 

Xa a expedición terminada, 
O primeiro que fixemos 
Foi precurarnos pousada. 

Traballo custou, por certo, 
Topar sitio aquela noite 
Onde nos pôr á cuberto; 

Pois a lexión penitente, 
Querendo ganar a groria 
Todo o mais comodamente, 

Colléranos a dianteira 
E non deixou pr'on remédio^ 
Pousada... nin pousadeira. 

— Deo gratias — Anón dicía 
Batendo as portas, y-en todas 
Repónenlle: — lAndate via! 



312 M. CURROS BNRÍQUBZ 

— ^Seique non hai hospedaxe 
Pra nos, Mestre? — interrogaeille, 
Disumuíando ò coraxe. 

— jSeique non! — iOutra'com'ela!. 
— Roma non quer pelegrinos 

. Sin alforxa e caravela. 

S'en vez d'o brazo valdeiro 
Trouxéramos d'él colgado 
Un cahas cheo de dineiro, 

Outro galo nos cantara... 
^,Qué muro un canón non deita 
Se bala d'ouro dispara? 

Hache servir de goberno: 
Pra irmos ô ceo hoxe en dia 
Compre permiso do inferno. 

— Se sei que non collo casa, 
Non vefio.— A Igrexa e a langostra, 
Ali onde cai, todo o arrasa. 



Así falando ò grorioso, 
Ibamos por unha rúa 
Que ô Tibre sai cenagoso, 

Cando un mesón vendo á xeito 
Entramos, e ò dono púxonos 
Forte mesa e limpo leito. 

Non puden dormir: sufrira 
Tanto por todo ò viaxe, 
Tan cativas cousas vira, 



o DIVINO SAINBTH 813 



Que mil impresiós extranas 
Tivéronme toda a noite 
Pensando n-as musaranas. 

Pol-a maná ò pousadeiro 
Deunol-a conta — diez liras; 
Pêro non tendo difíeiro, 

Afión, con papel e pruma 
Púxose á esquirbir estrofas, 
Hastra compretar a suma. 

_ — Ahí tês — non ben íl termina 
Dille — , e pois que nos tratache 
Cal reis, colle esa prepina — , 

Y-a lira dourada espindo 
Que trai pendurada ô lombo, 
Garda-fronteiro d'o Pindo, 

Déulla e foise d'a hostería, 
Deixando ô patrón atóneto. 
Parvo de tanta ousadia. 

Con qué lie tina pagado 
Anón, non-o soupen nunca, 
Cecais c'un himno... ô papado. 

O sacrosanto nagocio 
Con que León trece festexa 
Sua antrada n-o sazardocio 

Chegara xa, y-era un dia 
De xaneiro condanado 
Pol-o cerzo que corria. 

A rouca voz d'as campanas 
Enchia os aires de estrondos 
Chamando âs xentes cristianas. 



314 M. CURROS BNEÍQUBZ 

E víanse en ringuileiras 
Xurdirpor todal-as ruas 
Os romeiros... y-as rameiras. 

Todos van pr'o Vaticano; 
Ali tên que misar hoxe 
O Pontífice romano, 

Y-o santo ritual ordea 
Que quen queira ser ausolto 
E menester que ali estea. 

Seguindo á pos d'a romaxe 
Anón y-eu repostos, xuntos 
Y-en boa camaradaxe 

D'a mutua fe pra desmedro 
Entramos baixo das bóvedas 
D'a catredal de San Pedro. 

Aquelo era un grande rio 
D'ouro, de pelras, de rasos... 
jCánta luz! jCánto xentío! 

N-os vidrios d'os lumiares 
Os santos, en mirra envoltos, 
Cos seus nimbos estrelares, 

Pasmados de tal grandeza 
Chóscanse ò oUo, dicindo: 
«jCómo ha de ser!...» c'o a cabeza. 

De pronto, por toda a nave 
Oise un marmullo d'asombro 
E sigue un silencio grave. 

O Papa trepa n-o estrado, 
Bota a bendición ô povo 
Que o contempra entusiasmado, 



o DIVINO SAINETE 31Õ 



E cando os ollos se enxerguen (1) 
Todal-as testas se baixan, 
Todal-as nádegas s'erguen. 

Humillación tan compreta 
Vendo, quedei sonroxado; 
Mais pra calmarme, ò poeta: 

— En n-esa autitú Cristiana 
— Dixo— en que os biólogos fundan 
Nosa orixen cuadrumana, 

Perdida a garra y-o rabo 
Desque a selva primitiva 
Deixou, pra ser home ô cabo, 

Soyo cando á pôr se presta 
De bruces, mostra ò católico 
Que antes de sel-o foi besta. 

Non botes en saco roto 
Esta adevertencia, filio. 
Pois sei de mais d'un devoto 

Pra quen toda cencia é vana, 
Que sempre que ora confirma 
A teoria darwiniana. 



(1) En el original este verso dice así: E mentres os peitos fer- 
ven; pêro el Sr. Curros Enríquez, la anteríspera de su primer 
viaje a Cuba, la noche dei 21 de febrero dei ano 1891, en el café 
Méndez Núnez, de La Coruna, hizo esta enmienda en el ejemplar 
que para recoger su autógrafo llevara el escritor y poeta D. Eladio 
Rodríguez y González, recomendando a este y a su enti-afíable 
amigo, el también poeta y escritor D. Galo Salinas Rodríguez, que 
si algún dia se reimprimia O divino sainete, se tuviera presente 
la corrección. — (W. dei Recopilador.) 



316 M. CURROS bnríquez 



o Papa, n-esto, vestido 
D'albos tisúes e brocados, 
D'ouro e de pedras cinguido, 

Alzóu con pulso seguro 
A hóstia, que á min de lonxe 
Somellóume un peso-duro. 

Vocês entón arxentinas 
Encheron a inmensa cúpula 
D'unhas notas tan divinas, 

D'unha música tan grata, 
Que parez que a tocan ánxeles 
Soprando en trompas de prata. 

E logo outras vocês inda 
Mais doces e mais soaves 
D'una cadencia mais linda 

Sentín, d'armonía tanta, 
Que de preguntar ô vate 
Non pude menos: — gQuén canta? 

— jQuén ha de ser!, jmalpocados! 
QuitóuUes a Igrexa ò xénero; 
Non tên nome; son... castrados. 

N-a loita d'a santidade 
Aqui a muUer perde... a honra, 
Y-ohome... a virilidade.— 

Tal dixo Anón, e calóuse, 
A tempo que d'o Tu es Petrus 
O himno xigante escoitóuse. 

— jNon! — berrei, fervendo en ira, 
Encarándome c'o Papa — 

jO que che din é mentira! 



o DIVINO SAINBTB 317 



jQuen d'o vilipendio humano 
Vive, non é Pedro, é Xudas; 
Non é Cristo, é Diocleciano! 



Por sorte, canto eu dicía 
Nadi'o entendeu entraquela 
Formidabre sinfonia. 

Acabada a misa, ò Papa 
Subiu n-unhas andas d'ouro 
Que levan cardeás con capa, 

Y-o pasar pol-o meu lado 
Dixome : — Agárdote âs doce; 
Hemos comer un bocado. — 

Cáxeque morto d'asombro 
Quedei; consultei ô vello, 
Y-o vello, encoUendo ò hombro, 

Repricóume : — Acode â cita. 
— Non vou soyo. — Eu te acompano. 
E prepareime â visita. 



CANTO vni 



' m I ' 1 1 1 1 1 1 I 1 1 ri 1 1 II II íTTTi 1 1 I I II III 1 1 imi I II 



VIII 



Os dous agardando a hora 
D'ir xantar c'o Santo Padre, 
Botamos d'o tempro fora, 

E pra poder aprecial-os, 
Fomos ver as galarias 
D'exposicióii d'os regalos. 

Canto en sigros dazanove 
O temporal poderio 
Ten arrapifiado ô probe; 

Canto se tên apropeado 
A garra cardealicia 
Y-o ventre d'o episcopado, 

Ali está, en montós xigantes 
D'o oriental manificencia 
— Dende as pelras y-os diamantes 

Hastra a prata e ouro fino — 
Enormes bostas guindadas 
D'o católico intestino. 

Tomo I. ' 



322 M. CURROS BNRÍQUBZ 

Diante d'aquela cnixia 
Desprenderes, onde mesmo 
Loce xunta y-a porfia 

Tod'a pompa y-a riqueza 
Qu'encerra ò mundo d'o Arte 
Ou garda a Naturaleza, 

Acordeime dos que fozan 
N-a terra, d'os que non comen, 
D'os que non ríen e non gozan; 

D'o labrego que traballa 
Pra manter muller e flilos 
E dorme en mollos de palia; 

D'o probe vello baldado 
Sin agarimo n-o inverno, 
De porta en porta arrastrado; 

Do neno qu'emporranchino, 
Orfo, perdido n-a fraga, 
Garda ò gando d'o veciúo; 

D'o frio lar, que da medo; 
D'os hórreos sin grau; d'as vacas 
Sin leite; d'o arado quedo... 

E c'un amargor sin nome : 

— jCántos sudan n-este mundo 

— Pensei — pra que folgue un home! 

Y-Aiãón, cal se m'escoitara: 

— ^Logo seique tês envexa? 

— Díxome — ; pois ben, repara : 

Iste calis esmaltado 
Desapareceu d'a igrexa 
D'Ousende ò ano pasado. 



o DIVINO SAINETB 323 



Esta custodia esculpida 
Foi d'a ermida de Seixalvo, 
Noites atrás substraída. 

Canto tês diante os teus ollos 
Débese d'a fe â gazúa, 
Que non respeta ferrollos. 

gE queres con tal grandeza 
Facer a sorte d'os probes? 
(Pois pídeslles boa limpeza! 

— Contra todo expolio feito 
Os povos cabe interdiuto... 
— ^Qné entendes ti de Dereito? 

Os bens non enventariados 
Son d'o primeiro que os pilla, 
Diquiridos ou roubados. 

E s'o que os furta acontece 
Ser xente de sacristia, 
O ladrón nunca aparece. 

Iniquidá, desacato, 
O que queiras...; mais é forza 
Respetar ò Concordato. — 

Así ò meu vello falaba, 
Cando tivemos aviso 
De que León trece agardaba. 

— Vamos alá — dixo ò vate; 
E correndo unha cortina 
De veludo côr granate, 

N-un camarin penetramos, 
Onde xa sentado â mesa 
O Padre Santo miramos. 



324 M. CURROS ENRÍQUBZ 



— Sentaivos tamén — nos dixo; 
Requeneóu catro preces, 

O pan y as ostras bendixo, 

Y-en tanto unha copa enteira 
De vino vello apuraba, 
Falóume d'esta maneira : 

— Sei quén ês : se non o soubera, 
O que berrache en San Pedro 
Craramente m'o dixera. 

Ti vês, cantor galiciano, 
D'unha raza que odeóu sempre 
O predomínio romano. 

Alá d'o monte Medulio 
N-as ladeiras, inda os ôsos 
Relocen, ô sol de xulio. 

De teus abós, que, brandindo 
Contra ò Império a fouce céltica, 
Un á un foron caindo. 

Pêro d'os conqueridores 
Pasados, d'os mortos déspotas, 
Césares y-emperadores 

O Papa non é ò herdeiro : 
Son-o os reis que hoxe gobernan, 
Castigo d'o mundo enteiro. 

^ jAy! 011a : por toda a terra 
Érguese un bafo de morte 
Que os espíritus aterra. 

Naciós de todal-as trazas, 
Homes de todol-os crimas, 
Xentes de todal-as razas 



o DIVINO SAIXETE 325 

Míranse con oUo airado, 
Búscanse us ôs outros y-alzan 
N-o aire ò puno pechado. 

O íillo d'o Norte, frio, 
Desputa ô d'o Oriente, inquieto, 
D'a fronteira ò senorío; 

Recrama ò galo ô xermano 
As terras que He detenta; 
D'o ingrés recea ò italiano; 

Rifa Améreca co'a Europa; 
Os arsenás funden ferro; 
Os cuartés disponen tropa; 

Roda pol-o espacio un vento 
D'asolación e extermínio 
Quescurece ò firmamento... 

Treme ò ehau, vacila a roca; 
jRompe en cada peito un ódeo 
E un ultraxe en cada boca! 



Y-aquí ò Papa outro traguino 
Botando, excramóu: — jQué tempos! 
Y-Anón respondeu : — jQué viiio! 

— N-o médio de loita tanta 
Soyo hai paz — tornou León trece - 
N-o seo d'a Igrexa santa. 

jE chamádesme tirano * 
A min, triste, prisioneiro 
N-a cárcel d'o Vaticano! 



326 M. CURROS BNRÍQUBZ 

— Perdóneme sua mercede 
— Dixen entón — ; pêro coido 
Que mentres a Santa Sede 

Os bens temporales ame 
E insulte c'o a sua riqueza 
Os que se morren de fame; 

Mentres ò Papa, que ò trono 
D'as almas herdou sementes, 
Queira ser d'o mundo dono 

Y-a pel d'o pascoal Carneiro 
Trocando en coraza, trate 
De convertirse en guerreiro, 

A obra papal será impía; 
Non de paz, de turbulência; 
Non de orde, de tirania. 

De Cristo a mistica esposa 
Fixo nefando adultério, 
Y-a sua falta vergonzosa 

Non terá perdón divino 
Senón cuando á Cristo torne 
D'os brazos de Constantino. 



Anón pegóume c'o codo 
Como quen di: «iNon fescurras!», 
E León falou d'este modo : 

— jAh! jCómo ô teu beizo asoma 
O afán d'o mundo! Ti pides 
Que ò Papa abandone Roma... 



o DIVINO SAINETB 327 



jE ben! Agradarche quero; 
Deixarei Roma ôs romanos, 
Quedareime en coiros...: pêro 

Cando d'os bens me despoxe 
Que a tradición me legara, 
E que gardei iiastra d'hoxe, 

^Terá a Igrexa quen IFacuda? 
— jVinte sigros pedricando 
Caridade pra esa duda! 

jSenor! O mundo moderno 
Non é, como ò mundo antigo, 
A imaxen viva d'o inferno. 

Os povos están chamados 
A rexil-o; cando trunfen, 
Cando do ctiau levantados 

O himno canten d'a vitoria, 
Volveránse á Dios, yos ceos 
Resprandecerán de groria. 

Y-entón, Senor, non temades 
Pol-a Igrexa, que ela é barca 
Que flota n-as tempestades. 

Estas democracias novas 
Son feitas d'amor e gastan 
A piedade por arrobas. 

jAmádeas! ;Que ollen e vexan 
Que Cristo está d'a sua parte 
Mentres loitan e pelexan! 

Quédese a rabia pr'os lobos : 
jCristo era bon, era homilde! . 
Y-a humilda cautiva os povos. 



328 M. OTTRROS FNRÍQUBZ 

Tal falei. Anón estaba 
Páledo; volvín a testa 
E vin que ò Papa... choraba. 

^gQué ten, Senor? — [Esto é feito!- 
Repricóume; e n-aquel pimto, 
Erguendo ò busto escorreito, 

Marmuróu : — Ide e anunciade 
Que ò Papa renuncia á Roma 
Pra vivir d'a caridade. 

Dend'hoxe a mina facenda, 
Todo o que eu tefio é d'os probes; 
Que as naciós pouan en venda 

Canto fôr meu; d'esto en pago 
Non quero mais, se m'a dades. 
Que unha cobina en Santiago. — 

Sentinme entón conmovido 
Tamén: ò Papa marchóuse, 
Y-eu de Anón sempre collido. 

Botei fora d'o palácio 
E respirei fortemente 
O vento libre d'o espacio. 



Aquela noite saímos 
De Roma eu ^'■-o vate. Apenas 
Os dous n-o vagón nos vimos 

De volta pr'o cliau paterno, 
Díxenlle: — Mestre, ^qué pensas? 
— Que é un gran viiío ò de Falerno. 



o DIVINO SAINETB 329 



— ^Dudas (i'os votos formales 
D'o Papa? — [Nunca se compren 
Os programas liberales! — 

Logo de chegar á Espana, 
Aíãón tornóuse ô comando 
D'a sua Santa Compana, 

Y-eu, d'o que vin parvo e mudo, 
Dende entón creo... ou non creo... 
Pêro dudar, jxa non dudo! 



FIN 



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ÍNDICE 



Páginas. 

Al que leyere 5 

Dedicatória 11 

Prólogo de las primeras ediciones 15 

Introdución 23 

A Virxe d'o Cristal 27 

Unha boda en Einibó 65 

O gueiteiro 73 

A Primaveira 78 

O mayo 81 

Ben chegado 83 

lAy! 87 

N-a morte de mina nai 88 

Os mozos 91 

Cantiga 93 

A Igrexa fria 95 

Saúdo 98 

Nouturnio 101 

Mirand'õ chau 104 



332 ÍNDICE 

Páginas. 



As cartas 110 

Pelegrinos, á Roma ■ 113 

Sola 114 

Tempro deserto 115 

Alborada 1 16 

Cartas perdidas 118 

Melodia gallega 124 

iCrebar as liras! 126 

Diante unha imaxe de ínigo de Loyola 128 

A emigración 129 

N-a chegada á Ourense d'a primeira locomotora. 132 

O vento 134 

Encomenda 136 

Tangaranos 138 

As duas pragas 142 

N-o convento 144 

Sobre unha foxa 150 

O «Ciprianillo» 152 

Á Luciano Puga 157 

O último fidalgo 158 

A palabra 161 

Notas 165 

Apêndice 167 

Advertência preliminar de la segunda edición. . 173 

Censura eclesiástica 177 

Defensa en primera instancia 179 

Sentencia dei inferior 191 



ÍNDICE 333 



Fáeinas. 



Defensa en segunda instancia 194 

Sentencia dei superior 241 

O DIVINO SAINETE 245 

Dedicatória 247 

Introdución 249 

Canto I 253 

Canto II 261 

Canto III 271 

Canto IV 281 

Canto V. 291 

Canto VI 301 

Canto VII ,309 

Canto VIII 319 



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